Domingo 01 de Octubre de 2017
La excursión canalla a Cuyo arrancó con una serie de condicionamientos importantes. El partido contra Boca era el leimotiv del viaje. Porque si bien el partido con San Martín de San Juan tiene su propio valor, lo del miércoles en Mendoza estaba por encima de todo. En ese escenario había puesto el partido Montero con sus declaraciones luego de Banfield. Quien no lo entendió de esa manera, allá él. Pero como la rueda del fútbol gira sin parar, quedarse en lo sucedió hace apenas cuatro días sería un error, más allá de la incidencia que pueda tener aquello en lo que ocurra esta tarde en suelo sanjuanino. Todo depende para qué lado dispare el comportamiento canalla después de haber soltado semejante lastre. Si toma la ruta de la relación se habrá incurrido en un error. Si sirvió para fortalecer y potenciarse desde lo futbolístico, la cosa sin dudas tendrá un mejor color.
No será sencillo para Central quitarse el chip de un partido cargado de tensiones y con un posible foco de tormenta como lo fue el de Boca. Pero el ejercicio de intentarlo es inevitable. Y el panorama no está tan relajado como para sentir que superado el escollo de la Copa Argentina lo que viene es de regalo. Todo lo contrario. La Superliga también le golpea la puerta al equipo de Paolo Montero.
Un razonamiento simple: al partido con Boca, el equipo canalla llegó acuciado ni más ni menos que por la baja performance en el torneo local. Porque fue contra Banfield cuando las alarmas se encendieron de manera repentina pero con un grado de contundencia llamativa. Central carga con la obligación de llegar lo más lejos posible en Copa Argentina. También de mantenerse en pista y fortalecer las aspiraciones en la otra competencia.
Intensidad, compromiso, agresividad, fortaleza física pero sobre todo mental, fueron las palabras que retumbaron y tuvieron un eco permanente en la concentración canalla tras la resonante victoria del miércoles. Hoy es tiempo de darles vida a todas ellas.
De ese comportamiento futbolístico va de la mano el tránsito del equipo. Porque la inversión realizada amerita cumplir en un terreno como en el otro.
Montero ya entregó señales inequívocas de que su pensamiento va en ese camino. La apuesta por la base del equipo de miércoles está a la vista de todos. Y no es una señal más. Quizá, un mejor andar en la Superliga le hubiese permitido a Paolo otra licencia, pero no es el caso. Las urgencias llaman.
Con 12 puntos ya disputados y sólo tres en la bolsa, la sensación de inconformismo es inapelable. Lo saben todos, Montero, los jugadores, los dirigentes y los hinchas, que fueron los que encendieron en cierta forma la llama del descontento, que hoy ya no es tal justamente por el batacazo (el rótulo se debe a que Central llegó claramente como punto) en el Malvinas Argentinas.
La forma en la que se jugó contra Boca no será la misma que la que se pondrá en práctica hoy en San Juan. No debiera ser la misma. Porque lo que se espera es otro tipo de partido, tal vez sin tanta fricción ni adrenalina. Por eso las suposiciones en relación a que Central estará obligado a no ceder las riendas del partido como sí lo hizo hace unos días. Esta vez será un partido más con la pelota que sin ella. Desde eso también será una prueba de fuego para el equipo de Montero. Porque el protagonismo será el camino más corto hacia la estación victoria. Y elevar el nivel de juego será clave. Es que contra Boca se pudo llevar a cabo un libreto que contempló un guión de enredos, pero se viene algo distinto.
Se sorteó una estación, importante por cierto. Vital para lo que pudo haber sido el inicio de un temporal. Ahora que despejó un poco el horizonte, Central debe tomarse de ese envión para cumplir donde también tiene obligaciones.