Ovación

"El básquet de Rosario merece proyectarse"

El joven técnico Mariano Junco, lo es desde los 17 años, dirige a Atalaya y se hará cargo de la selección nacional femenina Sub 19

Domingo 14 de Abril de 2019

No es habitual encontrar un entrenador que inició su carrera a los 17 años. Es una rareza. Y la historia trasciende porque desde muy joven formateó una trayectoria que hoy lo ubica como referente en el básquet local y nacional. Es uno de los principales artífices del presente que vive Atalaya y otra vez fue citado para integrar el cuerpo técnico argentino de las selecciones femeninas. Mariano Junco se presenta para aquellos que aún no lo descubrieron: "Tengo 31 años, me crié en Villa Diego, mi casa deportiva fue el Club Talleres durante 22 años. Luego en 2013, tras un paso en selecciones femeninas de la provincia, consigo trabajo en Lanús, dirigiendo dos años a varones y mujeres. Vuelvo a Rosario para trabajar en Atalaya, desde 2016 con el equipo principal, y en el medio tuve un proceso (desde 2011 a 2016) con selecciones menores femeninas del país, donde ahora vuelvo porque fui designado como entrenador principal del Sub 19 para ir en julio al Mundial de Tailandia".

¿Te iniciaste jugando?

Sí, porque como hijo de familia trabajadora ir a un club era necesario y estaba todo el día en Talleres. Además mi abuelo era portero del club. Entonces al estar siempre ahí apareció la pasión por el deporte. Intenté jugarlo cuando era chico pero enseguida me di cuenta de que lo mío estaba afuera de la cancha. Desde los 17 años encontré la chance de ser entrenador y de muy joven me tocó dirigir a chicos de mi edad. Al principio lo hice con mucha más energía que conocimiento, pero después de ver, leer e interactuar fui adquiriendo un aprendizaje que me permitió forjar una idea de juego y métodos de trabajo.


¿Cómo se forja una idea?

Uno tiene un pensamiento de base de lo que quiere y desea ver de sus equipos. Y se termina de capitalizar cuando uno la puede ver plasmada, porque de nada sirve que yo tenga una idea si el equipo no puede desarrollarla. Hoy puedo asegurar que lo mejor que me dio Atalaya, que es un club hermoso, es la posibilidad de armar un equipo joven que pudo captar esa idea que tengo del básquet y ayudarme a reconstruirla a partir del plantel que teníamos para hacerla propia.


¿Esa idea muta?

Obviamente, se adapta según el plantel. Ahora tenemos en el equipo un jugador con experiencia y eso me obliga a mejorar para alcanzar un mayor desarrollo. Hay que estudiar mucho para obtener la articulación más conveniente que permita un mejor rendimiento. Por eso coincido con que primero está la idea y las metas más allá.


¿El método también cambia?

El método es la forma en que se trabaja para plasmar esa idea, por lo cual se basa en una columna vertebral, que está estrechamente vinculada al lugar donde uno está. Porque mucho tiene que ver para qué te van a buscar. Y allí gravita cuál es el proyecto deportivo, los objetivos, los recursos, la infraestructura. Porque el método es inviable si no está la otra parte, que te la tiene que dar el club. Entonces el método puede tener un lado B, que es el que se debe adecuar a las posibilidades de la entidad.


¿Atalaya te da lo necesario?

El club me ha dado libertad, los dirigentes son muy receptivos y se han animado a todo. Desde el 2016 venimos trabajando juntos en forma coordinada y hoy estamos jugando por segundo año consecutivo los playoffs de conferencia en el torneo Federal, que hace un tiempo jugarlo era soñar, sin embargo se consiguió a partir del esfuerzo de todos, fundamentalmente de los jugadores, porque participan de una competencia profesional siendo semiprofesionales.


El torneo local es pasional, ¿pero no genera frustración participar en un certamen que no proyecta a otro nivel?

Sí. Creo que Rosario, con su valiosa idiosincrasia por los clubes de barrio, es un polo de desarrollo impresionante que tenemos que aprovechar más. Es cierto que en los últimos años comenzó una mejor capitalización de los recursos humanos, pero sin dudas que se puede lograr mucho más. Porque la liga local al tener tanta gente todos los domingos, al tener la posibilidad de jugar finales en estadios como el de Newell's con tanto público, sin dudas que potencia jugadores, entrenadores y personas que están alrededor del deporte. Es cierto que ganar el torneo local no te da otra satisfacción que la conquista, pero sí te ayuda a transitar el camino que te permite igualar ciertas situaciones cuando competís en torneos de otro nivel. Lo que quiero decir es que el torneo rosarino sirve para desarrollo y exportación. Dicho esto, es verdad que lo que ahora habría que conseguir es que esos jugadores y entrenadores, en vez de tener que irse puedan quedarse acá compitiendo en los niveles superiores por los que se van. Más allá de que hubo experiencias como las de Provincial, Newell's, Central, Sportsmen y ahora Atalaya, hay que lograr que se mantengan en el tiempo y no sean proyectos personalistas.


¿Rosario cuenta con los jugadores necesarios para competir en niveles superiores?

Sin dudas. Rosario tiene un potencial enorme y merece proyectarse Lo que necesita es eso, que haya una iniciativa sustentable desde lo organizativo y financiero que ordene los recursos humanos. Ojalá se dé eso porque creo que el básquet entero de la ciudad lo merece y requiere, para que así los jugadores más chicos comprueben que hay otro nivel de competencia en el país al que pueden acceder. No obstante nuestra competencia es muy interesante y rica, con casi 50 clubes afiliados a la Asociación Rosarina. Sería oportuno que todos entendamos de una buena vez que no es una cosa o la otra, sino que son complementarias.


¿Sentís que hay prejuicios por tu juventud y que los logros se dimensionan recién cuando te convocan desde Buenos Aires?

Al principio algo de prejuicio hubo y a veces todavía sucede. Por eso digo que los entrenadores estamos siempre con la valija lista. Pero para mí es una bendición poder trabajar en mi ciudad, porque en Atalaya hay gente que apoya, jugadores que escuchan y eso me llena de satisfacción. Vivir de lo que te gusta es gratificante.


¿Se vive de esto?

Se vive. Por supuesto que hay entrenadores que viven muy bien, pero son pocos. Hoy me siento privilegiado trabajando en un club de la ciudad y compitiendo en el tercer nivel del país.


¿Cómo se obtiene el respeto de un grupo siendo tan joven?

Demostrando conocimiento. Con el tiempo aprendí que el conocimiento es mucho mejor cuando es compartido. Por eso entendí que para un entrenador no hay nada mejor que otro entrenador. Y para un profesional no hay nada mejor que otro profesional. Por eso busco interactuar con técnicos, profesores, psicólogos, médicos. Buscando también nuevas tecnologías de aplicación al deporte. Pero el primer paso es el conocimiento. León Najnudel decía que lo primero que hay que saber es de básquet.


¿Cómo está Atalaya?

Atalaya es mi alegría. Un club increíble, con enorme pasión, con mucha gente que acompaña y que se identifica con el equipo. Claro que tenemos necesidades estructurales de organización alrededor del equipo, porque la idea es seguir creciendo para animarnos a más.

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