Sábado 10 de Mayo de 2008
La situación que atraviesa Central es tan angustiante que no está en condiciones de vivir de recuerdos, por más gratos o cercanos que sean. No puede darse el lujo de seguir disfrutando la remontada histórica ante Racing. Mucho menos tirarse panza arriba como si ya hubiera conseguido el objetivo. No hay licencias para el conjunto de Madelón.
Es cierto que la recompensa numérica y anímica conseguidas contra Racing les devolvió el alma al cuerpo al equipo y a la gente. Pero el grupo debe tener muy claro que el verdadero desafío no terminó en el agónico remate del Kily González. Eso fue apenas un paso gigante. La salvación todavía no está a resguardo de todo. Cualquier tropezón seguramente volverá a instalar un escenario propicio para la tensión y el sufrimiento.
Incluso, para Central, el partido ante Vélez encierra la misma importancia que el de Racing. Sólo que el juego mediático no lo definió como una final porque no se trata de un choque entre rivales directos en la lucha por la permanencia.
Se pensó que la victoria del domingo pasado todo lo podía. Se esperaba una semana de paz interior. Pero en Central las apariencias engañan. La controversia que se armó alrededor de la continuidad de Jesús Méndez hizo saltar tapones. El volante no seguirá en el club porque no quiso firmar un nuevo contrato ya que tiene una oferta más tentadora de Portugal (también se habló de Independiente y San Lorenzo). Esta actitud molestó a los directivos y también motivó que Christián González saliera a sentar su posición públicamente. Al Kily no le gustó ni medio que haya tomado dimensión pública la negociación. Es que sabe que cualquier esquirla puede provocar un cimbronazo.
Está claro que Central no aprovechó como debía el buen aire para oxigenarse de sus problemas. En cuanto al equipo, Madelón tocó lo necesario. Le devolvió la titularidad a Zelaya (cumplió la fecha de suspensión) y sacó a Vizcarra. Un cambio lógico si se repara en el presente del Cachi.
Que Central hoy no dependa de nadie para salvarse de la promoción no significa que pueda darse lujos de un acaudalado. Para meter la mano en el bolsillo y no pensar en las consecuencias primero debe mantener una regularidad en los seis partidos que restan. Recién ahí podrá gritar sin miedos que el deber está cumplido. Un buen síntoma sería no resignar puntos en su lucha esta tarde ante Vélez Sarsfield.