Ovación

Central venció a Tiro Federal y su hinchada sigue soñando

Central le ganó 2 a 1 a Tiro y se puso a tres puntos de la Promoción. Los Tigres siguen penando con el promedio y la permanencia está cada vez más lejos. Abrió la cuenta Carrizo, igualó parcialmente Rossi y Rivarola convirtió el tanto de la victoria.

Miércoles 25 de Mayo de 2011

La pasión no se puede prohibir. Ni negar. Tampoco medir en profundidad porque es como un inmenso océano de amor incondicional. Los fundamentalistas canallas sabían que su presencia estaba vedada en el humilde pago de Ludueña. Pero muchas almas encantadas capearon el temporal y el derecho de admisión al Fortín, y recurrieron a la fuerza de su fe interna para tratar de estar junto a los suyos en una tarde clave y plomiza. Por eso hubo algunos hinchas radicales que se las ingeniaron para demostrarle a Palma y compañía su alta fidelidad. Algunos lograron filtrarse en la cancha en buena ley mediante la diplomacia del protocolo. Como hubo otros, que habitualmente pertenecen al mundo de la periferia, que se vieron obligados a desafiar las leyes de la física. Y debieron trepar a pulmón el alto paredón del coqueto estadio para poder seguir aferrados a los carteles a su querido Rosario Central. Aunque tanto esfuerzo y exposición terminó valiendo la pena una vez que el sol se corrió para darle paso a la luz artificial. Porque el auriazul le ganó al cada vez más comprometido Tiro Federal con poco y renovó el voto de esperanza para alcanzar la Promoción. Por eso, el protagonista que ilustra la postal fue el fiel reflejo de la lealtad, al hacer flamear desde un inhóspito lugar con alma y vida la bandera que representa a los más ilusionados corazones auriazules.

El joven trepado al peligroso chapón marcó que el sentido de pertenecer a la comunidad centralista lo hace movilizar sin destino. Que su devoción por el club de Arroyito no le permite ver barreras de contención. Porque apareció prácticamente cuando la pelota cobró vida. Y ahí se quedó, firme como un granadero, observando con atención a la escuadra que lleva en sus genes.

Con la mano derecha sostenía su abrigado cuerpo. Y con su mano izquierda trataba de plantar en el frío aire la bandera que lo identifica en todas las latitudes. El infiltrado no se inmutó jamás. Se percibía que su frenesí lo sobrepasaba. Se bancó la lluvia y alentó como pudo. El viento empujaba y le hacía perder sus solitarias frases sobre las musicales notas que tocaban los locales en las tribunas. A su vez, la brisa también le movía de un lado hacia otro su distintivo que pendía de una rama seca.

Central jugó de verdad de visitante esta vez. Pocos fueron los que pudieron entrar al Fortín. Fueron bien seleccionados, ya que la mayoría debió seguirlo por televisión. Pero los pocos que se dieron cita en Ludueña no pasaron desapercibidos. Festejaron cuando Federico Carrizo encendió la mecha de la ilusión con su derechazo ni bien comenzó el partido. Sufrieron cuando Javier Rossi empardó e hizo temblar el tablero de la esperanza. Pero terminaron exultantes con la nueva versión dietética del Pirulazo porque el crédito de la Promoción sigue bien abierto. Mientras, Tiro sigue mal parado en la zona roja.

Pero quizás hoy algunas de esas almas canallas que ayer hicieron lo imposible para hacerse notar de alguna manera en Ludueña, tengan que lidiar también con otras barreras. Y no precisamente con las del estadio. Sino con la desocupación, la falta de una buena educación o la falta de contención en sus hogares. O vaya a saber por cuál otra mísera realidad será, pese a que ayer tuvieron un bálsamo de felicidad por el triunfo de su Central.

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