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Clásico con goles, rojas y poco fútbol

Al clásico sólo le faltó un ganador. Y estuvo bien que así sea porque en el final ninguno de los dos se animó a echar el resto para torcer el resultado a su favor. Pero en lo que respecta al resto de las acciones, el derby de ayer en el Gigante tuvo todos los condimentos posibles para que el corazón del hincha sea un verdadero terremoto de sensaciones a lo largo de los 90 minutos. Fotogaleria: El color del clásico Fotogaleria: El clásico de los chicos

Lunes 19 de Abril de 2010

Al clásico sólo le faltó un ganador. Y estuvo bien que así sea porque en el final ninguno de los dos se animó a echar el resto para torcer el resultado a su favor. Pero después, en lo que respecta al resto de las acciones, el derby de ayer en el Gigante tuvo todos los condimentos posibles para que el corazón del hincha sea un verdadero terremoto de sensaciones a lo largo de los 90 minutos. La apertura canalla de Braghieri, el empate leproso de Schiavi de penal, las cuatro tarjetas rojas (dos por bando) que diezmaron a los equipos, y un trámite apenas discreto que jamás logró levantar vuelo futbolístico fueron los condimentos que mantuvieron en vilo a la multitud que desbordó Arroyito, como a toda una ciudad que estuvo pegada a la televisión o la radio. Fue una igualdad justa, con pasajes favorables que ninguno de los rivales supo capitalizar, con algunas faltas demasiado bruscas y con minutos finales donde pareció que había que cuidar más el arco propio que avanzar hacia el ajeno. No fue un buen partido, pero sí hubo una enorme carga de adrenalina.

  Central arrancó hecho un demonio y encaró hacia delante con la lanza en la mano. Por eso maniató a su rival y hasta no sorprendió el gol tempranero de Braghieri a la salida de un córner que ejecutó Chitzoff. Incluso tras ese impacto, el canalla pudo aumentar vía Zelaya, pero el Cachi definió sin convicción y manoteó Peratta.

Newell’s no lograba manejar la pelota y sufría porque Formica estaba, como luego se repitió toda la tarde, errático y desconectado. Pero la Lepra le sacó petróleo al primer desacople defensivo auriazul y encontró el empate casi de casualidad apenas pasado el cuarto de hora. Cristian Núñez capturó una pelota perdida en la puerta del área y cuando se disponía a encarar a Galíndez fue derribado con torpeza por Nahuel Valentini. Schiavi, con categoría, canjeó el penal por gol y el resultado volvió a equilibrarse.

  Central ahí acusó el impacto y los nervios fueron la sombra que acompañó hasta el final a los de Madelón. Lo que terminó de complicarle la vida a los canallas fue la roja a Paglialunga (por un planchazo a Vangioni), ya que sin Mario jamás la pelota volvió a llegarle prolija a los delanteros. Es que ni Gómez ni Ambrosi tuvieron claridad. Pero el volante auriazul no se fue solo a los vestuarios. Lucas Bernardi abrió demasiado el codo ante el propio Paglialunga y también fue expulsado por Diego Abal. Y antes del descanso el Ogro Núñez golpeó desde atrás con el codo de manera inexplicable a Ballini y se le terminó el partido.

  Así el entretiempo los encontró empatados en el resultado, pero con superioridad numérica a favor de los canallas. Claro que esto duro poco. Ni bien comenzó el complemento Valentini abusó otra vez de su vehemencia y tumbó a Formica para ver la segunda amarilla y la consecuente roja.

  La entrada de Lucho Figueroa fue más simbólica que efectiva porque al nueve canalla no le dieron ninguna redonda para hacer lo que más sabe. Y hasta el pitazo final sólo hubo balas de fogueo de ambos bandos, más de compromiso que por voluntad y decisión real de ganar el clásico. Hubo goles, rojas y muy poco fútbol. l



 

 

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