Jueves 20 de Junio de 2019
Argentina más que un equipo es un manojo desordenado de voluntades. Porque los futbolistas albicelestes, que por lo general exponen su destreza técnica en los clubes europeos rutilantes en los que militan, en esta Copa América siguen sin encontrar su mejor versión, no están finos con la pelota, les cuesta imponer condiciones y parece que no pueden sacar a relucir la jerarquía que conservan en la “valija” desde que llegaron a Brasil. Claro que el DT Lionel Scaloni por el momento tampoco logró amalgamar las piezas en pos de un dispositivo táctico confiable que contenga y potencie a la tropa. Ni el propio Leo Messi, ayer autor del empate de penal tras la aplicación del VAR, escapa a la medianía colectiva. Estos argumentos explican el pasaje inconsistente de la selección en el certamen continental. Por ahora el presente está más emparentado a la confusión y la escasez de ideas que al tránsito evolutivo hacia un porvenir confiable. En medio de este desaguisado ayer logró el primer punto del torneo ante Paraguay, en lo que fue el empate 1 a 1 en la noche de Belo Horizonte. Este flaco andar obliga a Argentina a vencer el domingo a Qatar para filtrarse en los cuartos de final y evitar el papelón. La selección está contando las monedas para superar la línea de pobreza.
La reacción que se imponía tras lo que fue la decepcionante caída en el estreno ante Colombia no existió desde la confiabilidad futbolística. Aunque al menos ayer hubo garra y enjundia albiceleste para ir al frente cuando otra vez el trámite se puso cuesta arriba. Es que a los 37 minutos, tras un desborde a fondo por la izquierda de Miguel Almirón, Richard Sánchez entró como pancho por su casa por el corazón del área y sentenció a Franco Armani con un tiro de sobrepique a la ratonera. Otro golpe y volver a empezar.
El binomio creativo rosarino Messi y Lo Celso no pudo gravitar, ambos por lo general fueron absorbidos por sus marcadores y les costó armar jugadas para que el ayer delantero titular Lautaro Martínez pueda desempolvar su poder de fuego. Y si los talentosos estuvieron con el vidrio empañado, qué quedó para el resto. Porque también les costó mucho desnivelar con la pelota a Roberto Pereyra, Leandro Paredes y Rodrigo De Paul. Y encima en el fondo el partido de Nicolás Otamendi fue espantoso, perdió en casi todas las divididas y por el juego brusco caminó por la cornisa de la expulsión.
Argentina se fue al descanso perdido en la cancha y abajo en el resultado. Del vestuario saltó al rectángulo el Kun Agüero y allí la selección logró algo más de profundidad. Siempre más a los ponchazos que apelando al juego asociado y con Messi sin poder armar la jugada salvadora.
Y en una incursión al área por la derecha del Kun y el centro atrás a Lautaro, el remate del ex Racing dio en la mano de Iván Piris, el ex lateral de Newell’s, antes de rebotar en el travesaño del arco paraguayo. El VAR le avisó al juez la mano del defensor guaraní y Messi se hizo cargo de establecer el empate desde los doce pasos. Alivio.
Pero Argentina, lejos de encontrar la tranquilidad, siguió yendo al frente más por inercia que por convicción futbolística y así volvió a quedar expuesto en una réplica guaraní y casi entra en pánico. Porque Otamendi se llevó puesto de manera imprudente a Derlis González adentro del área y el juez sancionó penal, sin necesidad de apelar al VAR por lo obsceno de la infracción. El propio Derlis ejecutó un tiro bajo y Armani se hizo gigante para volar hacia la izquierda y ahogar el grito guaraní.
El arquero de River le salvó la ropa a jugadores y cuerpo técnico y apagó el inminente incendio que se venía en Belo Horizonte.
El resto fue un partido que siguió jugándose con intensidad. Con más pierna fuerte que claridad en los minutos finales. Ya con Di María en cancha, que no pudo armar el desborde ganador.
Scaloni quedó caminando por la cornisa porque ganarle a Qatar será el objetivo de mínima para evitar la vergüenza de la eliminación en primera fase.