Ovación

Central sumó en La Paternal

En tiempos de penuria, cualquier tipo de cosecha es positiva. El empate de ayer sin goles ante Argentinos en La Paternal cotizó como una recompensa valiosa en el ánimo de Central. Sirvió como una inyección de optimismo para un equipo que arribó golpeado por las circunstancias.

Lunes 01 de Diciembre de 2008

En tiempos de penuria, cualquier tipo de cosecha es positiva. El empate de ayer sin goles ante Argentinos en La Paternal cotizó como una recompensa valiosa en el ánimo de Central. Sirvió como una inyección de optimismo para un equipo que arribó golpeado por las circunstancias. La inoportuna descompostura de Mario Paglialunga, la ausencia obligada de Ignacio Ithurralde (ver aparte), el estado del campo de juego y las pocas reservas físicas conspiraron contra las intenciones que imaginó Gustavo Alfaro en la previa. Pese a esas dificultades, los canallas trabajaron el partido desde la actitud y forjaron un resultado que no le cayó mal a su programa de objetivos de cara al cierre del Apertura.

En la cancha fue un punto sufrido. Que pudo vestirse de victoria pero que también merodeó con la derrota. La igualdad fue el saldo de un escenario en el que no hubo luces ni líderes para la conducción. Mucha presión y pocas ideas, esa fue la ecuación que ganó claramente la pulseada. Por eso hubo aires de conformidad en la retirada de los auriazules.

Central no se amilanó. Esta vez no se dejó vencer por la inclinación de los pronósticos. No respetó más de la cuenta a un Argentinos que venía de cachetear a River en el Monumental y que aún está festejando su campaña en la Copa Sudamericana. No le dio aire y tiempo para que el local instale el contrapunto de las realidades. Los dirigidos por Alfaro se dieron cuenta de que su rival tenía la cabeza en otro lado y sacaron un merecido rédito. Pudieron llevarse más, pero casi se van sin nada. Las manos de Jorge Broun otra vez se transformaron en la garantía.

En el arranque, la visita fue la que exhibió más dudas hasta que pudo organizar su estructura de funcionamiento. Hauche se tiraba a la izquierda y ponía a prueba las improvisaciones en la defensa canalla. Valentini y Bogino no habían ensayado en la semana y tuvieron que salir al ruedo con sus corazones juveniles. Surgieron comprensibles desacoples que se fueron sanando con los minutos.

Argentinos Juniors molestaba con sus toques que no terminaban nunca de encontrar profundidad en el área de Central. La pelota pasaba más por los que menos saben y eso desprendía tranquilidad al adversario. Por eso la sensación de superioridad de los locales se fue desdibujando por falta de argumentos.

Central, con esfuerzo, fue recuperando la posesión y emparejó el trámite. El mediocampo comenzó a hacer su mejor negocio a través de la movilidad y la presión. En un contexto de errores que regalaba la cancha mojada, fue la visita la que generó las mejores oportunidades, sobre todo en el primer tiempo. Ezequiel González trataba de cambiar la historia del partido pero cada vez que quería desenfundar su varita mágica, la ceguera general le quitaba chances de respuestas. El Equi, Yacaré Núñez y Caraglio tuvieron posibilidades de abrir el marcador en los 45 iniciales. Faltó un poco más de decisión para herir. El complemento fue más deslucido. Ortigoza alternaba más malas que buenas y Argentinos no podía abastecer los sueños de triunfo. Pavlovich sólo entendía el tono de la disputa. Central se apoyaba en el orden defensivo y buscó velocidad con el ingreso de Zelaya.

En el final hubo emociones gordas. El Cachi Zelaya casi besa la victoria con un cabezazo que se escapó muy cerca del palo derecho de Torrico. En la contestación, Pavlovich exigió al máximo a Broun, también de cabeza. Fue el mejor resumen del partido. Repartieron puntos y Central regresó con una mueca de anuencia.

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