Ovación

De esto sí se habla

Abusos en el ámbito familiar, eclesial y escolar. ¿Por qué no habría de haber abusos en el deporte y en el fútbol?

Domingo 08 de Abril de 2018

Abusos en el ámbito familiar, eclesial y escolar. ¿Por qué no habría de haber abusos en el deporte y en el fútbol? Ya la campaña "Rompé el silencio", del Fondo de Naciones Unidas, Unicef y el Ministerio de Justicia, develaba en 2016 una cifra alarmante: "Una de cada 5 niñas y uno de cada 13 varones" pudo o puede ser víctima de abuso antes de los 18 años, datos ligados con relevamientos nacionales y de la Organización Mundial de la Salud (OMS). El problema entonces no parece nuevo y mucho menos acotado al ambiente del fútbol, que ahora está en la mira mediática tras una serie de casos de abusos denunciados ante la Justicia y públicamente. Lo bueno es que ahora esos maltratos o posibles redes de trata se visibilizan. No son pocos los que ligan esa apertura a la revuelta feminista que viene repitiendo las premisas "#NOesNO" o "Mi cuerpo es mío", para todas y todos. En el deporte comenzó a ponerse en palabras lo que se venía callando, se investigan casos de varones abusados por hombres con poder no sólo económico sino de persuasión. Pero si que se rompa el silencio parece un avance y un alivio para las víctimas, hay varios retrocesos cuando el escándalo en los medios tapa lo verdaderamente grave: el delito sobre menores vulnerables, alejados de sus hogares y con carencias económicas, a quienes la violencia que padecieron o padecen hiere mucho más que sus vidas futbolísticas. Ovación dialogó con quienes trabajan con jóvenes que sueñan ser talentos. Tanto en Rosario Central como en Newell's hay adolescentes que se crían prácticamente en los clubes. Quienes los forman y cuidan creen que "sí hay que hablar" del tema y contaron cómo trabajan con sentido de prevención. También dieron su opinión técnicos de inferiores de otras épocas.

Ni pensión ni hotel: "casa"

Cuando quienes trabajan desde hace tres años con los jóvenes jugadores de Rosario Central advierten que allí no se habla de "pensión u hotel sino de casa de juveniles" dan cuenta de toda una posición de trabajo, no sólo de una cuestión semántica. La directora del lugar en Granadero Baigorria, Natalia Lascialandare; el director deportivo, Lucas Maggiolo, y el psicólogo Hernán Reynoso aseguran que la casa no es una residencia transitoria ni precaria sino un lugar donde 49 pibes becados (de 150 juveniles en total), de entre 11 y 18 años que arriban desde Jujuy a La Pampa y también desde Chile, viven todo el año en condiciones lo más hogareñas posibles.

   "No somos la casa ni la familia de donde se desarraigan, pero somos un grupo interdisciplinario de más de 100 personas intentando que este no sea sólo un proyecto futbolístico sino integral, no formamos sólo jugadores sino personas, más cuando se tiene en cuenta que las estadísticas hablan de que cada 10 mil jugadores uno firma contrato", dice Maggiolo, quien enumera que en el equipo hay desde técnicos y preparadores físicos hasta educadores, médicos, psicólogos, tutores y conserjes. Y añade: "A todos nos rige un reglamento, de aquí nadie sale sin autorización ni identificación, hay horarios claros y responsabilidades".

   Es todo un detalle que una mujer esté a cargo de un lugar que siempre fue dirigido por varones. Pero Lascialandare resalta en más de una oportunidad durante la charla que más importante aún es tener una perspectiva de género, que es con la que se trabaja cuando se apunta a la formación "integral" y no sólo con los jugadores sino con los adultos que trabajan con ellos.

"Acá discutimos entre todos sobre derechos humanos y educación sexual integral, lo que incluye hablar de violencia y abusos, y contamos con la escuela y las familias para abordar esos temas", dice la directora antes de señalar que los colegios a los que asisten los jóvenes son públicos y mixtos (el Nº 422 y el 330) y acuden con movilidad escolar propia.

Sobre la importancia de la escolaridad surgió una anécdota. Un chico de la reserva, impulsado por un compañero, comentó en una práctica que había retomado el secundario. Todos lo aplaudieron en la práctica. "La idea es que jugadores y cuerpo técnico, todos, valoremos la escolaridad", señalaron los directivos.

   En tanto, Reynoso resaltó un aspecto que se valora especialmente en el trato con los jóvenes y que nada tiene que ver con el silencio. "Es fundamental que los chicos se expresen, pero no sólo con nosotros los psicólogos, sino con los técnicos, con el kinesiólogo, en las jornadas con padres, en las salidas. Así hay menos posibilidad de que se pasen por alto acciones abusivas propias del discurso y las acciones machistas. Sin dudas este contexto de avance feminista obliga a la escucha y habilita a la denuncia".

   Los chicos de Central no sólo entrenan y van a la escuela sino que se recrean dentro y fuera del club. Van al cine y esta semana, especialmente, fueron de paseo al circo. Tienen espacios para leer, acceso a computadoras y a la televisión, comen juntos y se relacionan con chicas y chicos de otros deportes: lo que hace todo adolescente.

   Las autoridades de la casa prefirieron que los jugadores no participen directamente de la nota, por considerar que el momento es muy sensible para quienes se alojan en clubes.

