Lunes 09 de Diciembre de 2019
Es tan difícil manejar las sensaciones en el fútbol que lo que un día pinta negro al otro día amanece claro. En el medio siempre hay un montón de cosas, por supuesto. Pero el torneo de Central da para graficar de lo que se habla. Porque cuando lucha por la permanencia, que sin dudas se mantiene, la trepada en la tabla hace que finalice el año encaramado en la punta, a escasos puntos de los líderes.
Es una frase trillada, pero los protagonistas no ahorran saliva cuando mencionan que cuantos más sumen las repercusiones aparecerán por decantación.
Es así, una cosa lleva a la otra. Porque hoy Central no debiera dejar de relojear la tabla baja y puede al mismo tiempo darse el lujo de pensar que después de un buen descanso y una buena preparación en el receso contará con las chances de ir por algo más que salvar la categoría.
Todo por una seguidilla de resultados importantísimos, que se iniciaron con Godoy Cruz y que finalizaron anoche frente a Boca. Es más, aquellos siete empates consecutivos que muchas veces mortificaron hoy dan también un envión. Lo que vivió el canalla en este tramo final del año fue un efecto dominó. Un triunfo tras otro le fue otorgando el aire suficiente como para distanciarse de los puestos de abajo de en los promedios. Y la consecuencia lógica en esa trepada fue encontrarse, aun sin tenerlo como principal objetivo, metido allá arriba, en zona de Copa Sudamericana y a un peldaño de la Libertadores.