Ovación

Central y una reacción que valió como un triunfo

Bauza metió mano, apareció el carácter que pedía y emergió el juego, Central recuperó solidez defensiva y hasta casi lo gana en la Boca después de la peor semana del ciclo

Domingo 21 de Octubre de 2018

Como nunca quizás, el análisis propiamente dicho del desarrollo de un partido, su crónica, las estadísticas desde todos los ángulos que hacen al todo, las particularidades, pasaron a un segundo plano. Con el foco puesto en Central, por supuesto, como nunca valían las sensaciones que de todo ello emergieren. Y no ganó otra vez. No marcó goles. Pudo perderlo en la última jugada. Todo eso fue cierto. Pero si algo importaba como nunca en este ciclo de Edgardo Bauza eran las formas. A un técnico apegado (como la mayoría) al resultado como valor de vara, ayer como nunca en una siempre hostil Bombonera contaban otros. Era él, y por supuesto mucho más los jugadores, los que debían entregar otra respuesta. Los que debían entregar una reacción. Futbolística claro, pero también de carácter en un momento límite. Y lo hicieron unos y otros. El 0 a 0 fue una consecuencia. Pero más importante que eso fue recuperar la vertical y la confianza para lo que viene, con el clásico como reflector pero también para tejer otro tipo de expectativas en la Superliga.

   Y el primero que entendió que debía pegar un volantazo fue el propio Patón. Sin tocar la consigna del orden que pregona, supo cambiar lo suficiente como para entregar otra cara, ante un Boca con la cabeza en otra cosa, es cierto, pero con la suficiente jerarquía como para no caer en la tentación de perderle el respeto. La pelota que se le fue por encima del arco a Pablo Pérez en adicional habló claramente de eso. Por suerte para Central, la última imagen no fue la que contó, porque hubiera opacado una respuesta que sí entregó en la cancha, en el momento preciso. En actitud, indispensable. Y en aptitud, igual de relevante.

   Y cambió Bauza, porque su equipo mostró otra dinámica. O más bien mostró una dinámica desacostumbrada para el ritmo con freno de mano que traía. Para eso modificó las posiciones de los volantes extremos y Carrizo se superó, al punto que esta vez el técnico no lo sacó. Se desdibujó su figura por las dos situaciones que marró cerca de los 90 y que pudieron darle el triunfo a Central, pero quedó claro también que al Pachi le sienta mejor ese perfil, como él mismo declama. Que rompe el molde. Le hizo caso el conductor y ayer el volante le dio la razón.

   Como rompió el molde Lovera, la gran apuesta del entrenador canalla. En el marco de la Bombonera, ante un rival de quilates aún sin muchos titulares, y aún sabiendo que debe entender mejor el juego para potenciarse, el formoseño de 19 años se la bancó en una posición flotante entre mediapunta y enganche (ver aparte). Bauza rompió así el doble 9 que había ofrecido hasta ahora pocas utilidades y demasiadas rigideces y que tampoco parece ser del gusto táctico suyo. Y salió ganando en juego, otro de los déficit que él mismo había reconocido.

   Para eso también fue vital impedir que Boca arrancara con panorama desde los pies de Gago y Almendra y ahí lo mandó a Lovera, mientras Ortigoza jugó más adelantado para cumplir sobre todo esa función. El Colo Gil, mucho más dinámico que su compañero en el medio, arrancó entonces de más atrás y se desdobló mejor. Sin el talento de aquel, fue más incisivo en la recuperación pero también en la compañía para los volantes externos o eventualmente hacia los laterales, que treparon con criterio, sobre todo el chileno Parot.

   Y cuando la impotencia xeneize obligó a entrar en el terreno de la lucha, Central tampoco le esquivó al bulto. Desde Zampedri para siempre molestar la salida rival, hasta Caruzzo y Ortiz para anular a Benedetto, o cortar cuando el Pipa o Zárate lograban saltear la marca, hubo mucha determinación en ese aspecto y la consecuencia fue que nunca el equipo de Bauza se dejó llevar por delante. Se insiste, después del cachetazo de Unión, eso representó un valor incalculable. Además porque, pese a esa última arremetida de Pablo Pérez, la verdad es que Ledesma no pasó casi sobresaltos, aunque no diera respuestas seguras en algunos centros picantes. En el aspecto defensivo entonces, también el Patón recuperó estatura.

   No fue una demostración excelsa de fútbol. No se esperaba eso tampoco. Sí que todo el mundo sacudiera la desazón que se estaba instalando. Bauza y su Central lo lograron en la Bombonera. Hubo carácter para sobreponerse a los peores augurios, también juego y parte de la solidez defensiva. Y aunque no ganó como en los primeros cuatro partidos del ciclo. Aunque llegó a siete partidos sin victorias, ayer como nunca se necesitaba otra cosa. Reacción. La tuvo y ya hay otro contexto desde donde empezar a crecer. Valió tanto como una victoria.

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