Sábado 17 de Diciembre de 2016
Central se quedó sin técnico en la noche del jueves en el Kempes tras la derrota 4 a 3 ante River y ahora la dirigencia está abocada de lleno a la búsqueda del sucesor. En este vertiginoso mundo del fútbol una noticia tapa a la otra de manera automática y suele quedar poco margen para la reflexión. Parece no haber tiempo para analizar los procesos y lo inmediato mata cualquier intento de razonamiento. Para no quedar pegados en esta mecánica perversa, con formato de picadora de carne, el ciclo de Eduardo Coudet merece desmenuzarse más allá de los números y las estadísticas. Porque se trata de un ídolo de la institución de Arroyito en su etapa de jugador y que en el presente demostró haber estado a la altura de las circunstancias en los dos años que estuvo al frente del plantel, en lo que fue su debut absoluto en el rol de director técnico. Un Chacho verborrágico, frontal y apasionado, que le supo transmitir esos atributos al equipo. Buscó por todos los medios ser campeón, no lo consiguió y después de River confirmó lo que ya venía meditando, respecto a dar un paso al costado.
El Chacho con aciertos y errores no fue un entrenador más de los que pasaron por Central en los últimos años. Porque le devolvió al equipo canalla la mística competitiva, lo acostumbró a pelear por objetivos importantes, lo convirtió en uno de los equipos más valorados del fútbol argentino. Si bien no logró coronar su gestión con una vuelta olímpica les hizo entender a sus jugadores que ir por la gloria es una obsesión innegociable. Fue un período muy intenso, pasional, frenético, en los que los reproches no pasan por la falta de agallas ni de compromiso a la hora de ir por todo, de parte del técnico ni de sus soldados.
Por eso Coudet se fue masticando bronca tras el volcánico cotejo ante River, quebrado en su ilusión, abatido por no haber logrado ese bendito título que tiene martirizado al pueblo auriazul, pero con la frente bien alta de no haberse guardado nada en el intento. Esta situación le dejó las puertas abiertas para cuando el destino vuelva a unirlo laboralmente con la entidad auriazul. El Chacho cayó en su ley, con el equipo entregando hasta la última gota de sacrificio hasta el pitazo final.
Coudet sabía que en Central ya no alcanzan las campañas decorosas ni dignas. Que el club necesita a gritos coronar un título y en este contexto no tuvo empacho en ponerse esta mochila y asumió toda la presión. En 2015 peleó el torneo argentino hasta las últimas consecuencias y además llegó a la final de la Copa Argentina que perdió a manos de Boca. En este 2016 jugó una muy buena Copa Libertadores y quedó eliminado en cuartos de final en forma agónica contra Atlético Nacional de Medellín, equipo colombiano que terminó ganando el máximo torneo continental. Y si bien la performance en el certamen interno ahora es muy floja, en la Copa Argentina volvió a meterse en el partido decisivo y cayó 4 a 3 con River en un trámite para el infarto, que bien pudo haberlo ganado.
Así, entre lo positivo de la gestión está este protagonismo que lo llevó a Central a codearse con la coronación, aunque sin la puntada final. Otro punto más que satisfactorio fue la consolidación de juveniles como Franco Cervi (transferido a Benfica de Portugal), Giovani Lo Celso (vendido a PSG de Francia) y Walter Montoya (con proyección de selección y que será muy difícil retenerlo), todos casos que oxigenan las arcas del club.
Claro que también hubo defectos, que en especial se vieron en el segundo año de la gestión. Y se agudizaron en el último receso, cuando los jugadores que llegaron como refuerzos no lograron suplantar a los que se habían ido, en especial en la defensa, como Alejandro Donatti y Pablo Alvarez. Los zagueros que arribaron (Dylan Gissi, Hernán Menosse y Marco Torsiglieri) no lograron afianzarse y terminaron expuestos en partidos decisivos. Porque si bien Teo Gutiérrez no supo desplegar todo su talento, su arribo en cuanto a jerarquía fue indiscutible al momento de firmar el vínculo.
Tal vez otro error del Chacho fue haberle transmitido algo de su ansiedad y enjundia discursiva a sus jugadores en momentos culminantes de su gestión. Es algo que deberá corregir, aunque es lógico por ser su primera experiencia como DT, encima en Central, que haya liberado mucha más adrenalina que lo que le hubiese ocurrido en otro club.
Además en este segundo semestre se quedó por decisión propia con un plantel corto y le dio la espalda al torneo doméstico, donde la campaña es pésima. Y tal vez no fue apropiado hacer trascender que se iba unos días antes de oficializar su decisión.
Pero en líneas generales el balance de gestión es muy positivo. Ganó 37 partidos, empató 26 y perdió 18. Fueron dos años intensos, con un Central protagonista, jugando instancias decisivas y promoviendo a jugadores de la cantera a mercados internacionales. Claro que para entrar en la historia grande del club no alcanzó. Pero eso no puede tirar todo por la borda.