Ovación

Domínguez y Pinola participaron de la campaña “Por un clásico sin violencia”

Aporte a la convivencia en el Normal 2. Los jugadores ensayaron un picado de fútbol - tenis con los chicos en el patio. Ridículamente, las autoridades del colegio no permitieron el ingreso de la prensa.

Viernes 22 de Abril de 2016

Cuando se sacan la camiseta, en realidad se la ponen. Corren a un costado sus profesiones y asumen el rol que representan en una sociedad que exacerba hasta el paroxismo al fútbol y muchas veces lo transforma en violencia. Por eso mismo, cualquier aporte a la cordura, a la convivencia, por más mínimo que sea, representa un bálsamo que contribuye a la racionalidad al menos en pequeñas porciones. Es probable que no sea la función que más los atrae porque lo suyo transcurre dentro del campo de juego, pero cualquier gesto, se insiste, por más minúsculo que parezca, es un avance hacia la recuperación de aquel maravilloso clásico rosarino que toda la ciudad mostraba con orgullo y ahora prácticamente esconde por vergüenza. Antes, no hace mucho, la ciudad lo esperaba con ansiedad; ahora no ve la hora que pase sin tener que lamentar incidentes, aunque en los últimos tiempos se redujeron los hechos de violencia. Para ello colabora mucho la ausencia de visitantes. Ya ni siquiera es posible imaginar un clásico con ambas parcialidades, pero es lo que hay. Ayer, Javier Pinola y Sebastián Domínguez se juntaron en el colegio Normal 2 por iniciativa del Ministerio de Educación de la provincia en el marco de la campaña "Por un clásico sin violencia”.

Son esos escasos momentos, unos pocos minutos apenas, los que permiten ilusionarse con que alguna vez se pueda recuperar la cordura. También son esos los instantes en los que se comprueba lo importante que sería para erradicar la violencia, o intentar hacerlo, que los futbolistas se involucraran más en actos de esta naturaleza.

Basta con ver la recepción de los hinchas, en este caso niños de una escuela, a este tipo de actos para comprobar que el de los protagonistas sería un aporte invalorable si asumieran que representan mucho más que lo que pueden hacer adentro de una cancha de fútbol.

Lástima que otra de las patas, la organizativa, la que involucra a dirigentes, deportivos y de los otros, muy pocas veces está a la altura de las circunstancias.

Ayer, para no retroceder demasiado en el tiempo, el acto en el que se juntaron el Negro Domínguez y Pinola sobre el que aquí se escribe fue a puertas cerradas, como la mayoría de los entrenamientos de los equipos de fútbol.

¿Cómo es posible que alguien organice una campaña contra la violencia, convenza a los futbolistas para que participen con el esfuerzo que ello significa y le cierre las puertas a la prensa?

¿En qué cabeza cabe? La difusión de la actividad conjunta de los futbolistas de Newell’s y Central es lo más importante del acto. Era lo más importante. Dicen que por decisión de la directora del colegio, la prensa no pudo ingresar.

Casualmente, o no tanto, a la misma hora, los centros de estudiantes de varios colegios, entre ellos el Normal 2, nucleados en la Coordinadora de Estudiantes Secundarios (CES), marchaban en favor de las reformas edilicias y el medio boleto estudiantil.

Fueron muchos los que ayer se quejaron aduciendo que en realidad la convocatoria a Domínguez y Pinola tuvo ese sentido: boicotear la marcha. Parece increíble, pero todo es posible en una sociedad que muchas veces muestra brotes de enfermedad terminal en los estratos supuestamente más saludables.

Pinola y Domínguez, ajenos a estas miserias, ensayaron un fútbol tenis con pibes vestidos de Central y Newell’s. Los rojinegros fueron compañeros de Javier y los auriazules de Sebastián.

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