Miércoles 03 de Noviembre de 2021
Después de más de un año de trabajo hay algo que Central no debiera sufrir y es su fluctuación futbolística. Y en esto no se intenta poner foco en los resultados, de hecho todos los equipos ganan, empatan y pierden, pero las mutaciones del canalla, que a esta altura preocupan y mucho, especialmente al cuerpo técnico, están relacionadas con la facilidad que muestra para jugar un partido allá arriba, quizá sin lucir pero sí con un ímpetu y un convencimiento bien establecidos, y de ahí pegar un salto a la intrascendencia absoluta, a la desidia total. Para muestra alcanza con lo sucedido en los dos últimos partidos, en los que ganó uno prácticamente de guapo (a Racing) y al siguiente perdió prácticamente sin oponer resistencia. En las seis fechas que restan será el gran desafío del Kily y los suyos. Por esas ambiciones coperas que aún se mantienen, no será un simple deseo, sino una obligación.
Las imágenes que devolvió el partido del pasado domingo en Santa Fe se parecieron bastante a lo que fue aquella raquítica puesta en escena en San Nicolás, donde el humilde Boca Unidos de Corrientes no sólo puso a Central de rodillas, sino que le hizo pasar, hasta ese momento, la vergüenza más grande al canalla durante el ciclo del Kily González.
Esto es Central hoy, un equipo que puede hacer gala de compromiso en un partido y sufrir la mayor humillación algunos días después. En la medida que un equipo evite ese tipo de situaciones estará lo más cerca posible del equilibrio. Bueno, en Arroyito eso no parece estar lo suficientemente claro.
Central venía de un triunfo ante Racing en el que después de un flojo primer tiempo se las ingenió para estar a la altura. Posiblemente no haya tenido el fútbol necesario como para establecer una gran diferencia en el juego, pero desde lo actitudinal mostró la mejor cara, la que tantas otras veces logró exhibir. Desde ese lado las enormes dificultades para entender actuaciones como las de Unión, en las que el fútbol indudablemente le soltó la mano y lo dejó huérfano, pero jamás logró encontrar el resguardo de la rebeldía.
Es que Central hasta aquí se caracterizó más por la rebeldía que por el funcionamiento. Allá en el final del semestre pasado se vio lo mejor de la era Kily González, pero todo fue demasiado efímero. ¿Por qué? Porque los mayores lazos de amistad que entabló fueron con su ciclotimia.
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Y a esta altura casi que la situación ni merece entrar en la comparación de lo que es un equipo con jugadores habitualmente titulares y aquellos que siempre oficiaron de recambio, más allá de que las diferencias siempre fueron notorias. Porque este tipo de viajes de un extremo al otro Central los vivió con equipo alternativo, pero también con el titular.
Aquel ejemplo de Boca Unidos vale más que mil palabras. Allá fueron los titulares, después de la final de la fase Complementación de la Copa Diego Maradona y el resultado es que el que todos conocen. Un papelón hecho y derecho, graficado en su momento por los mismos protagonistas.
Ahora, no es que pasó aquella vez y volvió a suceder recién ahora. Porque en el medio hubo otros varios ejemplos, que parecen perdidos en los recuerdos, pero que están. Con muchísimas más ganas que fútbol Central le ganó a Vélez y al partido siguiente dio pena en La Plata, con titulares. Y un partido más tarde tampoco logró reaccionar con Aldosivi.
Más acá en el tiempo sucedió lo de Bragantino: un pésimo partido de ida, con una reacción en el complemento, y una dignísima actuación en Brasil, pese a que no le alcanzó para lograr la clasificación a semifinales de la Copa Sudamericana.
¿Hay más? Hay más. Triunfo de visitante primero, ante Banfield, y después contra San Lorenzo, para un viaje a Córdoba frente a Talleres con la ilusión por las nubes que terminó con una actuación decepcionante, sin fútbol y por momentos hasta pareció sin compromiso. Y ahora esto, lo de Racing y Unión.
No son situaciones aisladas ni tiradas de los pelos, sino ejemplos claros de uno de los mayores inconvenientes que tiene este Central del Kily, que un día se golpea el pecho porque siente algo de orgullo y a los pocos días se tropieza con la desidia, con la nada misma.
Le va a ser difícil solucionarlo en apenas seis partidos que tiene por delante, pero está obligado a al menos intentarlo.