Lunes 16 de Abril de 2018
El rendimiento del colombiano iba en ascenso. Venía de ser figura en la noche copera del jueves pasado ante San Pablo, en el Gigante de Arroyito. Era como que tenía los planetas alineados desde que llegó al equipo. Una garantía en el fondo.
Ayer pintaba para ser el mejor canalla. Apretaba cuando era necesario. Mostraba la garra en otros pasajes. Quitaba con precisión de cirujano cuando se lo proponía. Anulaba al Oso Pratto y a Nacho Scocco a su antojo. Sin despeinarse.
Pero cuando rechazó una pelota cerquita de Ledesma quedó tendido en el piso. Sus brazos se elevaron al cielo y flameaban sin cesar en el ventoso estadio riverplatense. Automáticamente el banco se percató de que algo grave sucedía porque el juvenil no es de hacer teatro. Menos ante una situación prácticamente intrascendente.
Los primeros auxilios no fueron muy positivos. Desde el cuerpo médico salió la señal que ningún jugador desea. No va más, fue la orden desde el carrito médico, con un Oscar Cabezas que se agarraba el isquiotibial derecho.
Una nueva lesión muscular que azota a este plantel desde que arrancó el 2018. Un ciclo que está empañado por bajas de diversos tipo. Nobleza obliga, en este caso no se trata de soltar la guillotina buscando culpables. Sólo se apunta que Central sumó un nuevo lesionado.
Y cuando Cabezas se fue al vestuario el equipo lo extrañó horrores. Dejó un vació que ni Mauricio Martínez pudo disimular cuando el DT Leonardo Fernández reordenó la grilla, pese a que Caramelo venía siendo una de las mejores piezas en la zaga central.
Mientras que Pratto y compañía comenzaron a frotarse las manos de lo lindo. Porque empezaron a moverse con otra soltura. Como relajados. Ya no tenían esa marca respirándole en la nuca. Y no fue casualidad que los dos goles millonarios, facturados por Borré y Pratto, hayan llegado por el callejón virtual del seis, el mismo por el que se movía Cabezas con seguridad hasta que se lesionó.