Ovación

El adiós y el inicio de la leyenda Manu

Ginóbili anunció el retiro tras 23 años de formidable carrera. Se va uno de los deportistas argentinos más grandes de la historia.

Martes 28 de Agosto de 2018

Cuando el tiempo ya no existe y las ilusiones se van desvaneciendo, aún con angustia, sólo un tipo como Emanuel Ginóbili puede pensar, puede creer que un partido perdido se puede ganar. Cuando ya no hay nada más, sólo un jugador extraordinario como Emanuel Ginóbili puede suspenderse en el aire como si fuera un pájaro, acariciar la pelota y depositarla en un aro con la delicadeza suficiente como para hacer estallar un estadio. Sólo los deportistas más espectaculares, los tocados con la varita mágica, tienen reservado un lugar de privilegio en la historia y sólo ellos son capaces de soportar el protagonismo de escenas cinematográficas. Como aquella, la de la palomita, la que lo inmortalizó para siempre. Fue ese el día en que Manu voló y le dio a la selección argentina un triunfo agónico y a la vez inolvidable ante Serbia y Montenegro, en el inicio del grupo A de los Juegos Olímpicos de Atenas 2004, la competencia en la que unos días después conseguiría el oro olímpico al vencer al Dream Team de EEUU y a Italia.

Ayer se retiró Manu. Le puso punto final a una inmensa carrera como basquetbolista, tras 23 años y una cosecha de lauros imposibles de enumerar y desplegar en unas pocas páginas. Porque los legados que dejan los deportistas como Ginóbili no pueden circunscribirse de ninguna manera a una vitrina de premios individuales o grupales. Esos premios fueron muchos, pero lo que queda es aún más. Es el legado de los valores, de la humildad, de la entrega, de la capacidad para reinventarse ante las circunstancias y el paso del tiempo. Pero sobre todo lo primero, los valores. No es casualidad que las redes sociales se hayan inundado de mensajes de todo tipo pero con un denominador común, el destaque de la grandeza humana que caracterizó y seguirá caracterizando a uno de los mejores deportistas de la historia argentina. ¿Quién no quiso ayer decirle "Gracias Manu"? Se lo dijeron sus amigos, compañeros, colegas, los deportistas más famosos y los anónimos. Los que guardan como si fuese un diamante alguna foto con él, los que pudieron conocerlo y los que solamente se deleitaron, sufrieron o emocionaron viéndolo por televisión. Un deporte y un país reconocen hoy a Emanuel. Y son pocos los atletas que pueden vanagloriarse de ello.


Con la nostalgia, llega un hecho incontrastable: el básquet ya no será el mismo sin Ginóbili, ese pibe espigadito y habilidoso que salió de Bahía Blanca y debutó en la Liga Nacional con Andino de La Rioja y se convirtió en un gigante, el más grande con su selección y también de los más grandes en la NBA, la liga más importante del mundo en la que se mantuvo por 16 temporadas. Manu fue el mayor símbolo de la Generación Dorada que consiguió, como se dijo, ese oro olímpico en Atenas 2004, el bronce en Beijing, el subcampeonato del mundo en Indianápolis, pero también brilló en EEUU consiguiendo cuatro anillos con San Antonio Spurs. Entre tantos, porque se insiste, cuesta enumerar cada logro.

De la selección argentina, Ginóbili se retiró en los Juegos Olímpicos de Río de Janeiro 2016. Tuvieron suerte los miles de argentinos que pudieron viajar y entrar a ese partido ante EEUU, que fue caída y despedida de Manu y de otro enorme, Andrés Nocioni. Esos afortunados que ingresaron esa noche al Arena Carioca 1 podrán contarle a sus hijos, a sus nietos o a sus amigos que vieron al mejor basquetbolista argentino de la historia en el momento en el que entre lágrimas le dijo adiós a la camiseta albiceleste. Le contarán también cómo se lo reconoció y ovacionó esa noche, emocionante hasta la médula. Los que no consiguieron entradas lloraron afuera, delante de una pantalla gigante que mostraba el interior del estadio y a Manu en primer plano. Tiempo después la Confederación Argentina de Básquet haría un acto de justicia: retirar su emblemática camiseta, la Nº 5.

Cuando este lunes el reloj marcó exactamente las 15, Ginóbili, desde algun lugar del mundo Manu acababa de escribir esto en su cuenta de Twitter: "con una gran mezcla de emociones les cuento que decidi retirarme del basquet. ENORME GRATITUD para mi familia, amigos, compañeros, DT's, staff, aficionados y todos los que fueron parte de mi vida en estos 23 años. Fue un viaje fabuloso que supero cualquier tipo de sueño. ¡GRACIAS!" Adjunto a los dichos una foto con la camiseta de San Antonio, saliendo de la cancha, de espaldas, saludando entre luces bajas. El show se iba terminando. El show termino. Asi se despidio y asi lo comunico.

Manu dijo "gracias". Pero el gracias fue universal. Y fue para el, especialmente para el. Cuando los sentimientos caminan todos en la misma dirección hablan de algo. De algo que no solamente tiene que ver con lo deportivo, sino mas que nada con el andar por la vida. Por todo esto acá también empieza la leyenda.
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