Ovación

El arma con la que lastima

Otra vez el equipo canalla volvió a marcar de pelota parada, en lo que es una marca registrada en la era Leo Fernández

Domingo 25 de Febrero de 2018

Una vez más. Y van... Entre Central y las jugadas de pelota parada a favor hay algo personal. Pero para bien. Y sin dudas que ya resulta repetitivo entrar en el detalle fino cada vez que sucede algo de esto, pero mientras los goles sigan apareciendo por esa vía no quedará otra que resaltar esa virtud a la que, en lo que va de la era Leo Fernández, el canalla le está sacando jugo. Ya se dijo en partidos anteriores, pero a esta altura queda más que claro que forma parte más de un comportamiento premeditado que del beneficio de los propios imponderables del fútbol. Ayer hubo algo de esto último, pero el canalla supo aprovechar ese choque entre el arquero Andrada y un compañero para facturar.

   Los números están a la vista y al técnico, e incluso a los futbolistas, ya se les preguntó en innumerables ocasiones sobre lo que es una de las grandes virtudes del equipo. Todos hablaban de lo mismo, destacando una palabra clave: trabajo.

   Muchas veces a Central esas jugadas de pelota parada le sirvieron para abrir un partido. Ayer para igualarlo. Y otra vez estuvo metido en la conversación Maximiliano González, aunque después del cabezazo del mediocampista central la pelota dio en la espalda de Mauricio Martínez. En caso contrario el balón no hubiese entrado.

   Pero la referencia que se hace a Maxi González tiene que ver con aquel tanto (el primero) en la goleada por 5 a 0 frente a Olimpo, tras el tiro libre de Maximiliano Lovera. Y ese gol y el de ayer se suman a otros cuatro que el equipo marcó en los pocos partidos que Leo Fernández lleva al frente del equipo. Ya lo había hecho Ruben contra Boca (córner de Gil). Herrera frente a Newell's (tiro de esquina también del Colo), Zampedri a Independiente (tiro libre del propio Gil) y Tobio a Unión (otra vez desde la esquina de parte del volante zurdo).

   Esta vez no fue para abrir un partido y a partir de ahí manejar el trámite de otra forma, sino para llegar a una igualdad en un momento clave, ya que Lanús hacía unos pocos segundos que se había puesto en ventaja.

   La apuesta es que sea mayoritariamente de jugada, pero cuando no puede, este Central sabe que cuenta con el recurso de la pelota parada. Se insiste en el tema, es cierto, pero es un hecho que el equipo no deja de sacarle provecho a ese tipo de jugadas que hasta aquí ya le dieron demasiadas satisfacciones.

Esta vez, pibes con poca luz

Central no pudo ratificar todo lo bueno que había realizado en la cita pasada. El destino, quizá, hizo que los planetas estuvieran desalineados en el sur bonaerense para el conjunto canalla. Sin embargo, pasó el examen con lo justo. En medio de este contexto, los pibes que venían de romperla ante Olimpo no tuvieron ese brillo radiante como consecuencia lógica de su juventud y porque el proceso de aprendizaje recién comienza de verdad para algunos de ellos. A la vez, quedó demostrado que pese a que son pichones, son piezas muy importantes para la estructura colectiva de Leo Fernández.

   Andrés Lioi es uno de los chicos que más proyección tiene. De eso no hay dudas. Es un volante dinámico que puede aportar lo suyo desde cualquier puesto del mediocampo. Tiene claridad y técnicamente es muy correcto. Venía de hacer tres goles. De ser figura y el hombre más alabado por los medios durante la semana. Pero ayer los pecados de su juventud le pasaron factura. Intentó marcar la diferencia en la banda derecha, pero no pudo. Y el equipo lo sintió. Con poco tiempo en cancha demostró que es muy útil para el equipo del DT, y que si no está bien, el resto lo siente. Como pasó con Lanús. Otro que no pudo desenvolverse como pez en el agua fue Lovera, que venía de romperla con Olimpo. No obstante, ayer estuvo intermitente en la ofensiva. Maxi intenta afianzarse mientras aprende a medida que surgen los errores. En varias jugadas se mostró incisivo, aunque le faltó mayor lucidez a la hora de terminar cada acción.

   A las dos grandes figuras de aquella gran noche en el Gigante (sobre todo a Lioi) les faltó brillo.

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