Ovación

Democracia, la figura de los clubes

La degradación institucional genera precariedad deportiva y esto es aprovechado por sectores autoritarios. Por esta razón, los socios deben participar y ejercer sus derechos con el apoyo del Estado.

Miércoles 22 de Noviembre de 2017

El fútbol tiene una conducción cuya legitimidad es relativa. El método indirecto que se utiliza para la elección de las autoridades de la AFA es funcional a los intereses que determinados directivos representan. Los que pugnan primero para llegar y luego para perpetuarse. Convirtiendo a la tan proclamada democracia en un sistema más aparente que real. Con sólo releer las instancias del Fifagate se alcanzará a comprender la magnitud del universo de negocios en torno del fútbol, que edificó una corrupción estructural a nivel continental y mundial.
A diferencia de ese contexto, por usos y costumbres se establece que la democracia alcanza cierta plenitud en varios clubes, donde la participación y decisión de los socios permite una mayor aproximación a la necesidad pluralista y de representatividad popular con las que deben funcionar las instituciones.
Pero la historia refleja en incontables ejemplos las graves consecuencias que tienen aquellos clubes en los que ese sistema democrático es herido de muerte, por la inescrupulosa ambición de poder individual o grupal, que siempre encuentra en el atajo tramposo la manera de eludir la decisión de la mayoría societaria, la que tiene la potestad en estas entidades que figuran como sociedades civiles sin fines de lucro.
Una figura que permite crear primero, y flexibilizar después, normas jurídicas para evitar quiebras y desapariciones de muchos clubes, generando incluso polémicas y debates en el ámbito de los especialistas en Derecho Civil y Comercial sobre la interpretación y aplicación de estas leyes sancionadas a medida.
Los socios e hinchas de los clubes rosarinos conocen a la perfección los padecimientos que provoca la degradación democrática, de la cual han sabido emerger en el pasado, pero no sin antes pagar un alto costo.
Porque la precariedad institucional deriva inexorablemente en el vaciamiento deportivo, una fórmula letal que no sólo fagocita los anhelos de su gente sino también la categoría de una entidad que fue forjada con mucho esfuerzo a lo largo del tiempo.
Por eso han sabido identificar las causas que llevan a un club a una situación ruinosa, ya que es sistemático el proceder autoritario de aquellos que no pueden obtener una entidad a través del consenso.
La destrucción de los estamentos gubernamentales, la agresión física y verbal a todo sector político que proponga un debate de ideas, la violencia articulada con los rentados grupos de choque, el vaciamiento económico y la concreción de negociados mediante la transferencias de activos configuran el modus operandi de aquellos que jamás podrían acceder a un lugar de gestión colegiada. Y no sólo por falta de idoneidad sino fundamentalmente por la carencia de integridad.
El mejor antídoto para evitar el regreso de estos demonios a cualquier club es la participación activa de los socios, exigiendo tanto dentro como fuera de cada club que se respeten y cumplan los derechos individuales, algo en lo que el Estado no puede hacerse el distraído.

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