"Ya circulan chistes entre ellos y eso preocupa. El tema de los abusos es serio, no para banalizar", dijo el psicólogo. Pero se los pudo ver jugar al ping pong y merendar mientras la cocinera y la moza, Eleana y Juani, confesaron que por sus mesas pasaron Pablo Becker y Diego, Federico "Pachi" Carrillo, Leonel Rivas, Emmanuel Ojeda, Joaquín Pereyra y Marcelo Miño, entre otros de los que llegaron al plantel profesional.

Junto a ellas y cuidando de cerca también estuvo uno de los tres conserjes, Ismael Caballero. "Acá les tengo la ropa preparada", dice mientras apunta a camperas y pantalones iguales y pulcros que los jugadores visten por el predio. También los acompaño al médico o a la escuela. Uno los cuida todo el tiempo, como si fuera un segundo papá", comentó.

El sueño de llegar a primera

Cinco de la tarde. Ocho jugadores de entre 15 y 18 años meriendan café con leche y vanillas en jarros con el escudo rojinegro. La televisión está clavada desde hace una hora y cuarto en el partido entre Barcelona y Roma. La escena tiene marca por zona: a pocos pasos de la mesa también mira la tele el cuidador José "Pepe" Valdivia, el que les acaba de servir la merienda, espera que termine de enjuagar el lavarropas que está en marcha y tiene listas tres cajas repletas de frutas para repartir más tarde. Todo sucede en la pensión de juveniles de Newell's Old Boys, ubicada en el estadio Marcelo Bielsa, justo debajo del palco presidencial.

   Ovación visitó el lugar en mal momento: no se interrumpe ni con una nota un partido donde juega Leo Messi, uno de los ídolos del club. Sin embargo, no sólo los pibes dijeron algunas palabras. También habló el coordinador del lugar, el psicólogo Guillermo Castro, quien confesó que desde que se dispararon las denuncias por abuso en la pensión de Independiente (una saga que incluyó un supuesto hecho de abuso que salpicaría al club del Parque, ocurrido durante la gestión del ex presidente Eduardo López y relatado por Natacha Jaitt) no deja de contar a "medios, padres y representantes cómo se viene trabajando desde hace un año y medio" en el club del Parque, el lugar donde se criaron como adolescentes y futbolistas desde Gabriel Heinze, Gabriel Batistuta y Abel Balbo hasta Braian Rivero, Ezequiel Unsain, Joaquín Varela y Enzo Cabrera.

   "Mi sueño es llegar a la primera". La frase la repiten Lucio Almada, de Corrientes; Bruno Bogado, de San Nicolás; Gabriel Miranda, de Venezuela, y Yilmar Celedón, de Colombia. Pero uno de ellos se anima y va por más: "También quiero tener proyección y jugar en la selección", dice el cordobés Gonzalo Savy, de Cruz Alta y con cuatro años en la pensión, la cara opuesta del colombiano, con apenas un mes aunque ya evalúa a favor. "Estoy bien, amañado: voy de casa al entreno".

   El grupo retrata una postal apacible de un lugar que nació en 2012 y en el que conviven 47 jugadores fijos y 10 a prueba (de un total de 350 juveniles). Los de la residencia van de los 12 a los 17 años, la mayoría tiene representantes, provienen de distintas provincias argentinas y países de América.

"Lo que se denuncia no me sorprende porque abusos hay lamentablemente en todo ámbito. Podemos dar cuenta del trabajo desde que asumimos en esta labor, no de lo que pudo ocurrir antes. El tema nos ocupa y preocupa desde siempre. Estos jóvenes son vulnerables porque están lejos de su casa. Tratamos de darles contención, seguridad, que sientan apego. Nuestra manera de prevenir estas situaciones y otras en torno a las adicciones, las redes sociales o la sexualidad es con trabajo colectivo, charlas y diálogo con los chicos y formación de quienes estamos a cargo", dijo Castro, uno de los profesionales que trabaja bajo la órbita del director deportivo Martín Mackey, quien justamente estuvo presente esta semana en la reunión que tuvieron los representantes de clubes con legisladores provinciales, convocados por Joaquín Blanco.

   "Estos hechos no se circunscriben al fútbol, de eso da cuenta la Organización Mundial de la Salud. Debemos estar atentos, pedirles a los chicos que nos informen a los adultos si un compañero esta pasando por algo así", había dicho Mackey.

   La pensión de Newell's tiene dos plantas, una galería de camisetas firmadas por sus ídolos lleva al comedor y de allí se va a los dormitorios. En Bella Vista (Perón al 8000) entrenan de mañana los más chicos y, los más grandes, de tarde. En contraturno van al colegio mixto (Complejo Integral Educativo Newell's Old Boys, en Corrientes 1845), almuerzan, tiene momentos de recreación en la pileta, con la play, fútbol-tenis, socializan con otros deportistas, participan de cenas temáticas, estudian y hacen sus tareas, para lo que cuentan con psicopedagogas, tienen cuidadores, a las 23 están en la cama y los fines de semana juegan.

"Si salen, alguien del staff de entrenadores, a quienes nosotros llamamos formadores, deben acompañarlos. Los cuidamos, pero nadie, ningún club o colegio puede confiarse: los riesgos están y hay que enfrentarlos", dijo Castro.

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