Cuando los futbolistas negros no podían entrar al vestuario
Jugar al fútbol durante el apartheid era duro y cruel. Los negros no podían entrar en los vestuarios. Es lo que hoy recuerda Edward Magents Motale, una de las leyendas futbolísticas de Sudáfrica.

Miércoles 09 de Junio de 2010

Pretoria.- Jugar al fútbol durante el apartheid era duro y cruel. Los negros no podían entrar en los vestuarios. Es lo que hoy recuerda Edward Magents Motale, una de las leyendas futbolísticas de Sudáfrica.

De su apariencia se puede inferir que a sus 42 años Eddy no es muy distinto al aguerrido defensor conocido como el Pretoria Boy que, en 1995, capitaneó a los Orlando Pirates hacia la conquista de la Liga de Campeones Africana. Poco después, su equipo ganaría la Supercopa de Africa, y él pasaría a integrar el plantel que consiguió la máxima conquista para la Bafana Bafana ("los chicos", en lengua zulú, como se conoce a la selección sudafricana), la Copa Africana de Naciones de 1996.

“Aquellos fueron nuestros años de gloria, lo que hicimos nos convirtió en leyenda”, asegura en el césped del Arcadia Stadium de Pretoria, donde dio sus primeros pasos, antes de convertirse en futbolista profesional.

Tras la conquista de la Supercopa Africana con Orlando Pirates, el popular equipo del barrio negro de Soweto, el township, fue recibido con honores por Nelson Mandela, quien se había convertido en el primer presidente negro del país. “No lo olvidaré nunca”, afirma Eddy sobre aquel momento.

“Pasaron catorce años y aún estoy orgulloso, ningún equipo de Sudáfrica volvió a conseguir lo que nosotros hicimos”, agrega. Con la Bafana Bafana ocurrió lo mismo, ya que la selección nacional no logró superar lo que consiguieron los chicos del 96.

Eddy, sin embargo, adquirió fama y notoriedad en Orlando Pirates, dónde los seguidores del mítico club lo bautizaron como Magents, un término que se utiliza para referirse al típico ”chico” de township con el que todos se identifican.

Nacido de Mamelodi, una populosa barriada del nordeste de Pretoria, Eddy comenzó a jugar al fútbol en la escuela, a los 9 años. “En el township todos jugábamos al fútbol”, cuenta. El rugby era para los blancos, y el fútbol era el deporte preferido en los suburbios a los que fueron confinados a vivir los negros durante el régimen segregacionista que rigió en el país durante casi 50 años.

En el comienzo, las leyes establecían el funcionamiento de varias ligas según el color de piel: blancos, bantus (negros) y mestizos. Luego comenzaron a permitirse los equipos mixtos. En uno de ellos, el Arcadia Shepherds de Pretoria, fue donde Motale inició su carrera. “Jugué en el Arcadia entre 1981 y 1986”, explica Eddy, sobre el césped de aquel estadio, que le trae tantos recuerdos.

Eran tiempos del apartheid y jugar al fútbol, mucho más que cualquier otro deporte, significaba soportar todo tipo de vejaciones. “Fue muy duro, éramos solo dos jugadores negros en el equipo”, sostiene Motale, que entonces era un adolescente.

“Como yo era buen jugador, mis compañeros, dentro de todo, me trataban bien. Pero yo no podía entrar en los vestuarios. Ellos se cambiaban dentro y yo fuera, no tenía permitido entrar”, relata. ”En cambio, de los oponentes tenía que soportar insultos, agresiones, y hasta me llegaban a escupir”, apunta con indignación.

“Los hinchas a veces eran arrogantes. Cuando jugaba bien me trataban bien, pero sino también recibía agravios de ellos”, subraya.

Llegó un momento en el que Eddy no soportó más y le dijo a su padre que ya no quería seguir en ese equipo, pero él lo animó a continuar. “Me dijo que no pensara en la gente que me insultaba, sino que luchara, que no bajara los brazos”, afirma evocando las palabras de su progenitor.

Su carrera continuó en los Jomo Cosmos, un equipo de Primera División Sudafricana donde estuvo desde 1986 a 1992,cuando fue comprado por Orlando Pirates.

Eddy había afinado tu técnica en polvorientas calles de Mamelodi y a los 25 años ya era un defensor fuerte y hábil, un fiel exponente del llamado “estilo africano” que tanto gusta a los seguidores de los Pirates.

Su pase costó 100.000 rands, unos 10.000 dólares de ahora. “No era mucho dinero, pero yo recibía 3.000 rands (700 dólares) al mes, y me servía para ayudar a mi familia”, señala. En los Piratas, Eddy desarrolló una gran amistad con Mark Fish, quien se convertiría en uno de los futbolistas blancos más famoso de Sudáfrica, uno de los Madiba Boys (chicos de Mandela).

El apartheid había llegado a su fin, y Motale solía ir a la casa de Fish con su auto escuchando música a todo volumen la canción Kwaito –género negro- "Don't call me a Kaffir" ("No me llames Kaffir", término ofensivo para referirse a los negros en Sudáfrica) lo que significaba todo un desafío en aquel entonces.

Política y deporte no eran compartimentos separados. La transición había sido un éxito en términos de estabilidad política, y la Bafana Bafana había regresado a la competición internacional en 1992, tras la liberación de Nelson Mandela.

“En pocos años demostramos que éramos buenos. Queríamos ganarlo todo, ser los ”reyes de Africa”, dice Eddy, cuya convocatoria coincidió con su mejor momento en Orlando Pirates.

“En aquellos tiempos era más fácil armar un equipo. Nosotros amábamos lo que hacíamos. Casi todos jugábamos en Sudáfrica. El talento estaba aquí”, subraya, respecto a la fórmula de éxito de la Bafana Bafana de 1996.

En cambio, “ahora muchos jugadores están en el exterior, porque acá no hay dinero, pero no son titulares, y esto supone una pérdida de talento”, opina sobre el equipo sudafricano, que este viernes enfrentará a México, en la inauguración del Mundial de Sudáfrica 2010.

Aún así, Eddy cree que la Bafana Bafana puede hacer un gran mundial: “Siempre somos una sorpresa. Los sudafricanos somos optimistas. Incluso cuando ganamos la Copa Africana nadie daba nada por nosotros”, apunta.

“Hay una nueva onda, volvieron las vuvuzelas –esas tradicionales trompetas de plástico que hacen un ruido ensordecedor- y la selección juega con el corazón, con un estilo atractivo. Es como el fútbol que se juega en las calles, por eso a la gente le gusta tanto”.

Tras retirarse a los 33 años, Eddy se dedicó a entrenar equipos pequeños como el Mams Teachers FC. “Yo no hice dinero, porque en esa época no había mucho el dinero. Pero no me arrepiento. Me siento orgulloso de la contribución que he hecho al fútbol de mi país”, comenta.

A pesar de que en Sudáfrica es conocido como una de las leyendas del fútbol local, Magents no goza del reconocimiento mediático de algunos de sus ex compañeros de equipo. Su fama, en cambio, pervive en el corazón de los pobladores de los townships de Pretoria y Soweto. (Télam)