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El adiós a un grande del automovilismo

Una semana antes de que se iniciara en el Roberto Mouras la 80ª temporada del Turismo Carretera, con la esperanza de que sea mucho más regular que la 2020 atravesada por el azote de la pandemia, se despedía el histórico preparador Alberto Canapino, fallecido a los 57 años justamente por complicaciones tras contagiarse de coronavirus.

Lunes 22 de Febrero de 2021

Una semana antes de que se iniciara en el Roberto Mouras la 80ª temporada del Turismo Carretera, con la esperanza de que sea mucho más regular que la 2020 atravesada por el azote de la pandemia, se despedía el histórico preparador Alberto Canapino, fallecido a los 57 años justamente por complicaciones tras contagiarse de coronavirus. Todo fue por supuesto homenaje para el ahora mítico preparador y nada resultó más justo que el trofeo que llevó su nombre lo levantara su hijo Agustín, además de que su otro hijo, Matías, debutara en TCP en el top ten.

“Esta pole la hizo mi viejo”, había dicho el sábado emocionado el cuádruple campeón (2010, 17, 18 y 19) que corre en la renombrada Squadra Canapino y en el parabrisas de su Chevrolet llevó dibujado un corazón con la frase “Por siempre Pa”. Días atrás el Titán de Arrecifes había publicado en las redes sociales una emotiva despedida a su padre. “Mi viejo, mi amigo, mi hermano, mi socio, mi profesor, mi psicólogo, mi todo... La vida siempre nos llenó de desafíos, como te dije en nuestra última charla antes de que te durmieran, gracias por todo lo que me diste, no sería nada sin vos”, publicó emocionado.

Canapino era uno de los mejores preparadores del país y para el mundo del deporte motor nacional representaba todo un símbolo de excelencia. Su foja de servicios lo acredita, ya que fue el creador de once máquinas campeonas del TC, entre ellos los cuatro con los que ganó su hijo Agustín. Además fue ladero de varios íconos, como Juan María Traverso, y obtuvo 11 títulos incluidos los del Flaco, de Guillermo Ortelli, Juan Manuel Silva, Norberto Fontana y Christian Ledesma. Ayer varios de esos autos fueron alistados en la recta, como el del 2010, el del primer título de Agustín. Su actividad en el círculo mayor se inició con la convocatoria de Luis Rubén Di Palma en 1986 y a partir de allí siguió desplegando su sapiencia en el TC y TC 2000, además de colaborar con otra leyenda, Oreste Berta. También desplegó su magia en Europa, en la fábrica alemana de chasis para F-3 Eufra y desechó ofertas para regresar al nacer Agustín. Se fue un grande, sin dudas, y ya se lo empezó a extrañar.

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