Ovación

De espaldas al fútbol

Con o sin VAR, los errores arbitrales son determinantes en los resultados de los partidos. Conmebol y AFA convalidan este sistema de injusticia y fortalecen así las sospechas del público.

Jueves 01 de Agosto de 2019

El avance de la tecnología y la buena utilización de sus herramientas en la mayoría de los casos fomenta el desarrollo, el perfeccionamiento y la capacitación. Pero claro, como su aplicación está íntimamente vinculada a la participación del ser humano, las bondades muchas veces se transforman en perjuicios por mala praxis, ya sea por ineptitud o corrupción. Y es en este encuadre en el que habita el fútbol, porque hasta con el recurso del video asistencia del referí (VAR) los árbitros se equivocan, casi como fervientes militantes del error.

   La puesta en marcha de este recurso por la Conmebol en poco tiempo sembró de malos antecedentes en todo Sudamérica. El último fue el inexistente penal que sancionó el martes a la noche el uruguayo Esteban Ostojich a favor de Palmeiras y en contra de Godoy Cruz. El juez recibió un llamado desde el VAR para revisar una hipotética mano de Joaquín Varela, la que fue tan imperceptible como reglamentariamente no punible. El inexplicable yerro derivó en la apertura del marcador y fue determinante para el desenlace.

   Sería redundante profundizar en las tantas groserías que se cobraron haciendo un uso indebido del VAR, un recurso que justamente por su paupérrima utilización, por impericia o dolo, lo único que logra es darle mayor obscenidad a la injusticia que imparten varios de los árbitros.

   Parece inconcebible que la tecnología que ha logrado en otros deportes reducir en forma considerable el margen de error, en el fútbol sudamericano provoque todo lo contrario.

   Pero no es casualidad, porque todo está vinculado de manera directa con la probidad e integridad de quienes conducen, en definitiva la génesis de todo lo que sucede.

   Por eso tampoco llama la atención lo que sucedió en la primera fecha de la Superliga, donde las barbaridades arbitrales fueron un común denominador, tan impúdicas que hasta sin la disponibilidad del VAR fueron de fácil comprobación.

   Tal vez por esto es que la AFA del Chiqui Tapia dilata la implementación del sistema de video, fundado en ese principio individual de que nadie está obligado a declarar en su contra.

   Claro que ni la Conmebol con el uso del VAR, ni la AFA sin ese recurso, corrigen las formas en pos de garantizar la ecuanimidad que el fútbol exige. Y no lo hacen a sabiendas de que eso implicaría remover a los responsables de las áreas específicas, quienes en definitiva son funcionales a los intereses de los que gobiernan los respectivos organismos.

   Pero como el fútbol se juega por plata, los daños que provocan los malos arbitrajes tienen costos importantes, y los anticuerpos deben partir de los propios damnificados, es decir de los clubes, cuyos directivos tendrán un rol determinante para revertir este perverso sistema, salvo que ellos también formen parte de la domesticación que propone el poder de turno.

   Y no es un tema menor el de los perjuicios que producen los malos desempeños arbitrales, porque desde la clasificación a torneos internacionales hasta la determinación de los descensos, todo se mensura en grandes cifras económicas.

   Por eso genera tanto fastidio e indignación cuando los yerros son tan notorios, los que dejan sin argumento a aquellos jueces que solían defenderse cuando decían “los periodistas y los hinchas pueden revisar la jugada una y mil veces por televisión, en cambio nosotros tenemos que resolver sobre la marcha”. Hoy con VAR ratifican las malas decisiones. Y ya no se trata de un juez, sino de muchos.

   Pero en el fútbol local, y sin VAR, también se producen fallos tan visibles como inadmisibles. Y esto recién empieza.

   San Lorenzo le gana a Godoy Cruz a instancia de un penal que en el final Andrés Merlos concede por una inexistente infracción de Cardona a Ferrari.

   Vélez se queda sin la chance de poder empatarle a Talleres porque Ariel Penel ignoró una infracción de Navarro a Galdames en el área.

   Huracán fue privado de disponer de un penal ante Boca porque Diego Abal no sancionó el derribo de Campuzano a Garro. Y después el árbitro omitió o compensó porque tampoco cobró uno que le hicieron a Tevez.

   Aldosivi también fue víctima de las malas decisiones, en este caso del juez de línea Manuel Sánchez, quien le anuló un gol válido por una posición adelantada de Burbano que no existió, y así los marplatenses no pudieron igualar con Estudiantes.

   Y en el último partido de la fecha fue Central el damnificado, porque Néstor Pitana omitió sancionar un penal claro en el que Bianchi derriba a Lovera con ambos brazos.

   En este contexto, los organizadores del fútbol sudamericano en general y del argentino en particular, con VAR o sin él, están dándole al deporte más popular de estos lares el golpe de gracia, porque lo están vaciando de la poca credibilidad que le queda, ya que a la sospecha la están convirtiendo en certeza.

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