Ovación

Central venció claramente a Huracán

Excursión altamente positiva por donde se la mire y aborde. Resultado, juego, guapeza, muestra de valentía, inteligencia y, sobre todo, astucia, para atesorar una victoria que en la bolsa de valores cotizó en alza.

Domingo 06 de Noviembre de 2011

Excursión altamente positiva por donde se la mire y aborde. Resultado, juego, guapeza, muestra de valentía, inteligencia y, sobre todo, astucia, para atesorar una victoria que en la bolsa de valores cotizó en alza. Lo exiguo del 1 a 0 ante Huracán tal vez haya tenido poco que ver con lo que fue el trámite del partido, pero ejemplifica un sinfín de argumentos sólidos para creer que se puede. Nada modifica la idea de que el camino es largo y aún resta mucho trecho por recorrer, pero lo de ayer bien puede tomarse como una bisagra. Es que no está mal tomar los 90’ de juego en Tomás A. Ducó para tirar sobre la mesa los ítems que un equipo necesita para ser protagonista, pero, ante todo, alcanzar el objetivo deseado.
  Cambiar el chip en apenas un par de minutos no es una tarea sencilla. Y este Central ayer lo hizo. Porque la tempranera e infantil expulsión de Ballini a los 120 segundos de partido obligaron a un reordenamiento táctico y neurológico. Y a partir de esa convicción comenzó a gestarse la victoria que dejó a los canallas en una más que expectante ubicación en las posiciones.
  Pizzi no movió piezas, simplemente las reorganizó y eso le bastó a Central para sentir que con uno menos igual podía soñar con un buen resultado. La monopolización de la pelota, la generación de las chances más claras y el enorme sacrificio apuntalaron ese convencimiento.
  El zapatazo de Ricky Gómez (9’) que despejó Monzón al córner fue una especie de aviso. Para los dos. Para un Central que sabía lo que quería y para Huracán al que no se le caía una idea en esto de aprovechar el jugador de más que tenía. Y no pasó mucho más para el festejo. Es cierto que fue producto de un macanazo del arquero quemero, pero el aprovechamiento de Castillejos (29’) cuenta casi como una asistencia o la misma conquista.
  El mojón que marcó en el cotejo la expulsión de Fileppeto (35’) también fue clave. Porque emparejó el tablero en cuanto a nombres y encima con Central en ventaja. Fue el momento en que Central le trasladó todo el lastre al Globo, que ni por asomo complicó a una defensa canalla muy bien comandada por Lequi.
  Para qué cambiar si así estamos bien, habrá pensado Pizzi en el vestuario. Es lo que hizo. No modificó el plan estratégico, a sabiendas de que Huracán iba a dejar muchos más espacios en el fondo. Paradójicamente, Central jugó mejor con uno menos en el primer tiempo que el segundo, pero el enorme desgaste realizado en esos 45’ a la larga se sintió.
  Más ordenados y sin tantas obligaciones, los canallas también fueron inteligentes tras el descanso. Ya no hubo tanto vértigo, sino más bien paciencia. Así y todo las chances de liquidarlo estuvieron. Porque Castillejos remató bajo ante Monzón tras la asistencia de Medina (53’), porque otro remate rasante al 9 se le fue a centímetros del palo derecho (63’), porque hubo un penal no cobrado de Desvaux a Biglieri (90’), otro remate al bulto del ex Lanús (86’) y un zapatazo de Rivero que el uno quemero la envió al córner (91’).
  Cuentan también las pocas que tuvo Huracán. Como el disparo de Oviedo después de un rebote de García (76’) o la salvada de Lequi cuando Villegas ya estaba listo para sacar su sablazo (82’). Pero hubiese sido injusto un reparto de puntos.
  El nivel futbolístico se celebra, la inteligencia se aplaude, los tres puntos se disfrutan. Ahora, la prueba de carácter que se dio cimenta la ilusión que nadie se atreve a perder. l

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