Sábado 20 de Noviembre de 2021
Central lo necesitaba así. Y el Kily, ni hablar. Emiliano Vecchio ratificó ser una pieza invaluable para este modelo canalla. Cuando el capitán habla dentro de la cancha, todo sistema defensivo rival cruje. Frente a Atlético Tucumán fue la materia prima del gran triunfo auriazul. El expediente fútbol marca que este sábado se erigió en el autor material de dos de los tres goles que anotó el dueño de casa. El 10 fue determinante en el Gigante. No solo por el constante aporte desde su inagotable fuente de creatividad. La realidad indica que volvió a salvar el ciclo de Cristian González, quien realmente estaba al borde la cornisa. Pero el enganche enarboló la bandera de la reacción colectiva en medio de un clima hostil y logró calmar las agitadas aguas que corren por Arroyito. “Necesitábamos un triunfo así. Central es muy pasional, es amor y odio constante”, exclamó con naturalidad cuando las luces del estadio mundialista se apagaron tras el show que brindó Vecchio.
Cada vez que Cristian González estuvo con un pie afuera de los límites de Arroyito, lo zafó el capitán. Al menos así lo certifica la historia reciente. Y eso que la relación entre el entrenador y el gran jugador canalla ya no es la misma, pese a ese abrazo tribunero que se dieron cuando fue reemplazado por el venezolano Michael Covea.
El espejo retrovisor indica que fue determinante cuando el elenco auriazul se jugaba la estadía en la Copa Sudamericana. El 10 se puso el equipo el equipo al hombro y se plantó en el Bajo Flores con la misma personalidad y hambre de gloria que forjó en las calles de su barrio Acindar. Y la rompió frente a las propias narices de los hinchas de San Lorenzo. Emiliano frotó la lámpara y sacó a relucir el potrero que lleva en la sangre. No solo hizo un gran partido en Nuevo Gasómetro. Además, el gol de la victoria.
Luego llegó otro exigente momento deportivo. Y ahí nuevamente hizo gala del liderazgo nato que protagoniza. Fue ante Deportivo Táchira en el Gigante. Vecchio se plantó como buen guapo y habló dentro del campo de juego como todo buen capitán. Clavó el tanto del triunfo y selló el pasaje a los cuartos de final de la Sudamericana luego del 2 a 2 en Venezuela.
Mientras que en el plano nacional, la primera aparición rutilante la mostró ante Vélez. Los de Liniers tenían un jugador menos por la expulsión del defensor Damián Fernández, pero manejaban la pelota. Pintaba para una dura tarde en el Gigante pese al transitorio 0 a 0. El enganche sacó de la galera una jugada y marcó el gol de triunfo a los 49’ del complemento.
Luego hubo un instante complejo. Contra Patronato. El desafío estaba 2 a 2. Pero una rutilante aparición de Vecchio decretó el 3 a 2 a los 48’ del segundo tiempo. Otra vez fue el bombero del equipo. O del cuerpo técnico en realidad porque el canalla venía de ser goleador 4 a 1 en Córdoba ante Talleres, de perder 1 a 0 con Argentinos en el Gigante y de igualar 2 a 2 frente a Estudiantes en La Plata. El ciclo del Kily tambaleaba de nuevo. Y el 10 lo salvó otra vez.
Puso la cara por el Kily
A ese contexto hay que sumarle que cuando la dirigencia estaba a punto de sacar al Kily González, Vecchio fue un bastión determinante. Fue y puso la cara solito por el entrenador en dos claras oportunidades sin dudarlo. Siempre entendió que la lealtad no se negocia jamás.
Por eso cuando sucedió el cortocircuito ante Racing (cuando no quería salir, pero terminó siendo reemplazado a los 5 minutos del complemento) se terminó de resquebrajar la relación entre el técnico y el jugador más habilidoso que tiene el plantel profesional. Aunque en realidad, quien forjó la distancia entre los verdaderos protagonistas fue el por ahora ayudante del Kily: Ricardo De Alberto.
Las lesiones fueron otro tema espinoso para el jugador. De hecho, los antecedentes marcan que jamás sufrió tantas bajas como este semestre. Sin embargo, no bajó jamás los brazos. Jugó infiltrado, diezmado desde lo físico. Con dolor en el tobillo y sin estar ciento por ciento recuperado de una sobrecarga muscular en los posteriores. Entendía que Central lo necesitaba. No le fue bien. Pagó caro y por eso se tomó unos días para hacer un reacondicionamiento físico. Fue así que no estuvo ante Unión y Defensa y Justicia.
Vecchio entrena desde entonces en doble turno y se pone a punto desde lo físico por su cuenta en un centro de alto rendimiento. Cambió la alimentación por decisión propia. Sabe que debía potenciar la rutina para poder rendir en el campo. Este sábado reapareció. Lo hizo con toda su furia.
Clavó dos de los tres goles que hizo Central en el triunfazo de 3 a 1 ante el débil Atlético de Tucumán. La rompió sin transpirar prácticamente. Cuando el Kily lo suplió a los 80’ todo el estadio lo aplaudió. El pueblo canalla se rindió a sus pies. Le reconoció el enorme sacrificio que hace partido a partido y mostraron de qué lado de mostrador están los fieles.
El 10 luego habló para la televisión. Y fue tan claro como contundente. “Priorizo lo colectivo a lo individual. Necesitábamos un triunfo así, es decir ganar pero por el funcionamiento del equipo”, esgrimió de movida sin titubear. Luego le tiró un centro al Kily González como para bajar un poco los decibeles. “El cuerpo técnico trabaja mucho en la semana y cuando no salen las cosas uno se frustra. Estoy contento por Cristian (González) y con el grupo. Este triunfo nos da aire para seguir”, acotó.
“Central es muy pasional, es amor y odio constante y sabemos que tenemos que responder semana tras semana. Cristian hace un buen trabajo con el cuerpo técnico y lo bancamos. Quedó demostrado. Nos estamos acercando a la clasificación a las copas”, puntualizó antes de dejarle un “saludo a los kinesiólogos, a los médicos, a Seba Grazzini y a todos los que me bancaron para que este bien y a mi familia. A todos los que me ayudan para estar bien dentro de la cancha”.
Vecchio es así. Frontal. Espontáneo. Líder nato. Y con valores. Ante los tucumanos ratificó tener memoria. Y respeto. Sea por el club que ama como por el cuerpo técnico, pese a que ya no tengan el mismo feeling.