Sábado 07 de Marzo de 2020
Esta muy buena campaña de Central merecía un cierre con algo más de luz. Pero la oscuridad de la derrota 2-1 en La Paternal ante Argentinos le puso la rúbrica a un partido en el que el canalla, excepto al comienzo, estuvo casi siempre lejos de colgarse el rótulo de protagonista. Claro que este final de Superliga no cierra ningún ciclo, porque la verdadera lucha del equipo de Cocca está donde siempre estuvo, en la pelea por los decimales y de la que nunca deberá apartar la vista, hasta que las matemáticas dejen de ser implacables y tiendan definitivamente la mano. No hay que obviar que las chances de clasificación a copas internacionales están ahí, al alcance de la mano, pero que para potenciar ese argumento a este equipo le será necesario regar su propia inteligencia para que la misma crezca y florezca cuando realmente lo necesita. Ayer la falta de inteligencia le jugó una mala pasada. Por eso el revés. Porque era alejarse del descenso, ilusionarse con las copas, romper con la racha de visitante en 2020 y hasta terminar 3º la Superliga. Vaya un tilde para el debe.
Pensar en cuestiones sencillas y de fácil resolución en este Central es obviar las enormes dificultades que tuvo este equipo a lo largo de un torneo en el que pasó por todos los estadíos, pero que siempre le costó. Ayer, en la última fecha, y contando con una larga experiencia relacionada con todo ese esfuerzo que tuvo que hacer desde el primer capítulo, la falta de timming futbolístico y emocional volvió a hacerse evidente. De aquel partido en el que Diego Cocca dirigió a este equipo (penúltima fecha del torneo anterior) y que ganó con mucho de corazón y una alta cuota de inteligencia, a este hubo un abismo.
Esta situación ameritaba poner en práctica todo ese recorrido que sirvió como aprendizaje. Pero a la hora de sentarse a dar la lección al equipo se le borraron las ideas. Es más, hasta lo que había tocado vivir en este 2020 en condición de visitante (ver aparte) pudo y debió tomarse como antecedente válido. Después de dos tremendos cachetazos (Independiente y Defensa y Justicia) y un empate sobre la hora (Banfield), era la primera vez que el equipo de Cocca lograba ponerse en ventaja fuera de Arroyito. Desde ese lado claramente el resultado resultó otro paso atrás.
De la posibilidad de transformarse en un equipo sólido, con pretensiones y con resto futbolístico y anímico, el canalla se transformó en un manojo de voluntades, mucho desorden y una alta cuota de desconcierto. La expulsión de Diego Cocca por protestar un lateral fue una muestra acabada de ello.
No fueron muchas las veces que tuvo Central a lo largo del torneo para sentirse capaz de mantener una diferencia jugando fuera de Arroyito. Ayer se le presentó una inmejorable, pero falló. De eso se trata la inteligencia de la que debe hacer gala un equipo que tiene algo porqué pelear. Porque cualquiera sea el objetivo que persiga, esa postura de equipo serio le servirá. Le podrá sacar provecho mientras la lucha por la permanencia lo mantenga en alerta y también en caso de que la zanahoria a perseguir sea la clasificación a alguna copa internacional.
Los tiempos para repensar la situación son inmediatos (el próximo fin de semana comienza la Copa Superliga) y eso obligará a Central, en especial a Cocca, a trabajar para ver de qué manera logra sacarle lustre a un equipo que cerró un tramo de su recorrido de manera satisfactoria mirando esa diferencia que logró sacarle a los que también pelean por mantener la categoría, pero que hace de la irregularidad un verdadero culto. Ayer lo que decantó en irregularidad fue claramente la falta de inteligencia. De ello también está formados los grandes equipos y el canalla está en vías de desarrollo.