Jueves 09 de Noviembre de 2023
Central ya tiene el pasaje asegurado para disputar la Copa Sudamericana del año próximo y cuenta con chances de que finalmente sea la Libertadores. Eso podría lograrlo sumando cuatro de los seis puntos que le restan por jugar, pero posiblemente ese número le sea insuficiente frente al otro objetivo trazado: la clasificación a los cuartos de final de la Copa de la Liga. Lo que tiene a favor el equipo de Miguel Ángel Russo es el envión con el que viene en la segunda mitad del torneo, que contrasta claramente con lo hecho en la primera mitad. Es que después de un gran primer semestre, que alimentaba la ilusión de paso más firme en la Copa de la Liga, el canalla sumó apenas 5 puntos de 18 en los primeros seis partidos, pero comenzó a equilibrar la balanza en la segunda mitad del torneo, obteniendo 12 de 18 en los seis siguientes. ¿En qué partido se dio el quiebre y el posterior despegue? En el clásico frente a Newell’s.
Puede parecer simplemente un dato estadístico, pero sin dudas hubo algo que cambió en el andar del equipo canalla de un momento para otro en el torneo. Y ese cambio fue para bien, porque de la medianía absoluta y la imposibilidad de entablar diálogo con los triunfos pasó a la solidez de empezar a ganar más seguido y olvidarse de las derrotas.
Por supuesto que fue gracias a esa levantada en la segunda mitad del campeonato en la que Central encontró la consistencia necesaria como para asegurarse, a dos fechas del final de la temporada, la clasificación a la Copa Sudamericana 2024. Porque, se recuerda, fue tras esa caída en La Plata ante Gimnasia, la única semana en el año en la que el equipo de Russo cerró una fecha fuera de los clasificados.
Fue el momento en el que el canalla necesitaba una reacción urgente y vaya si la consiguió. El mérito estuvo en poner proa justo en un partido complicado como lo es el clásico. Pero claro, allí posiblemente se pueda encontrar parte de la explicación de la remontada.
Es que Central ganó el clásico y desde ese momento su producción fue muchísimo más productiva. Desde lo anímico seguramente el equipo salió favorecido, aunque ello no se haya visto trasladado siempre al juego.
Es cierto que en un determinado momento Central tuvo la chance de jugar tres partidos seguidos como local (después tuvo uno más, frente a Argentinos Juniors), pero en esa primera mitad también tuvo la chance de disputar tres en el Gigante, de los cuales pudo ganar sólo uno.
Esos pobres 5 puntos en los primeros seis partidos se dieron por el triunfo ante Talleres y los empates contra Atlético Tucumán e Independiente. Los otros tres encuentros fueron derrotas: frente a Banfield, Colón y Gimnasia, todos ellos fuera del Gigante de Arroyito.
Pero llegó el clásico, la victoria revitalizadora desde lo emocional y de ahí en más la levantada. Porque tras el triunfo por 1-0 con el tiro libre de Malcorra apareció la victoria contra Huracán, los empates ante Vélez e Instituto, el triunfo frente a Argentinos Juniors y esta última igualdad contra Barracas Central. Fueron 12 puntos sobre 18 posibles que contrastan de manera clara frente a los 5 de la primera mitad del torneo.
Y fue producto de esa regularidad que encontró el equipo que el canalla no sólo volvió a meterse en la pelea por la clasificación a copas internacionales, sino que de golpe y porrazo se encontró con el pasaporte sellado para salir de viaje en la Copa Sudamericana.
Con ese envión llega Central a las dos últimas citas del torneo, en las que deberá toparse con el mejor equipo de la temporada, River, y el peor, Arsenal. Tendrá la tranquilidad de saber que ya tiene asegurado un puesto en una copa, aunque la exigencia, como le gusta decir al propio Russo, es permanente. Pero de lo que no hay dudas es que al menos desde la productividad el equipo llega en el mejor momento del semestre.