Uno de los días más emocionantes en la historia de la selección. Argentina vapuleó a Inglaterra y jugará la finalísima con España. El recuerdo de Diego en Leo.
20:05 hs - Miércoles 15 de Julio de 2026
Ahora que terminó el encuentro, nadie, absolutamente nadie, se creyó que sólo se trataba de un simple partido de fútbol y nada más. Lo que se vivió dentro del estadio de Atlanta fue un volcán de emociones, desde antes de ingresar a la cancha, hasta un buen rato después del final, cuando los hinchas argentinos caminaban extasiados por las inmediaciones, sin saber en qué ciudad estaban, qué día era y hasta cómo se llamaban. Porque la alegría tapó todo y lo único que dejó fue el orgullo de cantar fuerte por la selección y agradecidos de por vida a estos muchachos que nunca los dejan en banda. Sí, Argentina vapuleó a Inglaterra, aunque terminó con un mezquino 2 a 1, y se metió otra vez en la final del Mundial. Fue el día inolvidable de Atlanta, en que todos los jugadores de camiseta esta vez azul fueron Diego Maradona.
Desde el ingreso con los argentinos sabiendo que era una parada difícil y que Inglaterra llegaba con chapa de favorita por estar mejor desde lo físico, todo fue pura tensión. Ya en el estadio casi todo fue copado por la marea argentina, que saltó, gritó, deliró y siempre redobló el aguante a pesar de que todo estaba casi terminado a favor de los ingleses, incluso cuando faltaban cinco minutos para el pitazo final y la historia estaba 0-1.
Pero este equipo volvió a demostrar que está hecho de lo mejor que puede tener: amor propio, creer en sí mismo y jugar simplemente al fútbol. Nunca dejó de intentar. Nunca dejó de jugar. De dar pases. De asociarse. De buscar al compañero mejor ubicado y allí acelerar.
Uno de los días felices de Lionel Messi
Y hasta con un Lionel Messi que no se lo notó tan cómodo, pero que en el peor escenario se puso el equipo al hombro, marcó el camino, pidió la pelota, se hizo cargo y terminó emocionado, sentado sobre el césped del estadio, mirando como un chico el festejo loco de los hinchas en la tribuna.
Leo también vivió uno de los días más felices de su vida, porque además de ganarle a un rival inédito para él, se dio el gran gusto que se había dado Diego Maradona en 1986: regalarle al pueblo argentino este triunfo inolvidable. Y más ante el rival de toda la vida, más después de la tragedia ocurrida en 1982 con la guerra de Malvinas.
Argentina fue amo y señor de todo. Y en final puso las cosas en orden con los golazos de Enzo Fernández y Lautaro Martínez, dos bestias que sacaron a relucir su estipe letal cuando el reloj amenazaba con lo peor. Pero este equipo vaya si sabe de milagros y remontadas heroicas, pero esta fue la más especial, porque enfrente estaban ellos.
Un festejo loco de toda Argentina
Por eso el festejo loco de todo el estadio, el delirio total, el carnaval en las tribunas y las lágrimas colectivas que fueron difícil de contener. Por momentos en el estadio techado pareció abrirse una ventana para que Diego se sume al festejo desde el potrero del cielo.
Argentina lo hizo de nuevo. Antes fue ante Cabo Verde, Egipto y Suiza, todas clasificaciones electrizantes, pero esta con Inglaterra es incomparable con lo anterior. Es el disfrute total. El gran gusto que todo el pueblo argentino quería degustar al máximo. Y encima fue también de manera dramática, así que vale doble. Quedó grabado entre los grandes hitos del fútbol argentino, que da un título, pero cotiza como oro. Como ante los ingleses en 1986 o frente a Brasil en Italia 1990.
Lo que viene es Nueva York. El próximo domingo ante el campeón de Europa, España, en lo sí será la verdadera Finalísima, la que no se jugó entre los actuales campeones continentales. Se dará nada menos que el Mundial 2026, aquí en Estados Unidos.
Y Leo Messi que sigue con ocho gritos en el Mundial y con a 21 en el récord en la competición, tendrá su última gran gala mundialista en el escenario mayor: la final de la Copa del Mundo. Dios fue más que justo con el rosarino, para muchos ya el mejor de todos los tiempos.
Terminó “el partido”. Y quedó ese recuerdo de la emoción de cuando se cantaron los himnos y flameó bien arriba la bandera argentina. Allí, fue imposible contener las lágrimas, lo mismo que ocurrió un par de horas después, cuando los jugadores revoleaban las camisetas de cara a los hinchas. Extendieron más la leyenda que ya protagonizan. Fue el día en que 40 años después todos fueron Maradona.