Sábado 05 de Marzo de 2022
Había que estar en cancha de Centra Córdoba de Santiago del Estero para ver la felicidad que causó el triunfo ante el equipo del Huevo Rondina. Y el fútbol es así, porque ocurre a menudo que se termina festejando en partidos en los que desde el juego se hizo poco y nada para sumar de a tres. ¿Cómo se fue el Kily del Alfredo Terrera? Feliz, pleno. Tanto que posiblemente ni se haya preocupado por los sacudones que dio el avión en medio de la tormenta camino a Rosario. Pero esa sensación de plenitud seguro fue por esa victoria que sirvió, entre otras cosas, para descomprimir. Ahora, creer que jugando de esta forma Central irá camino a un lugar entre los cuatro primeros de la zona será tapar el sol con las manos. Fueron tres puntos clave, en un momento delicado, pero que invitan a una profunda reflexión de parte del DT y jugadores sobre el rendimiento del equipo.
Tuvo de todo el Central de Santiago del Estero. Como primera medida la virtud de haber recompuesto la relación con el triunfo. Un triunfo que se le venía negando porque, justamente, el equipo no estaba haciendo todo bien. Y cuando notó que el agua había empezado a subir demasiado se parapetó e hizo que las aguas se calmaran.
Porque de eso se trataba el partido en el Alfredo Terrera, de lograr que la marea no siga subiendo e impedir que los cuestionamientos, sobre todo al entrenador, tuvieran un freno. Tan importante era poder ganar en Santiago que se podría decir, contrariamente a su discurso natural, que el Kily realizó un cambio de manual en el segundo tiempo que no hizo otra cosa que exponer la urgencia que le competía al equipo y a él en particular. Esa salida de Martínez Dupuy para el ingreso de Claudio Yacob fue clave para entender todo eso que se hablaba respecto a las exigencias y obligaciones que había.
Claro, con el resultado puesto siempre resultan más fáciles algunos análisis y en este caso se podría decir que al Kily la jugada le salió bien, pero lo que es realmente objetivo es el dato de que el entrenador realizó una apuesta importante. ¿Por qué? Porque él más que nadie tenía en claro que lo mínimo que debía hacer Central era irse de Santiago del Estero con algo en el bolsillo (los tres puntos parecieron un premio excesivo), porque se venía de dos derrotas seguidas y lo que se venía era la vuelta al Gigante para Barracas Central y el clásico.
Entre algunos de los puntos salientes estuvieron la solvencia de Gaspar Servio, que resultó determinante en un par de intervenciones para mantener el arco en cero, como así también la aparición de Juan Cruz Komar, quien pese al calambre del final demostró que puede transformarse en uno de los referentes de una defensa que aún está en vías de afianzamiento.
Lo de querer tapar el sol con las manos o impedir que el árbol tape el bosque tiene que ver con que sería totalmente equivocado el pensamiento de que estos 90 minutos demostraron que Central está totalmente preparado para meterse entre los cuatro primeros. Porque el rendimiento no resultó convincente, amén del resultado.
El haber mostrado un espíritu más combativo no potencia al equipo. Le entrega sí una faceta más para adosarle a su manual de estilo, pero cuando se actúa de esta forma es porque la relación con la pelota no es del todo saludable. Y Central tuvo enormes inconvenientes para manejarla. Unos pocos minutos en el inicio, cuando logró imponer condiciones, algunos minutos en el final de ese primer tiempo y sólo momentos en el complemento fue cuando intentó hacerla suya, la de manejar el balón para poder ser vertical.
Es que Vecchio no termina de asumir el rol de conductor y generador, Montoya insinúa más de lo que demuestra, Infantino entra y sale de baches pronunciados, Ojeda queda muchas veces a expensas de ese comportamiento raro del equipo y la ofensiva no siempre demuestra un peso específico.
Son, ni más ni menos, que algunas de las virtudes y algunas de las contra que este Central sigue exhibiendo. Pero, como siempre se dice, es mucho más fácil corregir montado en los buenos resultados. Y si es así, el Kily tendrá la chance de trabajar con más calma porque él más que nadie debe saber que el triunfo en Santiago descomprimió, pero que no llenó.
Movete canalla movete
Todavía en Santiago, en Central empezaron a especular con la vuelta a Rosario en vuelo chárter, ya que el pronóstico hablaba de tormentas fuertes para la hora en la que el avión estaría llegando a Fisherton, por eso intentaron hacer lo más rápido posible para dejar la capital santiagueña. Lo cierto es que la tormenta llegó primero y el viaje no fue placentero. Varias voces indicaron que ya cerca de Rosario hubo movimientos pronunciados, que generaron una “sensación fea”. Y que ni bien aterrizó el avión “se desató una tormenta eléctrica impresionante”. Más allá del susto, la delegación tuvo un retorno rápido y con la alegría de haberlo hecho con un triunfo bajo el brazo.