Rusia 2018

Debe volver a ser el Zurdo de Casilda

Sampaoli necesita sacarse las ataduras y creer con humildad que sólo podrá conducir a esta selección si no se hace trampa a sí mismo.

Miércoles 20 de Junio de 2018

Se presumía que Rusia 2018 podía presentar un rival adicional en algún momento de la competencia. Lo que no estaba en la cabeza de nadie era que esa dificultad extra estuviera agazapada y saltara a escena tan pronto. Ya en el segundo partido, la selección argentina está en la antesala de una final repentinamente decisiva. Jorge Sampaoli asume que se equivocó. Acepta que en la preparación del estreno ante Islandia la información futbolística que recabó no fue de la mano con la indagatoria psicológica que les hizo a los jugadores durante los días previos en la concentración en Bronnitsy. Por eso, el Zurdo falló en la lectura que realizó del escenario anímico que perturba constantemente a este grupo. Y ahora está pagando las consecuencias.

Sampaoli necesitó de una actuación vacía en todo sentido, como fue la del estreno ante Islandia en Moscú, para entender que su equipo entró en crisis ya en el primer partido del mundial. No es la intención ser apocalípticos, pero el DT casildense entendió que la situación era más grave de lo que imaginaba. Lo notó en las charlas que tuvo después del empate cara a cara con algunos y en las grupales. Advirtió que los más grandes del plantel todavía están aturdidos. Tampoco es fácil entrarles a Messi, Mascherano, Di María, Agüero y siguen las firmas. Es una generación extraña. No son camarilleros ni premeditadamente destituyentes. Pero sí son lejanos y autosuficientes. Muchas veces creyeron que podían solos. Sobre todo, después de la épica que conocieron cuando llegaron a la final contra Alemania en Brasil 2014, pero el paso de los meses y los malos resultados les hirieron el orgullo hasta transformarlos en un grupo hermético. Muy cerrado. Casi impenetrable.

Para colmo, el Zurdo siempre observó esto que ahora le toca vivir en carne propia, desde lejos. Es que su contacto con los planteles de elite fue fugaz. Su ascenso fue tan meteórico en los últimos años que chocarse con lo desconocido le hizo pisar el palito de la equivocación. Es cierto que la piloteó en la selección de Chile y se las ingenió para dejar su huella con la obtención de la Copa América en 2015.

Pero quienes lo conocen desde sus inicios pueden dar fe que recién ahora se codeó con el glamour y con los reflectores de las luces de neón. Quizás por esto mismo nunca pudo ser él y se dejó tentar por la autogestión que ejercían los líderes del plantel argentino. Tal vez le convendría pegarse una vuelta por el pasado para empezar a reconocerse de nuevo. Viajar más de veinte años atrás para encontrarse con el técnico que conducía con rebeldía a Alumni y soñaba con estar en el lugar que hoy ocupa.

Aunque parezca una pequeñez, la única manera que tiene de evitar su derrumbe y la de un plantel que vive más frustrado que liberado es volver a las fuentes en pleno mundial. Sampaoli no fue Sampaoli en la magnificencia de Moscú ni en los lujos de la concentración en Bronnitsy. El retrato en el que debe mirarse cada mañana es cuando dirigía a Alumni, Belgrano de Arequito, Aprendices Casildense y Argentino en Rosario, entre canchas peladas como su calva cabeza y vestuarios sin agua caliente. O cuando después del mediodía se escapaba del trabajo de cajero en el Banco Provincia de Santa Fe, en Casilda, y volaba con un viejo Fiat Duna hasta Barrio Sarmiento para conducir entre conos y estacas, toda una extrañeza para esos tiempos en la Primera B, la práctica salaíta.

Tiene que volver a ser el Zurdo químicamente puro. El papá ejemplar de Alejandro y Sabrina. Todavía hoy recuerdan a aquel petiso con pinta de engreído y mandón. No a esta carmelita descalza que desde que está en la selección argentina, pone a un equipo que no representa su ideal y está lejos de lo que él entiende que es el fútbol.

Aún están vigentes aquellas imágenes que lo retratan como un entrenador que sobrepasaba largamente la categoría en la que dirigía, con su despliegue de cintas en los ensayos y el famoso pedido de cien pelotas al ex presidente de Newell's Eduardo López, quien fue el que lo descubrió y le propuso dirigir a Argentino. Aquel Zurdo de dimensión artesanal, quien ya incursionaba en la edición de videos grabando en VHS los partidos de sus rivales en la Primera D, y les exigía a jugadores profesionales que mantuvieron el espíritu amateur. Fue la época en la que los clubes chacareros comenzaron a conocer a un entrenador que ya pensaba como técnico de la selección. Si hasta quedó para la posteridad aquella foto subido a un árbol dando indicaciones porque lo habían echado de un partido.

Si lo logra en menos de dos días, la selección jugará el partido trascendental contra Croacia con la marca de fábrica del Sampaoli que hizo historia cuando con un pasaje de avión y una mochila como muda decidió dejar Casilda para conquistar el mundo.

El árbitro, un viejo conocido

El uzbeko Ravshan Irmatov será el árbitro del partido entre Argentina y Croacia. Ya dirigió dos partidos de la selección en mundiales, ambos en Sudáfrica 2010, cuando Diego Armando Maradona era el técnico: en el 2-0 sobre Grecia que cerró la etapa de grupos y luego en la derrota por 4-0 con Alemania, por los cuartos de final, que marcó la eliminación de la Argentina de aquel certamen.

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