De la zurda de Malcorra a la zurda de Campaz
Central volvió a exhibir falta de juego y tuvo que apelar a una acción aislada para ganar el partido. En el clásico fue el 10 y ahora le tocó al colombiano.

Viernes 06 de Octubre de 2023

Por momentos se hace difícil analizar con rigurosidad la campaña de este Central que futbolísticamente no termina de arrancar, pero que sigue sumando y soñando con el ingreso a una copa internacional. Y ese reposicionamiento lo logró después de otro partido en el que encuentra un triunfo ajustado y por una jugada. Hace una semana fue el tiro libre de Ignacio Malcorra, ahora una sutileza de Jaminton Campaz. Muy poquita siembra para semejante rinde. Eso sí, en esta ocasión quedó demostrado más que nunca que el colombiano es la principal arma en ofensiva que tiene el canalla. Cuando salió, el equipo nunca más inquietó.

Claro que suena contradictorio hablar de este tipo de deficiencias que exhibe el equipo en medio de dos triunfos formidables desde lo numérico, pero es lo que hay. Ojo, nada de eso le quita mérito a esta escalada que metió en apenas 180 minutos de juego.

Lo de Central fue más o menos interesante en la medida que Campaz intentaba algo por izquierda, pese a que sus valencias físicas no eran las ideales porque a los 3’ ya comenzó a evidenciar dolor. Pero claramente el colombiano hoy es la carta principal del equipo en ofensiva. Y cuando la perdió ya no fue lo mismo.

Russo decidió sacarlo en el entretiempo por ese dolor en la cadera y no fue sólo algo menos de desequilibrio, sino otra postura desde lo futbolístico, que trajo aparejada incluso en cierta forma una modificación en el esquema. Porque no se sabe si fue la postura propia o la superioridad de Huracán lo que llevó al equipo a pararse con dos líneas de cuatro (con O’Connor y Lovera por derecha e izquierda respectivamente) y con Malcorra flotando detrás de Cervera.

Lo cierto es que jugando de esa forma el canalla comenzó a sufrir el partido más de la cuenta, sin la posibilidad de generar peligro en el arco de Chaves y, por momentos, quedando a expensas de las intenciones y la capacidad de Huracán.

Fue esa postura demasiado cautelosa del complemento lo que motivó que el equipo se resigne a aguantar de la manera que podía. Pero como cada historia, hay un final que la transforma en buena o mala, y al igual que en el clásico, este nuevo acto del canalla tuvo un desenlace regado de felicidad. Otra vez “una jugada” para ganar un partido.