Ovación

Días de radio

La obligatoriedad del fútbol pago llevó a mucha gente a escuchar los partidos como hace décadas. Por necesidad, o por gusto, la magia de las transmisiones volvió a los hogares.

Martes 31 de Octubre de 2017

Cuenta el filósofo contemporáneo Quique De María, de Marcos Juárez, estudiante crónico de Comunicación Social finalmente recibido, que el fin de semana que se fue volvió a nutrirse de la radio para vivir y sentir el fútbol, como le gusta decir al ex futbolista de Nueva Chicago devenido en relator de Radio La Red y TyC Sports.
   En aquellos años de estudiantes apasionados de Comunicación Social, sobre todo la prestigiosa camada del ingreso 83, la radio era no sólo el motor fundamental para afrontar la carrera sino una compañía innegociable en las madrugadas de mate, apuntes, café, cigarrillos...
   Dice Quique en Facebook que lo que comenzó como una "adversidad", el hecho de ver la mayoría de los partidos por TV paga, terminó siendo "un hallazgo harto positivo".
   "... aparecieron ciertos recuerdos nostálgicos, de los setenta u ochenta. Apareció la estampa de mi abuelo al lado mío compartiendo las vibrantes incidencias del partido, que por radio, ya sabés, hasta un lateral te acelera el corazón. Otra ventaja, soy de River, creéme, la goleada en contra es como que duele un cacho menos; por radio no te los repiten, no padecés los festejos pomposos de los rivales dentro del perímetro del campo de juego y tampoco ves la tribuna llena de rivales fuera del perímetro que festejan el gol con más dignidad que los jugadores pero son más, entonces también te da bronca. Ah, por radio aparece otro beneficio, no percibís la presencia de un empleado administrativo que no aporta mucho pero que por razones alegóricas le llaman cuarto árbitro".
   Genial Quique, un talento.
   En aquellos años de estudiantes las transmisiones de radio eran religión. El fútbol se jugaba casi todo a la misma hora y había que andar deambulando por el dial para encontrar el relato del equipo del corazón.
   Para Quique, como para muchos estudiantes que vivían en Rosario pero no eran hinchas ni de Central ni de Newell's, incluido quien esto escribe, no era sencillo. Enganchar buena señal de Rivadavia, Continental o Mitre era casi como aguantar el empate con uno menos desde los 5 minutos.
   En los 70, para ponerle un corte en el tiempo, José María Muñoz comandaba el equipo de Radio Rivadavia que tenía un corresponsal en cada cancha y los oyentes hinchas esperaban con fruición las conexiones para conocer la formación de su equipo. Las papeletas se pegaban en los vestuarios cuando empezaba el segundo tiempo del partido de tercera y en ese momento empezaba el show de la radio. Inolvidable la expectativa que se generaba en esos momentos. Ni hablar cuando desde alguna de las canchas se avisaba que había un gol. Era una mezcla de angustia y deseo frenético por saber si era propio, ajeno, o de otro partido. Eran segundos que parecían horas hasta que por fin llegaba la noticia. Tremendo.
   En los 80 apareció Sport 80 con Víctor Hugo Morales a la cabeza. Un equipo tan futbolero como aquel pero repleto de periodistas con un nivel claramente superior a la media.
   Muy pocos partidos se veían en directo. Aquella final entre Boca y Central en 1970 en la cancha de River fue una excepción. Lo mismo pasó con el Mundial de Alemania en 1974. Sólo unos pocos partidos se veían en directo.
   Seguir por radio la definición del torneo 86/87 entre Newell's y Central el 2 de mayo de 1987 fue uno de los momentos de radio más gloriosos de siempre. Gol de Italiano, gol de Temperley, gol de Newell's, gol de Newell's, gol de Central. Infartante. Por supuesto, más allá del resultado.
   "Final, ganó River, Newell's campeón", atronó del otro lado de la línea en Radio 2 el 21 de mayo de 1988. El equipo de Yudica vapuleaba a Independiente 6 a 1 en el Parque, pero necesitaba una derrota de San Lorenzo. Y River le ganó 4 a 2 en la cancha de Huracán. Ese día, la conexión fue casi más importante que la cabecera de transmisión. Newell's lo tenía definido y parecía que River también, pero un descuento del Ciclón volvió todo para atrás hasta que un gol extraordinario de Caniggia alejó otra vez las cifras y los rojinegros dieron la vuelta olímpica dos fechas antes del final.
   Poco a poco las transmisiones radiales fueron perdiendo espacio, aunque nunca la magia, en beneficio de las transmisiones televisivas.
   Los costos de los paquetes para ver fútbol en su gran mayoría, o tan solo el desinterés, llevaron a muchas personas a viajar en el tiempo. Como a Quique.
   "Otra ventaja es que si lo escuchás por radio, inevitablemente se torna un incentivo el ejercicio de la imaginación. Si hasta a veces sospecho que los Cervantes, los Machado, los Dostoievski y todos esos, es porque no tenían contratado el Pa del Fulbo (pack de fútbol), que si mirás el partido por la tele ¿cómo hacés para escribir el Quijote o Crimen y castigo? Andá... Imposible. Pero la principal y última ventaja que detecté, y esta es porque acabamos de comernos una goleada con Talleres, es que por la radio sufro menos las derrotas. Me veo escuchándolo nuevamente por radio y pienso pero qué corcho, reculé cuantos años, me siento más empobrecido, casi un miserable de Víctor Hugo (aunque ese no relataba tan bien como este). Y entonces, en ese contexto en el que me siento en la pobreza del gol mezclado con descarga y señal que no se queda quieta, ya no sufro tanto las derrotas ni estar sin partido televisado. Porque ¿sabés qué? La malaria hace que el fulbo me interese menos. Me dan ganas de ganar otras cosas".
   Aplausos para Quique, una pintura. Gracias a su inspiración.

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