Ovación

El Charrúa: un club amenazado

Los hechos intimidatorios ya son moneda corriente en la institución de Tablada. Dirigentes piden respuesta de la Justicia.

Miércoles 18 de Febrero de 2015

“¿Cuál creo que son los móviles de las amenazas? Esa respuesta no la debo dar yo, mi responsabilidad es mantener la actividad social y deportiva del club; presentamos las pruebas todo en Fiscalía, la respuesta la deben dar la Justicia provincial y nacional”. Así le contestó ayer el presidente charrúa, Carlos Lancelotti, a Ovación, minutos antes de entrar a una reunión de comisión directiva donde se hablaría, entre otras cosas , del último atentado que sufrió esta semana (y por tercera vez) el ex directivo Daniel Guidacci.
En la madrugada de ayer, a Guidacci le incendiaron el garage de su casa (ya le habían roto la puerta a piedrazos y martillazos) y había recibido llamados advirtiéndole que no vaya más al club.
 Según Lancelotti, a esta situación intimidatoria (que supo incluir hasta balaceras) “lamentablemente”, se está acostumbrando esta nueva comisión.
“En los ocho meses que estamos al frente del club ya nos amenazaron decenas de veces , por teléfono o con pintadas, nosotros no somos ni investigadores ni policías y nuestras familias y todos nosotros estamos intranquilos”, aseguró el presidente.
 Lo cierto es que en el club de Gabino Sosa se vive desde hace años este clima, ”más sucio que una papa”, según dijo un viejo socio por lo bajo. Y las versiones sobre los motivos que las ocasionan son muchas y diversas. Por las amenazas, dos técnicos se fueron del club: Marcelo Vivas y Marcelo Vaquero. Y ahora, muchos dirigentes y socios, decidieron “por miedo” dejar de ir a la entidad que dicen sentir como su casa desde hace décadas.
En el año 2011, Vaquero recibió intimidaciones telefónicas por parte del padre de un jugador, un barra brava que no era el único que quería armarle el equipo al DT. Vaquero se fue de la entidad, volvió en 2012 y el año pasado volvieron a amenazarlo. “Esta última vez, realmente no sé a qué atribuirlo. Ese jugador ya no está en el club. Para mí el tema es extrafutbolístico y me excede”, dijo Vaquero.
Hay quienes dicen que las amenazas venían también de personajes relacionados con el narcotráfico que usaban a la bailanta del club como sede “comercial” (ver aparte). Otros ligan a las últimas agresiones con distintos sponsors de la camiseta de los azules de Tablada, con quienes estarían relacionados algunos de los dirigentes del club. Pero hasta ahí, nada o nadie explica la violencia que se instaló en una institución que pelea por no descender a la D. Un tema que parece quedó en un segundo plano.

La bailanta que dejó sólo destrozos

Pocker Night, la bailanta que funcionaba desde 2011, dentro del club (San Martín al 3250), que tenía vencida su habilitación por más de dos años y once clausuras, que no dejaba dormir al barrio ni viernes, ni sábados, ni vísperas de feriados hasta las 7, es el lugar donde, según los vecinos, “todos sabían que se vendía droga”. Ahí eran habituales las peleas a la salida y hasta hubo balaceras (en 2013, el joven Germán Pini Rodríguez fue acusado por el juez Javier Beltramone por abrir fuego contra el frente e hirió a cinco personas) y cerró en 2014. O mejor dicho, quienes la regenteaban se “hicieron humo”.
La nueva comisión que preside Carlos Lancelotti, a diferencia de la anterior (con Jorge Cornú al frente), hizo explícita la desaprobación del boliche en el club y eso, supuestamente, generó parte de las intimidaciones.
El dirigente Alberto Hinostroza aseguró ayer que para arreglar el lugar hay que invertir 300 mil pesos. “No los tenemos", agregó, "y pintaron todo de negro, rompieron las luminarias, los sanitarios y los ventiladores de techo. Nos dejaron una cueva”.
Y añadió: ”Ni hablar cómo quedó la pileta tras el paso de la antigua comisión. Están destruidos la caldera y el termotanque”, aseguró.

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