Ovación

Delpo no le encontró la vuelta

El tandilense cayó ante el serbio Novak Djokovic en sets corridos en la final del Grand Slam disputada en Flushing Meadows. Luego de dos semanas inolvidables, se acabó el gran sueño para la Torre.

Lunes 10 de Septiembre de 2018

Juan Martín Del Potro terminó el partido entre lágrimas. Desgraciadamente no eran las que esperaba. Del otro lado, Novak Djokovic lo consolaba, con una gran sonrisa en la boca: acababa de conquistar el abierto de Estados Unidos por tercera vez, arrebatándole al argentino el tercer puesto de la ATP e igualando al legendario Pete Sampras con 14 títulos de Grand Slam.
El serbio, en su octava final en Flushing Meadows, se coronó en Nueva York al derrotar al tandilense por 6/3, 7/6 (7/4), 6/3.
Nole demostró una vez más que la lesión en el codo, que lo apartó del circuito durante varios meses, quedó en el pasado al levantar otro Grand Slam, el segundo del año después de Wimbledon, situándose en la tercera posición de la clasificación en detrimento de Del Potro, que es ahora cuarto.
En un duelo que por momentos fue de alto nivel y que en otros pasajes tuvo altibajos, el sexto favorito aprovechó sus oportunidades para vencer a la Torre y se quedó con el trofeo en el Corona Park, donde ya había celebrado en 2011 y en 2015 y donde también había perdido otras cinco finales.
El encuentro comenzó con un altísimo nivel, con Del Potro buscando imponer su potencia y con el serbio apelando a la capacidad de anticipación para neutralizar el saque y la derecha del argentino.
En esa pulseada empezó a ganar el ex número uno del mundo, que llevó el juego a su ritmo, en un duelo de reveses cruzados que marcaba la tendencia del partido. Convencido de que podía controlar los palazos del argentino, Djokovic sintió que debía esperar su oportunidad, que en algún momento iba a llegar.
Sin embargo, pese a ese predominio en el juego, el resultado seguía marcando paridad hasta el séptimo game. En ese momento, Del Potro llegó a sacar 40-0, pero dos errores no forzados suyos metieron en el juego al balcánico.
Djokovic, que había estado pendiente de esa ocasión desde el inicio del juego, olió sangre y no perdonó: presionó desde la devolución y generó el quiebre clave para llevarse el primer set.
El argentino pareció sentir el impacto anímico de haber cedido el set y el serbio mostró todo su repertorio. Devolvía las bombas de saque de Del Potro, neutralizaba los intentos de "winner" llegando siempre a tiempo y pasaba de dominado a dominador en el punto con una facilidad asombrosa.
Por eso, se adelantó pronto con un quiebre en el segundo set que le dio serenidad para administrar el partido.
"Deeeelpo, Deeeelpo", comenzaron a alentar los amigos del argentino, respaldados por el 70 por ciento del estadio, que se sumó al cantito. Estaba claro que el número tres del mundo necesitaba una inyección de ánimo y la tribuna pareció dársela.
Animado por el público, Del Potro recuperó la intensidad con la derecha y aprovechó un pequeño bajón de Djokovic, que empezó a fallar un poco con el revés, situación inédita hasta ese momento. Así recuperó el quiebre y pasó adelante en el marcador después de tres juegos consecutivos. El grito salvaje y el puño apretado volvieron a levantar a los aficionados, ya metidos de lleno en el partido.
Entonces llegó el juego clave del encuentro, el interminable octavo game. Allí Del Potro gozó de tres puntos de break, sin poder quebrar, y con dos errores no forzados que luego lamentaría. Tras 22 minutos de intensa lucha, con aciertos y fallas de ambos lados, el serbio por fin pudo asegurarse un juego que terminó siendo vital para el desarrollo.
Con cada uno manteniendo su servicio llegó un tie break en el que el argentino volvió a gozar de una pequeña ventaja, pero una derecha larga y otra a la red le terminaron costando el set. Especialista en escaparse de situaciones complicadas, el serbio no dilapidó la ocasión y cerró el set en la primera posibilidad que tuvo.
Con el envión de la ventaja de dos sets, Djokovic consiguió una rápida rotura que parecía encaminar el partido. Sin embargo, Del Potro no se rindió, siguió insistiendo con la derecha y recuperó rápido el quiebre para seguir con oportunidades.
Sin embargo, el físico ya empezó a dejar de acompañarlo y la derecha ya no lastimaba. Por el contrario, los errores con su golpe clave, 30 en total, lo terminaron condenando.
Finalmente, una definición con clase en la red del serbio terminó de cerrar el partido, provocando su celebración y también las lágrimas de Del Potro, que terminó siendo consolado por el propio Djokovic.

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