Ovación

Central: Russo analiza realizar cambios para visitar a Boca Unidos de Corrientes

Alguna vez Héctor Rivoira dijo que el rival de Central era Central mismo. Lo hizo en alusión al potencial futbolístico que el equipo canalla tenía pero que nunca había podido hacer prevalecer sobre el resto.

Miércoles 15 de Agosto de 2012

Alguna vez Héctor Rivoira dijo que el rival de Central era Central mismo. Lo hizo (apenas asumió el cargo) en alusión al potencial futbolístico que el equipo canalla tenía pero que nunca había podido hacer prevalecer sobre el resto. Antes y después de eso, Reinaldo Merlo, Omar Palma y Juan Antonio Pizzi hicieron mención a esta idea y a lo que significaba jugar y soportar la presión en el Gigante de Arroyito. No es la intención focalizar el análisis exclusivamente en ese punto, ya charlado en infinidad de oportunidades, pero sí hacer referencia al desafío que tendrá que afrontar este nuevo equipo cuando se muestre ante su gente. Quedó demostrado ya ante Samiento. Nada que los triunfos no puedan paliar. De visitante las obligaciones también estarán. De más está decir, pero no es el punto.

La historia del sábado tuvo unos cuantos condimentos. Uno en especial: el fastidio que la gente mostró con el equipo al término del partido. Nada nuevo teniendo en cuenta los años tumultuosos que el canalla viene viviendo.

Como ocurrió en cada inicio de los dos campeonatos anteriores, los futbolistas recién llegados al club eran muchos, y en todos los casos se intentó encontrarle el lado positivo precisamente en ese aspecto. En que a ninguno iba a pesarle el pasado. Esta vez sucede algo similar. Seis de los 11 que estuvieron desde el arranque eran nuevos. Para los hinchas eso no fue excusa.

Todo esto tiene una explicación clara. Para entender ese sentimiento de intolerancia alcanza lo sucedido en el final de la temporada pasada, donde el equipo pasó de tener el ascenso prácticamente asegurado a desperdiciarlo en las dos últimas fechas, contra dos de los peores conjuntos de la categoría. Se trata de la misma presión. Ni más, ni menos.

"Llegamos nuevos al club y sabíamos a qué veníamos. Es un desafío grande y la presión hay que usarla para bien. Por ahí a alguno lo apichona porque lo putean, pero eso puede ser bueno para transformarlo". Héctor Bracamonte fue uno de los encargados de ponerle palabras a la decepción que significó no sólo el resultado, sino la respuesta de parte de los hinchas.

¿Hay solución? Sí. Ganar. De haberlo hecho, los hinchas se hubieran ido a sus casas tal vez disgustados porque la puesta en escena no los hubiera conformado, pero sí con el resultado. Y esta es una historia tan vieja como el fútbol mismo y que no se remite sólo a Central.

"Los silbidos del final se entienden, pero este es un grupo con muchos jugadores nuevos. De los once que empezamos jugando, había pocos que participaron de la temporada anterior", analizó Mauricio Caranta, otro de los experimentados, con varias batallas sobre el lomo, que se refirió al tema de lo vivido en la primera fecha y lo puede venir de aquí en más.

Se insiste, por ahí llama la atención la exigencia en el inicio del torneo, a sabiendas de que la desilusión viene de arrastre. Es un punto a prestarle atención, aunque no más importante que al estrictamente futbolístico, porque será a partir de eso desde donde nacerán y encontrarán consistencia las ilusiones.

¿Te gustó la nota?

Dejanos tu comentario