Ovación

Delbonis inclinó la balanza

El azuleño perdía 2 a 0 ante Troiki, 20° del mundo. Pero revivió y ganó un partido increíble con el que creció la ilusión de todo el equipo argentino.

Sábado 18 de Julio de 2015

Federico Delbonis (77° del ránking mundial) se vistió de héroe. Esta vez le tocó a él hacer explotar el estadio de Tecnópolis y dejar a Argentina ahí nomás de las semifinales de la Copa Davis. Puso la serie 2 a 0, inclinó la balanza de una eliminatoria que pintaba durísima y ensanchó las ilusiones de avanzar. Fue obra suya, claro, la de vencer a Viktor Troicki (20°) en cinco sets y en más de tres horas de partido (2/6, 2/6, 6/4, 6/4 y 6/2). Leonardo Mayer (22°) la hizo más que sencilla ante Filip Krajinovic (87°): se llevó el primer encuentro (6/4, 6/2 y 6/1). Argentina quedó ahí, en el umbral del éxito. Tiene que conseguir un punto, cuando restan tres por jugar. Si hoy gana el dobles, habrá sellado el pasaje a semifinales contra el ganador de Bélgica y Canadá.

Lo de Delbonis ayer tranquilamente puede entrar en las páginas de los partidos épicos de la Davis. Troicki lo tenía sobre el ring, a punto de dejarlo en la lona. Pero un quiebre de servicio en el tercer set fue el antes y el después de la novela. Porque lo que era todo efectividad y licencias de un lado, pasó hacia el otro cuando nadie lo esperaba. El partido cambió de mando y, con el apoyo del público, se empezó a inclinar la balanza.

Una de las cosas más lindas que tiene el tenis es que es un juego de emociones. Más aún si se está compitiendo en equipo. Ni qué hablar si es por la Copa Davis. Porque si a este partido se lo saca de contexto, de ninguna manera podría tener estas conmociones. Ni Delbonis podría haber tenido las chances de darlo vuelta.

Estaba muerto el azuleño al término del segundo set. La cara y el lenguaje corporal con los que se fue al vestuario acompañado por el capitán Daniel Orsanic lo decían todo. Estaba fundido, exhausto, hasta lucía resignado. El serbio se imponía con una tranquilidad admirable y dos segmentos de ventaja.

Se sabe que Viktor Troicki es un talentoso. No de los que brillan, pero sí de los que pueden complicar la vida en cualquier torneo. Y por esto, lo tenía a los “sopapos” a Federico, mostrándole su abanico de tiros con una precisión envidiable. Todo esfuerzo de Delbonis era en vano. El desgaste de la impotencia fastidia. Tanto que por momentos enceguece. Y Delbonis llegó a estar ciego.

Tuvo premio, sin embargo, el azuleño con su búsqueda, porque cuando rompió el saque de su rival en el tercer game del tercer set empezó a ver la luz. Y a dejar de jugar solo.

El público se encendió e hizo su papel. No por nada los rivales le dan a la hinchada argentina el lugar que le dan en sus discursos. El estadio, a medio llenar, era una caldera.

Se llevó ese tercer set Delbonis y eso le dio más vida. Fue al cuarto y asumió el protagonismo. Apareció el primer saque, que en los segmentos iniciales se le negaba, y empezó a ser más incisivo. Entraron las bolas por la paralela que un rato antes iban todas afuera. Los tiros con slice ya no fueron a la red. El partido cambió su rumbo. Y también varió la suerte.

Faltaba mucho, a pesar de todo. En este deporte también sucede que a veces la meta parece estar ahí nomás, pero se puede escurrir en un instante, alejarse como el horizonte si no se está atento.

Pero Delbonis supo capitalizar el superávit emocional, volvió a imponerse en el cuarto y fue al quinto con toda la confianza. Quebró en el tercero y quinto game, mantuvo su saque siempre y se llevó el parcial con una holgura más que destacable, que no fue reflejo del partido.

Al piso, de espaldas, luego sentado y rindiéndole tributo al cielo, Delbonis festejó un triunfo que, sabe, fue vital para poder quebrar la serie y avanzar.

El de Delbonis fue sin dudas un partido raro que pasó de la monotonía al éxtasis mismo sin alto vuelo tenístico. Pero qué más da si lo que importa es que sirvió para ensanchar la ilusión de avanzar y seguir soñando en el camino hacia la Ensaladera de Plata. La gran meta.

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