Ovación

Debe mover la estructura

Para el choque  contra Colombia en cuartos, Martino necesita correr unos metros más atrás al equipo para disimular la merma física de la que habla.

Lunes 22 de Junio de 2015

Si se trazara una curva de rendimiento de lo que mostró la selección argentina hasta ahora en la Copa América, seguramente el gráfico mostraría con nitidez a un electrocardiograma. Basta ensayar un repaso de las actuaciones contra Paraguay, Uruguay y Jamaica para reforzar la sensación de que el funcionamiento colectivo sufrió algunos crujidos. Es más, si hasta el momento esta inestabilidad no tuvo la fuerza de una señal de alarma fue porque se cumplió con la lógica de ganar el grupo. Pero esto de ninguna manera debe acomodar las impurezas que se observaron debajo de la alfombra y entregar los mismos signos de desacomodamiento en cuartos de final contra Colombia. Porque si algo se notó, sobre todo en la exigua victoria ante Jamaica, fue que la inmensa estatura de los nombres propios no siempre le dan sentido a un sistema.
Quizás la explicación que aparece más a mano sea la de los engranajes desaceitados y no se estaría mintiendo. El equipo lució distante de la pretensión madre que intenta inculcarle Gerardo Martino. Por más que el Tata haya acomodado su discurso diciendo que quedó muy conforme con el primer tiempo ante Paraguay y por los 75 minutos frente a Uruguay, la fotografía de la realidad entrega otra cosa. No conviene detenerse sólo en eso porque los siete puntos logrados apenas tapizaron de certezas estadísticas el camino hacia la clasificación para estar entre los ocho mejores del torneo.
De cara a la verdadera Copa América que arranca en los choques eliminatorios, lo primero que debe hacer Argentina es no mentirse a sí mismo. Porque si el equipo no está convencido de que  moviéndose en bloque y masticando cada jugada es el mejor atajo para zarandear al rival que se le ponga adelante, no lo debe hacer. Mucho menos si no hay un soporte físico para sostener esa intención, como puntualizó Martino luego de la preocupante victoria conseguida contra los jamaiquinos.
Estas líneas persiguen como objetivo primario que Martino revea drásticamente apellidos y modifique una estructura que él ya dijo que no la cambiará. Lo que sí se impone atender es la distribución de piezas para flexibilizar la decisión estratégica. A Martino no tendría que caérsele los anillos por armar una zona media con Mascherano parándolo unos metros más atrás y jugando como si fuera un tercer central. Es una posición que no le resultaría incómoda y además permitiría fortalecer una línea de volantes con Biglia, Banega o Pastore y Di María. Eso sí, el molde de ataque quedaría integrado por dos delanteros (Messi y Agüero).
De esta manera se tocaría apenas un nombre en caso de que juegue Banega por Pastore, o se apostaría por los mismos pero parados algo más emboscados contra el arco de Romero.
También el equipo al correrse unos metros más atrás ahorraría oxígeno en esa búsqueda que muchas veces resultó infructuosa. Además reduciría la    posibilidad de partirse al medio como ocurrió en el segundo tiempo frente a Paraguay y en los últimos 15’ contra Uruguay.
Si es cierto lo que intuye Martino que el equipo acusa una merma física en el último tramo de los partidos, ya necesita disimular esa falencia reacomodándolo colectivamente. Lo aconsejable en estos casos es mover unos metros la estructura con los mismos nombres, porque cualquier movida masiva de otro tipo sería correr un enorme riesgo ahora que empiezan los partidos a cara o cruz.

Rectificar cuando está en ventaja

No sólo es una sorpresa que Argentina haya convertido apenas cuatro goles en tres partidos, sino que también llama poderosamente la atención que el equipo se desinfle a la hora de mantener la ventaja. Es como si estar arriba en el marcador lejos de ganar en tranquilidad lo perturbara. Y eso es realmente un pecado capital en una formación en la que coinciden jugadores con el nivel de competitividad de Messi, Agüero, Di María, Mascherano, y siguen las firmas con Tevez, Higuaín o Pastore.
Lo concreto es que en los tres partidos que disputó, de una u otra forma, siempre terminó arrinconado. Si contra Paraguay el partido seguía unos minutos más lo probable es que lo perdiera. Ante Uruguay terminó pidiendo la hora y con Jamaica también lo apretaron. Ojalá sea una cuestión física porque a eso está a tiempo de corregirlo. En cambio, si es mental se puede pagar muy caro.

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