Mundial de Básquet

El Alma encendida

La selección argentina jugó otro partido de altísimo nivel, sacó a Francia con autoridad y mañana peleará por el segundo título de su historia.

Sábado 14 de Septiembre de 2019

Si alguien podía ponerse nostalgioso por esa camada fundamental que ya no está a excepción de un sólo integrante que sí sobrevive, ya no tiene argumentos para decaer en ánimo. La Generación Dorada se extinguió, es cierto. Pero esta nueva selección nacional que viene edificándose de un tiempo a esta parte representa y adquiere a la perfección el apodo de El Alma e invita a soñar tanto como aquella. ¿Nació ayer una nueva Generación Dorada? Tal vez. Lo cierto es que Argentina se hizo gigante en el Mundial de China y aún con un plantel nuevo, de muchos debutantes, se metió en la final. Y como si fuera poco lo hizo vapuleando a Francia, otro monstruo para las aspiraciones de título. Ya no se puede hablar de hazaña como se hizo a lo largo de toda la semana. La selección masculina de básquet es una realidad tangible que pone en evidencia que no se gana sólo con la cultura del huevo y del aguante, los grandes equipos se erigen con mucho más. Mañana jugará por lo máximo, ante España desde las 9.

   Argentina disputó un partidazo, un encuentro sublime en el que borró de la cancha a los galos para imponerse 80 a 66 en Beijing e ir en busca del título tras 17 años. Aquella última vez fue en Indianápolis 2002, donde nació el mote de Generación Dorada por un plantel de nombres inigualables y talentos excepcionales. Fue aquella, una de las primeras gestas de Emanuel Ginóbili y compañía que no se pudo cerrar con el título, aunque vio llegar resultados superadores años después, como la medalla de oro olímpica de Atenas 2004.

   De aquel equipo formidable que tantas alegrías generó, sólo queda un sobreviviente, Luis Scola, quien a sus 39 años ayer fue nuevamente figura, con 28 puntos y 13 rebotes, que llegó a los 40 encuentros mundialistas para quedar a tan sólo uno del récord del brasileño Ubiratán Pereira Maciel y que es hecha carne, la conjunción de los valores y juego de una generación que pasó pero que no se extingue. No se extingue ni desde la historia que escribió ni de la memoria colectiva de quienes la vieron ser. Por eso Scola es el capitán, por eso es la bandera, el alma máter.

   Emanuel Ginóbili viajó sin pensarlo, más de 18 horas desde San Antonio a Beijing, en carácter que sonó de urgencia. Ni él, el jugador más importante de la historia del básquet nacional, quería perderse este partido. Lo disfrutó al borde de campo como un nene que admira a sus ídolos. Algo similar hizo Pepe Sánchez, otro de los nombres inolvidables. Y los otros, los otros “dorados” que hicieron historia lo vivieron con la nariz pegada a la televisión. Como si desconocieran de qué se tratan esas emociones. Apenas unos datos, estos datos de color, alcanzan para dimensionar el logro del Alma argentina.

El equipo conducido por Sergio Hernández salió con inteligencia a jugar el encuentro y cumplió a rajatabla el plan. La defensa ni dio respiro ni respiró. Y ahí empezó todo. El primer ladrillo de una gran victoria. El principal dominio se vio en la primera mitad del primer cuarto, pero la realidad es que, ventaja más amplia, ventaja más exigua, mirándolo a la larga y con detenimiento, el triunfo albiceleste nunca peligró. Hubo rotación de nombres, no de funcionamiento. Además de Scola otra vez se hizo gigante el base cordobés Facundo Campazzo, aunque suena injusto hablar de un par de nombres propios.

   Argentina sentenció su pase a la final con absoluta contundencia y categoría. Consciente de sus limitaciones (la altura, tal vez una de ellas), el equipo potenció las fortalezas y sacó no sólo un corazón inmenso sino también su mejor básquet. Fue en ascenso desde una primera fase relativamente accesible, creció en la segunda y dio sendos golpes ante Serbia y Francia. Desde ese equipo “tímido” en los amistosos previo a los Juegos Panamericanos de Lima, pasando por el podio del continente, hasta recalar en China, nació un equipo tremendo. El tercero que jugará una final Mundial. En 1950 hubo título en la primera competencia de este tipo. En 2002 subcampeonato pero un legado increíble. Le toca a este decidir en qué lugar se va a ubicar. El partido de mañana y luego el tiempo terminarán por configurarlo.

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