Domingo 09 de Febrero de 2020
El fútbol suele contar con acciones que muchas veces pasan inadvertidas y otras en las que le dan notoriedad a cosas que suceden en la previa. Que el gol en la última bola del partido haya sido por un cabezazo de Cristian Gónzález no es un dato más, aislado. Porque se trató del jugador que no hubiera tenido chance en caso de que hubiese llegado la habilitación de Joaquín Laso y que le tocó saltar nuevamente a la cancha, esta vez como titular, después de aquel ingreso intempestivo que tuvo en Avellaneda, tras la rápida lesión del pibe Almada. Incluso, el uruguayo fue con convicción a esa última pelota, quizá para enmendar lo que fue un error propio en la previa del gol de Banfield. Con esa aparición y su conquista recompuso la imagen que había forjado durante los 90 minutos anteriores.
Todos aquellos que llegan como refuerzos lo hacen con una cuota de expectativa alta. Para González no debe haber sido la excepción. Desde que arribó a Arroyito, tuvo la chance de estar en dos partidos y protagonizó ambos (ante Independiente ingresando desde el banco). Pero el de ayer fue en medio de una situación especial. Porque el lugar de segundo marcador central no estaba asignado a él. Cocca pretendía que quien ocupara esa posición sea Laso. Por eso en uno de los primeros trabajos tácticos de la semana probó con el ex Vélez y Argentinos. Después, al ver que la habilitación no iba a llegar, la mirada giró hacia el uruguayo. Y el charrúa tuvo su partido, especial por cierto.
Cuando el encuentro se moría tuvo un despeje endeble, dejando muchas dudas de las cosas que se está jugando el equipo. Esa pelota corta quedó en los pies de un jugador de Banfield y de allí nació el bochazo a la espaldas del también distraído Brítez. La jugada se inició por una mala salida del uruguayo y contra eso había poco que agregar. Era uno de los responsables.
El premio o la reivindicación la encontró algunos segundos después, cuando Gamba se paró frente a la pelota para lanzar el tiro libre a un área poblada de jugadores, hasta con Civelli, quien ingresó para defender justamente esa última bocha. Pero la suerte le golpeó la espalda al uruguayo, quien se anticipó a todos y puso la cabeza para desairar a Arboleda.
Todo lo anterior de su parte fue apenas discreto, porque le faltó presencia y algo de personalidad. Al menos ayer después de un error que desembocó en el gol de Banfield tuvo el coraje y la convicción para ir a redimirse en el área de enfrente. Y lo logró con un cabezazo goleador.
Como ante Huracán, Rinaudo también fue clave en el cierre
Sin que su juego brille, la labor de Fabián Rinaudo fue de lo más parejo de Central. Sufrió algo en la primera etapa, cuando Ojeda salía un poco más adelante a presionar, pero su misión fue clara: meterse entre los centrales y ser salida clara. Por momentos abusó de las infracciones, pero fue el de mejor rendimiento, junto a Diego Novaretti (su vuelta se le dio algo más de solidez a la defensa). Incluso fue el rebelde tras el gol de Banfield, el que agarró la pelota y fue para adelante. A él le cometieron la infracción en la previa del gol. Como ante Huracán volvió a ser clave en el cierre.