Opinión

Directivos y allegados: ventajeros

Las gestiones de los clubes transgreden las normas sanitarias permitiendo el ingreso de personas de su círculo en detrimento de la mayoría de los socios e hinchas

Lunes 16 de Agosto de 2021

En la Argentina de los privilegios, el fútbol no está exento. Mientras una fiesta del cumpleaños desnudó al propio presidente Alberto Fernández incumpliendo su decreto en los tiempos de cuarentena más estricta, los directivos de los clubes hacen lo propio partido tras partido cuando sus equipos juegan de local. Sí. Hacen uso y abuso del poder que la gente le confirió. Bajo la denominación de "allegados", hacen ingresar a su antojo a amigos, obsecuentes o a quienes les conviene, y se burlan de aquellos socios e hinchas que no pueden asistir a los estadios en nombre de la prohibición de público por la pandemia. Pero al que luego le piden que abone cuotas o entradas para sostener a las entidades. Dirigentes hipócritas en su decir. Cínicos en su hacer.

La práctica sistemática de la ventaja que otorga un lugar de decisión convirtió a muchos de los que ejercen el poder en ventajeros. Y eso son los directivos de la AFA, de la Liga Profesional y en definitiva los de los clubes, quienes fueron cultivando esa mala costumbre argentina. Disponen a su antojo un bien social transgrediendo las normas, sin siquiera tener la decencia de hacer cumplir una regla sanitaria que establece prohibiciones claras por una pandemia, que tanta pérdida y dolor generó, y lo sigue generando.

Las gestiones de los diferentes niveles siguen violentando en perjuicio de una sociedad que diariamente es vulnerada, porque las obligaciones son selectivas, las tienen que cumplir todos aquellos que no están en el poder, o no son sus allegados.

El reglamento es claro. Sólo pueden entrar a un estadio en el que se dispute un partido oficial 125 personas del equipo local y 75 del visitante. Pero todas deben cumplir con un rol específico que justifique su presencia. Ya quedó demostrado que esto no se cumple ni se controla.

El fútbol argentino no sólo está degradado deportiva y económicamente. También lo está moral y éticamente. Esta práctica de hacer entrar a los estadios en plena crisis sanitaria a un grupo de "allegados" no hace más que exhibir de manera impúdica los privilegios del poder. Al que accede una selecta minoría. La que por carácter transitivo de la perversa cultura de la ventaja, no se plantea la justicia de su asistencia. Es que no le importa que la mayoría se quede al margen. Porque esos allegados aún no entendieron que gran parte de la sociedad está quedando marginada de muchos derechos. De la que ellos también forman parte. Aunque hayan ido a la cancha.

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