Ovación

Central remontó el partido con uno menos y se trepó a la cima de la tabla de posiciones

Delirante. Emotivo. Con el cuchillo entre los dientes, el corazón en llamas y tres gritos gigantes a flor de piel. Así fue el partido en el que Central venció 3 a 2 a Defensa y Justicia en Arroyito, que le permitió trepar a la punta de la tabla de la B Nacional y mirar a los demás desde arriba junto con Instituto.

Domingo 12 de Febrero de 2012

Delirante. Emotivo. Con el cuchillo entre los dientes, el corazón en llamas y tres gritos gigantes a flor de piel. Así fue el partido en el que Central venció 3 a 2 a Defensa y Justicia en Arroyito, que le permitió trepar a la punta de la tabla de la B Nacional y mirar a los demás desde arriba junto con Instituto. Con uno menos por la expulsión del pibe Delgado, el equipo de Juan Antonio Pizzi supo poner sobre la mesa atributos extrafutbolísticos que alcanzaron para disimular una actuación con pocas luces, que se desarrolló peligrosamente en zona de ebullición, pero que desembocó en una victoria vital por el temple que exhibieron los canallas para apoderarse del premio mayor.

Central arrancó bien, pero después remó de atrás. Empezó mejor parado y generó riesgo en el área visitante con un remate de Zarif, otro de Carrizo y un cabezazo de Lequi, que fue anulado por posición adelantada. Pero de a poco, el dueño de casa se dejó atrapar por el confuso trámite que instalaron sus propios apuros, los errores del árbitro y la fricción del rival. Y en la política del juego cortado, el aturdimiento y la exasperación, era el Halcón de Varela el que sacaba mejores dividendos.

Por eso no extrañó que, a los 25', tras un mal despeje de Zarif, Bustamante la devolvió al área y Píriz Alvez dibujó una media vuelta potente que abrió el marcador y dejó boquiabierto al Gigante.

Tras esa conquista apareció en escena el descontrol y la insensatez. Los proyectiles que arrojaron los hinchas locales sobre los jugadores rivales provocaron un parate de seis minutos (ver página 10) que sólo sirvió para multiplicar los nervios de Central. Desde allí todo fue más sucio y desprolijo.

Parecía que el descanso podía ser una estación de replanteo para Pizzi y sus muchachos, pero en el arranque del complemento Delgado buscó la roja con una infracción descalificadora a Aguilar y esa desventaja numérica era otro obstáculo más en el camino auriazul.

En medio de tanto vértigo emocional, Medina, uno de los que lideró la remontada canalla, estampó la igualdad transitoria, a los 19', con un latigazo que no pudo contener Perafán y que le dio algo de rienda a la ilusión local.

Ya con Monje en la cancha y la primera parda en su poder, Central no pudo controlar el partido. Seguía cometiendo errores, uno de los cuales capitalizó Benítez, a los 29', quien anotó el segundo de Defensa tras una pared que tuvo llamativas licencias de ejecución.

Pero este Central no baja nunca los brazos. Ni aun vencido. Sobre todo en la fortaleza del Gigante. Por eso Lequi levantó la bandera de una reacción emocionante con un cabezazo firme, a los 37', que decretó el empate en dos.

Pero había lugar para más. A los 40', Biglieri (que entró demasiado tarde) se abrió camino por el centro, reventó el travesaño y Castillejos, muy atento, aprovechó el rebote para infartar de felicidad al estadio. Fue el tercero de Central y de un triunfo gestado desde lo visceral que demostró que este equipo, uno de los punteros del torneo, tiene una enorme reserva sanguínea para encarar la última mitad del torneo.

Una reacción que tiene un antecedente

La única vez en la que Central ganó un partido que iba perdiendo por un gol y estaba con un jugador menos fue hace más de 30 años. El 5 de abril de 1981, los canallas, dirigidos por Angel Zof, visitaron a Argentinos. Olarán abrió el marcador a los 24’ y empató para Central a los 27’ Ghielmetti. A los 59’ fue expulsado Adelqui Cornaglia y a los 68’ Rubén Alfredo Pérez (ex canalla) le daba el triunfo parcial a los locales por 2 a 1. Pero en los últimos 15 minutos, a pesar de estar con 10 jugadores, los auriazules ganaron 3 a 2 con goles de Omar Palma a los 75’ y Walter Maladot a los 78’. Lo curioso es que el árbitro de ese encuentro fue Jorge Vigliano, padre de Mauro que dirigió ayer en el Gigante.

Positivo

El resultado. Central forjó un triunfo que lo catapultó a la punta del torneo y las otras discusiones quedan más atrás.
La carga emotiva. Los canallas siguen sumando definiciones emotivas que terminan a su favor. Eso favorece la confianza colectiva.
Castillejos. El hombre gol de este equipo volvió a decir presente en el momento más oportuno.

Negativo

No lo manejó. Central entró en un partido que no le convenía y no supo salir desde el funcionamiento. Faltaron ideas para no caer en las redes del rival.
La defensa. Ya no es un punto indestructible del equipo. Píriz Alvez y compañía complicaron mucho.
Los cambios. Zarif, Talamonti, Delgado y Ricky Gómez, las variantes para el choque de ayer, no fueron un aporte superador para el equipo.

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