Central, que la paz esté contigo
Tras días de mucha convulsión, Central se despachó con una goleada ante Arsenal que sirvió para calmar un poco los ánimos.

Jueves 26 de Agosto de 2021

Una vez más Central se las ingenió para salir del pozo. Lejos de tratarse de una situación terminal desde lo futbolístico, el canalla atravesaba momentos complejos, de alta tensión y no es que a partir de ayer es todo color de rosas, pero nada mejor que en situaciones donde todo es confuso meter un golpe de timón como el que metió. Porque fue triunfo, pero no uno más; fue una goleada, pero no una más. Fueron tres puntos de una rehabilitación que se buscaba como un vaso de agua en el desierto. Se puede hacer mención, y con justa razón, a que la victoria de ayer lo sacó de esa desesperanzadora imagen de verse último en la tabla, pero la verdadera implicancia de este triunfo hay que buscarla en la descompresión que se generó a nivel deportivo y también institucional. Porque las desavenencias entre plantel y comisión directiva (esencialmente con Ricardo Carloni) existen y las mismas van a seguir latiendo hasta que las partes decidan pisarlas de manera definitiva, pero la bocanada de oxígeno que se logró es inconmensurable. Una victoria, con goleada incluida, para calmar ánimos.

  Central es de esos clubes que viven permanentemente con el impulso autodestructivo a flor de piel, que pulula de problema en problema y cuando no los tiene se los inventa. Es su idiosincrasia. El tema es que cuando cae en situaciones de este tipo no le queda otra que buscar una rápida salida. Lo que hizo el canalla ayer contra Arsenal fue eso: hallar un manto de cordura y calma en medio de tanta locura.

  La saga de entredichos, acusaciones, tiros por elevación y algunos mucho más directos fueron una constante en estos 10 días de puro agite que vivió Central, que primero recibió el durísimo golpe de la eliminación de la Copa Sudamericana, pero que cuando todavía estaba en San Pablo ya había encendido otra mecha: la de la disconformidad por la designación del árbitro Andrés Merlos para el clásico.

  Ayer en el Gigante, a la pasada, alguien preguntó “¿sabés de qué se tendría que haber hablado esta semana?, de que Newell’s sigue sin ganarnos un clásico. Pero acá en Central parece que hay algunas cosas que no se aprenden”. Algo de razón quizá tenga esa persona que vivió, como tantos otros hinchas, una previa del partido con algo de angustia y una alta cuota de bronca por el polvorín que era Central a esa altura del día.

#TorneoSocios | Fecha 8 | resumen de Rosario Central - Arsenal

  Un rato antes Vecchio había hablado públicamente, intentando bajarle el perfil a la disputa personal (que se hizo extensiva al resto del plantel) con el vice Carloni. Pero la mecha ya estaba encendida y los intentos de apagarla podían parecer simples remiendos. Y cuando se habla de un ambiente que se calmó por la victoria se hace referencia a que incluso esos 90 minutos contra Arsenal podían desembocar en el agravamiento de la situación. Incluso en lo estrictamente futbolístico. Porque en medio de la locura, el equipo que de los últimos siete partidos había perdido seis y empatado el restante (ante Newell’s) también debía demostrar que ese proceso de resultados flacos era producto de una mala racha y no de una degradación deportiva. Si Central no le ganaba a este pobre y endeble Arsenal, el Kily irremediablemente iba a tener que rendir examen partido a partido. Ahora el viaje a Santiago del Estero será con otro semblante y sin tantas presiones.

  Las declaraciones de Vecchio en Brasil; el discurso cambiante del presidente Di Pollina (primero dijo que no estaba al tanto del consenso del árbitro para el clásico y al día siguiente declaró lo contrario); el redoble de la apuesta por parte de Ruben dos días antes del derby; las amenazas a Carloni, quien entendió que fueron los propios jugadores los que lo culparon de “entregar el clásico”; el audio después del partido del vice apuntándole directamente a Vecchio que se filtró. Algunos de los tantos ingredientes que hicieron de la vida de este Central un campo minado en el que todos parecían caminar con los ojos vendados y que pusieron al partido contra Arsenal como para aumentar la potencia de la hornalla o que la olla comenzara a perder presión.

  La goleada sirvió para lo segundo. Es imposible pensar que desde ayer a las 16 Central es un mundo de fantasías, que todos se podrán ahora mirar a la cara y sonreírse como si fuesen amigos de toda la vida. Pero sí se puede pensar en que todas esas heridas que estaban abiertas, sangrando y doliendo, recibieron algún tipo de cicratizante, que seguramente no será mágico cerrarlas definitivamente, pero que sí habrán mermado el dolor.