Lunes 24 de Septiembre de 2018
Un remate franco de Central al arco y gol. Un penal (mal cobrado por Espinoza) y empate para Gimnasia. Antes y después de eso la intensidad supo ganarse un lugar, pero los arcos estuvieron prácticamente de adorno. Ni Ledesma tuvo que revolcarse ni Arias se ensució la ropa. Eso fueron los 90 minutos en el bosque, donde al canalla le costó horrores pararse frente a una situación de riesgo contra el arco tripero. Pero el foco puesto en Central no dio lugar a otra lectura que no sea la de la efectividad que mostró. Ciento por ciento.
Para los desbordes que pretende Bauza, el equipo quedó en deuda. Para la alimentación que considera necesaria para los delanteros el trazo rojo también existió. Sólo unos cuantos buenos pasajes de solidez en el fondo, donde Caruzzo y Barbieri mantuvieron a raya a Silva y Guevgeozian, parecieron más cerca de algunos laureles. No más que eso.
Cuando parecía que Troglio podría mandarle alguien encima a Ortigoza (una vez Gimnasia lo hizo ante San Lorenzo, con Franco Mussis) para presionar en tres cuartos a Central, fue el Gordo quien se iba sobre Rinaudo en cada salida del Lobo, pero rápidamente retrocedía. El hábitat de Ortigoza no fue la zona de tres cuartos y por eso, otra vez, el juego canalla quedó muy lejos de un Ruben y un Zampedri que corrieron a todos pero a quienes no les quedó una redonda ni dentro ni cerca del área. ¿Por qué? Porque Lioi por derecha y Camacho por izquierda se enemistaron con el desequilibrio.
Y fue Gil quien tuvo en sus pies la única emoción para Central. Tiro libre desde el borde del área (a él le generaron la falta) para una caricia perfecta, contra el pelo izquierdo de Arias. Después nada de nada, de un lado y del otro, exceptuando claro el error de Espinoza y el gol de Silva.
Y que el gol canalla haya sido de Gil fue un premio para quien a la postre se transformara en figura. No sólo por el gol, sino porque jugó de Gil, lo hizo de Camacho (por izquierda) cuando ingresó Arismendi y también de Ortigoza, cuando Bauza mandó a la cancha a Fernández. Tres puestos en un mismo partido para quien se hizo cargo de lo que fue el único tiro al arco de un Central que, si bien fue perjudicado por el árbitro, futbolísticamente entregó poquito y lo único que generó lo transformó en un equipo ciento por ciento efectivo.