Central sufrió otro golpe en el peor momento
El equipo del Kily sumó la quinta derrota consecutiva, esta vez ante Independiente. Llega muy golpeado a la revancha copera ante Bragantino por la Sudamericana

Domingo 15 de Agosto de 2021

La frase “más de lo mismo” suele tener connotaciones adversas, que apuntan a que lo que hay es imposible mejorarlo. A este Central al que le urgía un lavado de cara sufrió como tantas otras veces en el último tiempo. Cinco derrotas consecutivas (no se daban desde los últimos tres partidos de Leo Fernández y los dos primeros del Flaco Chamot) no es poco. Es más, ya suena a demasiado, más allá del decoro del final y de ese buen maquillaje que implicó el descuento con el gol de Nacho Russo para el 1-2 que pareció exiguo. Claro, descontextualizar el momento del canalla no parece lo más aconsejable, porque cada piedra que se le mete en el zapato le dificulta un poco más su andar. Y la caída 2-1 de anoche ante Independiente no hizo para que poner en relieve ese único y gran objetivo que se llama “Copa Sudamericana”, donde también trastabilló, pero que es donde tiene apuntado todos los cañones. Porque, otra vez, Central tiró el cuerpo en el césped, pero dejó la cabeza afuera, imaginando lo que será la revancha ante Bragantino el próximo martes, que, clasificación o no, será la previa de algo también importante que ya asoma en el horizonte: el clásico ante Newell’s.

Parece demasiado pedirle a este equipo de Central que el Kily puso en cancha que funcione como remiendo de todas esas costuras que se vienen rompiendo partido tras partido. El Kily igual exigió, en cada pelota, en cada dividida, en cada acción en la que veía que sus jugadores, en su mayoría pibes, podían hacer algo más.

Interiormente, el Kily más que nadie sabía lo dificultoso que podía resultarle al equipo despejar los nubarrones que lo persiguen. Seguramente creyó que era lo mejor que tenía para poner en cancha, siempre pensando en no arriesgar a los titulares, pero sabiendo que si el plan inicial no funcionaba difícilmente pudiera encontrar respuestas en un banco integrado íntegramente por chicos del club, la mayoría de ellos del plantel estable de reserva.

Hubo rápidamente elogios para el debutante (de titular) Julio Luques, retos con gestos de cierta calentura hacia Lo Celso, gestos de disconformidad y miradas penetrantes hacia el banco en cada situación adversa. Y claro, hasta la lógica calentura con Loustau, a quien le reclamó una supuesta falta sobre Infantino que desembocó en el primer gol de Independiente, por eso se comió un reto como advertencia. Fue la jugada que enardeció a los más de 100 “habilitados” y por lo que la voz del estadio tuvo que intervenir en más de una ocasión para informar que estaban prohibidos los gritos.

Pero claro, todos esos plateístas privilegiados sabían que lo que iban a ver era un equipo limitado desde el juego, sin la experiencia suficientes para capear el temporal ante quien arrancó la fecha como único líder. Es que los que tenían más chances de acomodar un poco la estantería lo siguieron desde afuera, tomando un descanso que el Kily consideró lógico para ir en busca de la heroica a Brasil, donde tirará sobre el paño una ficha de valor, apostando a un pleno que lo revitalice, que lo haga creer.

Pero para este Central ya no se trata de creer, sino de empezar a ser ese equipo que entusiasmó en el final del semestre pasado y que, salvo esa serie con Táchira, entró en un estado de amnesia absoluta, de la que no logra salir más allá de los nombres que utilice. Buen maquillaje con el gol de Russo en una de las poquitas que tuvo el canalla en un partido jugado mucho más con el corazón que con los pies o la cabeza, porque terminó con el Fosa Ferreyra de 9 y habiéndolo podido perder por más goles.

El Kily, con las manos en cara lamentando el cabezazo desviado de Veliz en el final fue una postal de ese lamento al que no se le debiera dar demasiada trascendencia por lo que el partido en sí. Porque si de amor propio se trata, Central tiene unas cuantas balas en el cargador, pero a esta altura le resulta indispensable reencontrarse con su fútbol, sólo lo que podrá llevarlo al lugar que pretende.

Hay atenuantes ineludibles que forman parte de este decaimiento producto de la doble competencia, pero jugar en varios frentes y que uno de ellos sea internacional es lo que siempre se busca. Lo cierto es que cada tropiezo impide la levantada y frente a una semana en la que se jugará cosas demasiado importantes se le volvió a meter una piedra más en el zapato.