Ovación

Cimbronazo que mueve la estructura

La eliminación en la Copa Argentina puso en el ojo de la tormenta a un equipo que debe reaccionar y a una dirigencia que está obligada a no fallar en las decisiones que se tomen de aquí en más

Domingo 12 de Noviembre de 2017

No fue un golpe más el que recibió Central en Formosa ante Atlético Tucumán. La derrota por penales modificó todo un escenario de acción que inexorablemente sufrirá cambios, más allá de que ya quedó establecido con la renuncia de Paolo Montero. Porque fueron muchas las alteraciones que ya se produjeron y otras que están por venir. Las consecuencias deportivas están a la vista de todos. Son las más palpables. Pero el golpe fue tan pronunciado que mete en el medio también el accionar dirigencial, no sólo por lo que se hizo en este último tiempo, sino por las decisiones que se tomen a partir de hoy para no incurrir en errores similares.
En el fútbol, y básicamente en clubes donde las sensaciones más fuertes están relacionada a la pelota que pegó en el palo y entró o se fue afuera, los resultados deportivos van de la mano con la tranquilidad o la impaciencia que se viven. Por eso, en épocas de vacas gordas todos festejan y en épocas de vacas flacas hay muy pocos que queden exentos de las salpicaduras.
Si hay competencias con buenas performance las manos se unen. Si escasean, la cosa cambia. Y para Central no será lo mismo la vida en el corto plazo de aquí en más que si hubiese dado el paso que pretendía el viernes por la noche contra el Decano. Porque más allá de la chance del título, que era la más ansiada y buscada por todos, estaba la enorme posibilidad de meterse en la próxima Copa Libertadores de América. Y como eso no sucedió la carga de partidos será muchísimo menor y los objetivos quedarán reducidos únicamente a la suerte que corra el equipo en la Superliga, en la que hoy las penurias ganan enormemente la pulseada sobre las alegrías. Está la chance de meterse en la próxima Copa Sudamericana pero si eso sucede habrá sido por una manito amiga y no por méritos propios, lo que no invalidará en absoluto abrazarse a ese desafío.
Ese próximo semestre que se avecina, hoy, sin grandes elementos motivacionales, también expondrá a una comisión directiva que transitará nada menos que el año electoral que se avecina a expensas de las gratificaciones que encuentre el equipo en cancha. Claro que no todo dependerá de eso porque en el medio hay otros tantos errores que se pudieron haber cometido y otros varios aciertos en los tres años de gestión que llevan el presidente Raúl Broglia y los vicepresidentes Ricardo Carloni y Luciano Cefaratti.
Pero tampoco es necesario mirar tan para adelante. Alcanza con pensar que esas mismas exigencias ya aparecieron en el mismo momento en que Montero anunció su renuncia al cargo de técnico. Es que en la inmediatez hay una decisión importantísima por tomar, que es ni más ni menos que la elección del nuevo entrenador, determinación mediante sobre si el interinato de Leonardo Fernández será por un partido o si se extenderá hasta fin de año para después sí cerrar con el nuevo técnico.
A la luz de los resultados, la elección de Montero no resultó. Y puede sonar injusto que el parámetro lo establezca un resultado deportivo, pero el DT que acaba de irse no llegó a completar un año y contra ese dato, incontrastable por cierto, hay poco que objetar. De allí la justeza en la mira para apuntar a un sucesor que cumpla con un par de requisitos imprescindibles: que pueda levantar futbolísticamente al equipo; que su modo de ver el fútbol encuentre sintonía con el requerimiento de los hinchas; que se adapte rápidamente al club; que logre convivir con las urgencias que hoy existen. Algunos de los ítems más salientes.
Dejarse lle-
var por los impulsos emocionales y que ello desemboque en decisiones equivocadas es lo peor que le puede suceder hoy a Central, aunque el tiempo apremie.
Este escenario se tomaba como factible, pero las ilusiones estaban un poco más allá. Lo cierto es que la derrota del viernes en Formosa no fue una más. Resultó un cimbronazo que movió la estructura de un plantel golpeado anímicamente y de una dirigencia que sin dudas comenzó a atravesar el momento más crítico de la gestión y que deberá analizar con calma y tomar decisiones acordes a lo que el momento amerita.

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