Ovación

Debería ser un motivo de orgullo

El seleccionado juvenil de la Unión de Rugby de Rosario zafó del descenso pero no de la desidia.

Miércoles 18 de Abril de 2018

La disputa del Nacional de Clubes y del Torneo del Interior quizás opacó un poco la actuación del seleccionado juvenil en el Campeonato Argentino, que no tuvo una suerte distinta a la del seleccionado mayor, y al seven ya que debió jugar por la permanencia, mirando de reojo al temido descenso. Esto marca a ciencia cierta que las cosas se están haciendo mal.
Para encontrar las razones de por qué el Juvenil llegó también a ese punto, hay que dividir el tema en dos cuestiones: una la deportiva y otra la extradeportiva.
Con respecto a la primera, Rosario arrancó el Argentino con una dura caída en Mendoza, ante Cuyo. Una semana después venció a Santiago del Estero y con un partido ganado y otro perdido encaró el Concentrado de Santa Fe. Allí venció a Tucumán (a la postre el campeón del torneo), pero por su posición en la tabla debió jugar ante Salta uno de los partidos del 5º al 8º puesto.
A Tucumán le ganó un partido intenso, donde la cabeza de los jugadores jugó un papel fundamental. Fueron de punto, apretaron los dientes y lo terminaron ganando, pero un try a último momento de los Naranjitas les dio un punto bonus a los norteños y privó a los rosarinos de jugar las semifinales.
Con Salta pasó al revés. Si bien ya contó en su plantel con los cuatro Pumitas que volvieron de Sudáfrica, Rosario no asumió que era banca y lo pagó. Perdió y tuvo que jugar el siguiente encuentro (otra vez ante Santiago del Estero) con la presión de saber de que si no ganaba, se iba al descenso. Rosario, fiel a su historia, ganó y terminó el Concentrado con dos victorias y una derrota.
La diaria, un lucha
El otro aspecto, no menos importante, tiene que ver con lo que tuvo que vivir el plantel en la diaria desde que arrancó la pretemporada. El trabajo fue bueno, pero hubo cosas que lo opacaron ya que la preparación que tuvo el equipo fue muy complicada y pasaron cosas que diezmaron el potencial que tenía.
Por ejemplo al no tener un lugar fijo de entrenamiento para practicar deambuló por distintas canchas (Jockey Club, Duendes, Los Caranchos, Old Resian y Universitario), ignorando semana a semana dónde le tocaba hacerlo. Los elementos para practicar tampoco les fueron suministrados en tiempo y en forma como un seleccionado requiere, ni siquiera para el Concentrado. Los conitos eran propiedad del preparador físico y las bolsas de tackles o escudos, por ejemplo, si las conseguían eran por la buena voluntad de los clubes y no porque haya habido alguna gestión previa al respecto.
Hubo clubes que tampoco colaboraron demasiado. Una docena de jugadores estuvieron ausentes en gran parte de la pretemporada ya que realizaron distintas giras por el exterior con sus clubes (hasta ahí podría ser entendible) pero luego las mismas instituciones hicieron uso de los convocados, exponiendo al jugador o simplemente dejándolos en el medio de una puja política, alegando que "eran jugadores del club".
En este contexto, como era de esperar, ya desde el vamos los entrenadores no pudieron armar el equipo que tenían en mente porque no pudieron contar con todos los jugadores. Y pudo verse en la misma pretemporada cuando todos los fines de semana Rosario presentó distintos equipos en los amistosos, y también en el debut ante Cuyo, que debió salir a la cancha con un apertura y un centro que no habían jugado nunca. Las lesiones de dos o tres jugadores importantes, también hizo mella. Así planteada las cosas, dentro de este panorama fue más que digno lo que hicieron los chicos en el campeonato.
Pero hay más. Hay un dato no menor en este rugby cada vez más competitivo: Rosario fue la única Unión que jugó el campeonato sin la asistencia de un analista de video. También fue la única que en su staff no trabajó mancomunadamente con la gente del Pladar, como sí lo hicieron Mendoza, Córdoba o Tucumán, por ejemplo.
En este verdadero cambalache la dirigencia merece una mención aparte. Sólo algunos dirigentes se acercaron al equipo. Apoyo hubo poco, muy poco. Eso sí, la mayoría dijo presente cuando le ganaron a Tucumán y desaparecieron misteriosamente cuando perdieron con Salta. Ni siquiera fueron a saludar, ignorando el esfuerzo que hizo el staff y los jugadores para representar a la Unión, más allá de los resultados. En ese sentido hubo chicos que venían a entrenar cuatro veces por semana desde Venado Tuerto (son más o menos tres horas y pico de viaje), practicaban y se volvían, pagando de sus bolsillos los boletos y lo que podían llegar a comer ante la desidia dirigencial, porque lisa y llanamente hubo dirigentes que esto no lo sabían y era porque no estaban cerca del equipo.
Pero lo más lamentable de todo es que no solamente no valoraron lo que estaba haciendo este grupo con lo poco que tenía, sino que además, a la hora de hablar, fueron muy críticos sin asumir que parte de este presente era por su culpa.
No es necesario que Rosario se vaya al descenso para abrir los ojos. Jugar en el seleccionado debería ser un motivo de orgullo para el jugador y para el club, pero no es así. Hay clubes que no lo entienden de esa manera y la Unión hace poco para que ponerse la camiseta del Ñandú sea algo distintivo y no un castigo.
Esto intenta ser una crítica constructiva para el bien del rugby de Rosario, para que la Unión y los clubes valoren el trabajo de jugadores y entrenadores de turno y tiren, de una vez por todas, todos para el mismo lado. No pretendamos que las cosas cambien, si siempre hacemos lo mismo.


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