Viernes 24 de Julio de 2020
Para algunos es una fuerza emergente. Para otros es simplemente el club del gobierno. El presente marca que Medipol Estambul Basaksehir es el flamante campeón de la Superliga de Turquía. También que destronó el reinado que ostentaba el triunvirato integrado por Galatasaray, Besiktas y Fenerbahce, que se repartieron 35 de los últimos 36 campeonatos. El equipo se fundó en 1990. Lo significativo es que política y religión se mueven al compás del fútbol en el nuevo dueño de la Superliga turca, que tiene una historia por dentro que denota otras firmes cuestiones culturales que envuelven a la nación.
Basaksehir logró el fin de semana pasado el primer título grande a nivel interno. Entre las varias curiosidades, hubo una que despertó interés. En las calles de Estambul, que fue capital de tres grandes imperios como el Romano, Bizantino y Otomano, no hubo festejos a lo grande.
Y no precisamente por la pandemia del coronavirus. Al ser un denominado equipo joven, el club no tiene un buen caudal de simpatizantes. Eso sí, los denominados “ultras” se apodan 1453. ¿El motivo? En homenaje al año en que Constantinopla pasó a manos islámicas. Mientras los de Galatasaray, Fenerbahce y Besiktas son secularistas y suelen entonar la marcha de Izmir (canción histórica de la independencia turca), los de Basaksehir cantan: “Dios es grande”.
En torno al equipo hay que reflejar que cuenta con varios apellidos conocidos como Robinho, Demba Ba (ex Chelsea) y Gael Clichy (ex Manchester City), entre otros. Otro punto que marca la fuerza pujante del nuevo rico es que en 2014 inauguró el Fatih Terim Stadium, con capacidad para 17.500 personas. En ese mismo año fue comprado el club por un grupo empresarial. Le cambiaron el nombre, ya que antes de llamaba Club de Deportes de la Municipalidad de Estambul y lo administraba la compañía estatal de agua, y contó con la presencia del actual presidente Recep Tayyip Erdogan.
Erdogan ese día no solo jugó e hizo tres goles, sino que usó la camiseta número 12 que luego las autoridades decidieron retirar, ya que buscaba ser el 12º presidente turco como finalmente sucedió ese año. Otro dato es que el partido político del mandamás (Justicia y Desarrollo) y la camiseta del equipo tienen el mismo color: naranja.
Las estadísticas indican también que ascendió a primera en 2006 y bajó. Pero hace seis años regresó con todas las luces para quedarse. También es cierto que Turquía es una nación que tiene su propia grieta entre secularistas y religiosos.
Los seculares reivindican el legado de Kemal Ataturk, el fundador de la patria, moderno y europeizante. El mismo que fundó la nación de las ruinas del Imperio en la década del 20. Quien además había transformado la mezquita de Santa Sofía en un museo, símbolo del modernismo laico. No obstante, desde hoy volverá a ser un edificio religioso mediante un impresionante acto que estará encabezado por el presidente Erdogan.
Por su parte, los más religiosos recuerdan al Imperio Otomano porque durante 400 años fue el corazón del Islam. Desde Estambul, el Sultán marcaba el camino religioso. También hay que sostener que la mayoría de la población es islámica, mientras que algunos son más religiosos que otros.
En medio de la política y la religión aparece el fútbol. Según indica un informe del periodista Fernando Duclos, el grupo empresario que se hizo cargo de Basaksehir en 2014 tenía lazos con Erdogan, quien es un fiel representante de la rama conservadora. De los que ensalzan más al Imperio Otomano que al de Ataturk, además de ser fanático del deporte más popular.
Por eso, quienes están en suelo turco afirman que Erdogan desea modelar el nuevo país. Anhela a que no sea tan ataturkista y sí más otomano, más religioso. No en vano el barrio en que se sitúa el club, en algún punto, es también símbolo de la denominada nueva Turquía. Está en un vecindario moderno y muy de moda, con fuerte influencia islámica, en los suburbios de la parte europea de la ciudad, lejos del centro.
No tiene muchos hinchas, pero tiene muchísimo dinero y poder. Un club otomano en Turquía en realidad. Poco se sabe de cómo se generan los ingresos. Pero es un secreto a voces que cuenta con el apoyo gubernamental. Hay 20 empresas que hicieron que Basaksehir, de 2014 a la fecha, sea el club que más gastó en refuerzos en Turquía.
Entre los sponsors hay empresas como Burger King, pero también está la aerolínea Turkish Airlines y el banco Ziraat Katilim. La principal fuente de ingresos son dos estatales junto a Medipol, que es la empresa dueña del club que a la vez pertenece al ministro de salud de Turquía. ¿Casualidad o causalidad?
Sin dudas, la radiografía del campeón ofrece varias lecturas. Un club interesante por dentro. El año que viene estará en la fase de grupos de la Liga de Campeones. Mismo torneo que por primera vez no contará con ninguno de los tres grandes del país como Fenerbahce, Galatasaray y Besiktas.
Y mientras pasado mañana enfrenta a Kasimpasa por el cierre de la Liga, los dueños del club y el propio presidente turco están tras los pasos de Mesut Ozil, hoy en Arsenal y campeón mundial con Alemania en Brasil 2014, ya que es muy amigo de Erdogan. Sin dudas, Estambul Basaksehir comulga fútbol, política y religión como pocos.