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Del Potro, feliz en Nueva York: "Ahora tengo que empezar a soñar otras cosas"

El flamante campeón del Abierto de Estados Unidos todavía tuvo una jornada agitada en Nueva York. Después de festejar hasta la madrugada con amigos y periodistas, desfiló por programas de televisión, se fotografió en el Empire State y habló en conferencia de prensa. "Es todo como me dijo Roger anoche", comentó.

Martes 15 de Septiembre de 2009

La rutina de los grandes campeones tiene sus obligaciones. El día posterior a la magnífica consagración encontró a Juan Martín Del Potro realizando acciones de protocolo. El tandilense desfiló hoy por diversos programas de TV, visitó el emblemático Empire State y brindó una rueda de prensa. Por la noche emprenderá el regreso a la Argentina. Ya no hay vuelta atrás: la inolvidable victoria que obtuvo anoche ante el suizo Roger Federer obligará a utilizar como sinónimos a "Del Potro" y "el ganador del US Open".  

Del Potro dedicó las horas posteriores a su consagración como campeón del abierto de tenis de los Estados Unidos a festejar con sus íntimos. Hoy amaneció conmovido. "Ahora tengo que empezar a soñar otras cosas", dijo el flamante ganador del US Open con mucho de ambición en su pensamiento.  

La coronación no fue nada sencilla. Batalló más de cuatro horas para doblegar a un Federer que comenzó encendido en el primer set. "Con Roger tenés que jugar 10 puntos todo el partido, y yo no arranqué bien, pero después empecé a encontrarle los puntos débiles", comentó la mejor raqueta nacional que ayer superó al suizo por primera vez en su carrera y emuló a Guillermo Vilas, el campeón en Flushing Meadows en 1977.

Festejo nocturno. Juan Martín Del Potro tenía una innumerable cantidad de motivos para festejar después de haber logrado la hazaña de destronar a Roger Federer en el US Open. Por eso, el pibe de 20 años invitó a sus amigos y los periodistas nacionales para pasar una noche a puro brindis y celebración. Y hoy todavía no cae del cielo, ese que alcanzó con su triunfo: "Cada cinco minutos se me viene a la cabeza la imagen del último punto y me agarran escalofríos".

Después de levantar el trofeo del último Grand Slam del año, el ahora número cinco del mundo se llevó a sus compinches a un restaraunt de Manhattan, donde se quedó hasta la madrugada inundado de felicidad, sin su característica timidez y liberando la alegría contenida durante dos históricas semanas en Flushing Meadows.

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