Ovación

Deportes en talla baja

Las personas con acondroplasia (enanismo) "son elásticos" dice un médico. Según los técnicos, pueden practicar deportes como cualquiera, en sus tiempos y a su medida. Tres casos.

Martes 05 de Diciembre de 2017

Una no hace pie en la pileta pero nada y entrena como cualquiera. Otro lanza balas y discos a grandes distancias con toda la potencia arrolladora que le dan sus brazos breves. Y uno más, que apenas pasa el metro de altura, se anima a cabecear y hasta golea. Eso sí, todo lo hacen en su tiempo y a su medida: son deportistas con acondroplasia, o de talla baja.

Padecen un trastorno genético que les afecta el crecimiento óseo, pero al que la medicina ya le encontró una buena salida. Se trata de una patología que causa el tipo más común de enanismo, por eso los llaman "enanos". Ellos mismos usan el término pero dicen que les pesa cuando los llaman así con desprecio o como burla. Les pesa tanto como que los señalen, les saquen fotos por verlos curiosos, los asocien sólo al mundo del espectáculo o los infantilicen con diminutivos como "bajitos" o "minis".

Ovación dialogó con Daiana Paniagua, una nadadora del club Nueva Era, de 21 años; con Alvaro Baeck, un lanzador que entrena en el estadio Municipal, y ya cumplió 23 y con el capitán de la selección Argentina de Fútbol de Baja Talla, el correntino Facundo Rojas, de 26. Tres deportistas que reconocen que nada les resultó fácil, pero no se autocompadecen y hasta consuelan a los de talla convencional al decirles que a la discriminación ya la matan con indiferencia y por qué no, con humor negro. Porque son bajos, pero también se ríen de los altos. Tres inalcanzables.

El afamado actor inglés Peter Dinklage, quien encarna el papel de Tyron Lannister en la serie Juego de Tronos, mide 1,35 metro y contó en una nota que sus padres nunca le alcanzaban ningún objeto que estuviese demasiado alto, para que él pudiera llegar solo.

En las historias de Daiana y Alvaro hay menos rigurosidad y sacrificio. Ambos, casualmente, usaron un objeto desde su más tierna infancia que les alivianó la ardua tarea de ponerse siempre en puntas de pies. Un banquito. El de Daiana es naranja y se lo hizo su abuelo. El de Alvaro es color madera y se lo regaló su madrina, Ana. Ambos los conservan aunque ya los usan menos. Ahora lo que les aliviana la vida es la actividad deportiva. Principalmente porque allí se divierten y son buenos en lo que hacen.

Camina sobre su metro y 24 centímetros a un extremo de la pileta y va dejando diminutas huellas talla 35 por todo el borde. Se zambulle de cabeza y ya no para. Nada por prescripción médica desde antes de cumplir un año. Bracea un crowl lento y parejo, de ida y de vuelta, que combinará con espalda y pecho. Mariposa se le complica por la columna con pronunciada hiperlordosis (cola hacia afuera). Esa es la rutina de Daiana, varias veces por semana y por dos horas, quien compite contra clubes federados de todas las provincias en categoría S5 (incluye a deportistas con hemiplejía y lesionados medulares) en natación paralímpica. No es la única. Lara Pérez, de 15 años, y campeona nacional de los Juegos Evita 2017, estuvo ese día ausente con aviso. Es compañera de Daiana, de categoría S6. Las "peques" del grupo.

"El entrenamiento de ellas no tiene prácticamente diferencias con el convencional. Son deportistas con palancas cortas, van más lento, no hacen pie, pero nadan sin problemas. Eso sí, no usan pullboy (elemento de flotación que se coloca entre las piernas) porque les levanta más la cola y es contraproducente para a su espalda", aclara el entrenador Julio Taborra.

Daiana socializa con sus compañeros hemipléjicos, ciegos y autistas, dentro y fuera del agua. Dice que acorta su ropa, que le gusta que sea "azul, como el agua", que hace pilates, que terminó el secundario y busca trabajo. "Tiro currículums, pero nada. Voy a seguir estudiando, quiero ser depiladora", dice la muchacha que fue reconocida como deportista destacada por la provincia en 2016, pero no pudo viajar a Bariloche con su escuela porque la emoresa de Turismo no le garantizaba un servicio acorde a su altura. Eso cuenta la mamá, Mónica, también acondroplásica, mientras la ve nadar. Daiana sigue, tiene previstas competencias en Córdoba, en febrero; en Paraná en marzo y un Open Internacional en junio en el Cenar. ¿Qué le gustaría? "Competir a nivel internacional", algo que necesita plata. "Difícil, recibimos subsidios sólo medio año", lamenta Taborra.

Alvaro tiene unos ojos claros como pocos, cursa segundo año de márketing, trabaja en una ONG. Decidió este año ser atleta tras probar con fútbol, tenis, boxeo y natación. "Soy polideportivo", alcró. Aún no está clasificado internacionalmente pero su entrenador, Martín Arroyo, el mismo de la campeona paralímpica en Río 2016, Yanina Martínez, sostiene que sus marcas "están entre las mejores diez del mundo". Promete, tanto como su compañero Tomás, de 15 años, también acondroplásico y ausente en esta nota. Alvaro es hijo del ex Puma Marcos Baeck, para él un modelo a seguir. "Yo también quiero como él, llegar a representar a la Argentina en lanzamiento. Y estoy entrenando tres veces por semana y voy al gimnasio. Mirá como es la vida, yo odiaba el atletismo porque en el colegio siempre salía último, pero ahora encontré un lugar donde puedo competir sin ventajas", confiesa Alvaro quien lanza balas de 4 kilos a 24 metros de distancia (en promedio un convencional llega a unos 35 metros ). "El tiene mucha fuerza, a pesar de su palancas cortas, es explosivo en sus movimientos es rápido al girar, algo importante en este deporte", aclara Arroyo mientras Alvaro hace dos giros con la bala en el cuello y tira.

Con una cirugía a sus 8 años Alvaro elongó sus tibias y peronés. Mide 1.37, calza 37 y usa remeras medium, como a los pantalones largos. ¿Los cortos? "Se los robo a mi hermano", admite mostrando el que lleva puesto.

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