Jueves 02 de Diciembre de 2021
y tristezas.
Lucía Rossi habla con Ovación entre sorprendida y distraída, y se ríe mucho como cualquier piba de 16 que está a punto de terminar el 4º año de la secundaria y que comparte sus días con amigos y amigas de ella y su gemela Paula, en una casa rosarina donde el deporte es tema de todos los días. Es que tanto Paula, que hace patín en la Asociación Cristiana de Jóvenes, como Agustín, el hermano mayor que juega al futsal en la primera de Newell’s, comparten además la costumbre de coordinar horarios de prácticas, partidos, clases y cumpleaños, cansancio, alegrías y tristezas.
Pero además de esto el suyo, que es un caso parecido a tantos pibes y pibas rosarinos, al mismo tiempo es casi único, ya que esta zurda se cansa de hacer goles en canchas y arcos, similares pero no idénticos, al igual que las pelotas que manda a dormir en las redes. ya que Luli no solo se destaca en el futsal femenino en la primera de Newell’s, (que cayó por penales el miércoles por la noche tras igualar 1-1 ante Horizonte, final en la que la juvenil marcó el 1-0 para la lepra con un golazo con caño incluido), sino que también hizo crecer el sueño del ascenso a Primera A del once de las salaítas, que tras gran campaña, con 5 goles suyos, se quedaron en la semifinal por penales ante Estudiantes (BA). Luli desplegó en el albo su juego que la hizo pasar del futsal al fútbol grande. Y como si fuera poco acaba de ser convocada junto a su compañera de Newell’s, Aylín Benítez, a las selecciones juveniles femeninas de AFA en ambas disciplinas.
La historia tan parecida a otras pero tan especial por esta convocatoria a dos combinados nacionales de distintas especialidades, y por dos clubes distintos, comenzó según narra su protagonista de muy chica.
“A los 8 años empecé a jugar al futsal en la Asociación Cristiana de Jóvenes y a punto de cumplir 12 me fui a jugar futsal en Newell’s, de ala o poste”, cuenta Luli mientras se prepara para armar el bolso e ir a jugar otro de sus tantos partidos, aunque no uno más porque este es el que decidía el título de la Rosarina de futsal entre las leprosas y las chicas del club de Bella Vista, tras vencer en la semifinal a Unión Central “La Carpita” en Rowing. “Les ganamos 6 a 4 con tres goles míos”, recuerda, como así también que “le hice tres a Central cuando les ganamos el clásico 6 a 2”. Pero a pesar de estar tan acostumbrada a vencer arqueras, dice no recordar cuántos goles tiene en esta temporada, “ya que todavía no habían actualizado la planilla”, una muestra más de su pasión por divertirse y jugar, más que de estar pendiente de los datos en estos tiempos de incontables estadísticas on line.
Pero lo antedicho, el suyo es un caso aparte, ya que aunque Aylín, su compañera en el futsal leproso, también fue citada a ambos seleccionados, ella juega ambas disciplinas en el mismo club. En cambio Luli fue llamada por sus goles y enganches en Newell’s, y sus corridas y tantos marcados en el Olaeta y las canchas del ascenso de AFA, algo que es muy llamativo y según cuenta la hará decidir por su futuro deportivo.
“Practico martes y jueves a las 22, con el futsal de Newell’s, y con Argentino de lunes a viernes a las 17, además de jugar, según el fixture, entre semana y sábados o domingos con la lepra, y los fines de semana con los salaítos, con viajes incluidos”. Todo esto sumado a cursar por las mañanas “en Amici” (la secundaria con Orientación en Educación Física, así como es popularmente conocido el Instituto Superior Incorporado Nº 9229 Gral. José de San Martín), hace que la vida de Luli sea bastante agitada y deba decidir qué hacer con su promisorio futuro deportivo. El que ahora también incluye los seleccionados nacionales y sus consecuentes viajes, entrenamientos y concentraciones.
“Trato de disfrutar al máximo lo que me gusta, que es jugar a la pelota, pero al tener tantas actividades a veces se enciman. Por ejemplo no pude jugar la semifinal con Argentino porque ese mismo día estaba la semi de futsal con Newell’s y ya me había comprometido”, explicó aclarando que en el albo de Sorrento ya sabían de su compromiso y no tuvo ningún problema en ese caso.
Pero Lucía sabe que cuando fue a una prueba hace un año en Newell’s en cancha de once las cosas empezaban a cambiar. “No me enganché mucho al principio porque estaba acostumbrada al futsal de chiquita y de entrada me costó adaptarme. Encima después se paró todo por la pandemia, pero un tiempo después me vino a buscar Gastón Conrad y me decidí a probar en Argentino donde me acostumbre más y comparto los dos deportes, aunque se me complica y además ahora con la citación a las dos selecciones, todo será más complejo”. Aunque, aclara que está muy feliz con su presente inédito para la mayoría de las jugadoras, sabe que deberá tomar decisiones que implican más compromiso.
“Se que se me va a hacer difícil así que quizás me decida por seguir un tiempo más en el fútbol sala, ya que juego desde muy chiquita y después pasarme definitivamente al fútbol de 11, pero todavía lo estoy pensando, soy muy chica y tengo tiempo”, afirma la piba que aprovecha para recordar y agradecer a “todos los profes que me acompañaron desde que empecé: Gastón Lenoir, Tomás Sánchez y Fernando Giordano, en la ACJ; Eugenia Ramírez, María Laura Ramírez y Andrés Herrera, en Newell’s, todos en futsal. Y en cancha de 11 en el salaíto arranqué con Gastón Conrad, Gonzalo Maina y como PF Sebastián Gómez, y actualmente con Felipe Zubeldía, Gonzalo Maina, Santiago Cesetti y la PF Darlen Wohlrab. Además en la selección de futsal Nicolás Noriega y en la de fútbol Christian Meloni”.
Así, ya casi partiendo para encarar el partido decisivo de la Rosarina, se despedía la piba, muy centrada en medio del maremoto de entrenamientos, partidos, viajes y sobre todo gritos de gol, en el que está envuelta en sus últimos días. Un caso único, sin dudas.