Ovación

Central no le encontró la vuelta al planteo de Quilmes y empató sin goles

Poco para rescatar. Esto teniendo en cuenta lo estrictamente numérico. Porque se trató de otros 90 minutos en los que Central evidenció viejos males. Que no pudieron ser corregidos pese al volantazo que metió Pizzi durante la semana.

Martes 11 de Octubre de 2011

Poco para rescatar. Esto teniendo en cuenta lo estrictamente numérico. Porque se trató de otros 90 minutos en los que Central evidenció viejos males. Que no pudieron ser corregidos pese al volantazo que metió Pizzi durante la semana. Quilmes vino a buscar lo que se llevó. Apostó de principio a fin por un error del canalla y con eso se conformó. Del lado de Arroyito, el tibio aplauso con el que el equipo dejó la cancha no alcanzó para hacer olvidar el mal trago del empate. De eso se trató lo de anoche, de un punto que aportó poco en relación a las expectativas.

La apuesta fue claramente visible a los pocos minutos de iniciado el partido. Central trató de hacer de la tenencia del balón un culto. Lo logró durante gran pasaje de la primera etapa, pero careció de esa aceleración de tres cuartos en adelante. Por eso fue muy flaca la generación de situaciones de gol.

De hecho, la primera que tuvo fue a los 19’ en la cabeza de Valentini (la martilló, pero el balón picó y se fue por encima del travesaño) tras un córner de Ricky Gómez. A partir de ahí le costó mucho llegar al arco de Trípodi con claridad. Aquel pase entrelíneas de Rivero para Rivarola, quien no alcanzó a conectar, fue la única pelota en movimiento.

Al menos en esa primera mitad el fondo controló bien a los delanteros de Quilmes. Es más, la única que el cervecero tuvo más o menos clara fue un remate (muy desviado) de Garnier después de un mal despeje de Mozzo de cabeza.

Pizzi intentó que el equipo fuese más ofensivo y vertical de lo que lo estaba siendo. Por eso dispuso el ingreso de Biglieri por Alderete. Pero los cambios sustanciales nunca llegaron. La movida fue más de lo mismo. Mucha movilidad y circulación, pero en el lugar donde se debe lastimar no hubo función.

¿Cómo explicar esto? En la nula participación de Castillejos en el juego. Y si al nueve no le llega ninguna, eso quiere decir que algo falló.

Es cierto que Cental fue el equipo que hizo más méritos. Pero ese mote de merecedor se lo colgó recién en los últimos minutos, cuando los movimientos, producto de la inercia, podían más que los que el juego imponía.

Para fortuna de Central, García se repuso rápidamente de la tremenda equivocación (le erró la patada a la pelota y se la dejó servida a Telechea) por los 24’ del complemento.

Ese cerrojo que impuso el cervecero obligó a Centra a buscar de afuera. De allí el remate de Rivero que contuvo Trípodi (85’) y el centro de Ricky Gómez, que terminó con el arquero de Quilmes encontrándola sobre la línea mientras Castillejos y Biglieri se desesperaban por empujarla.

A esa altura, Central era un manojo de nervios. Luchando contra su impotencia y exponiéndose al jueguito que Quilmes le proponía a la hora de hacer tiempo.

Y así se fue el partido. Con un Central nadando en ese mar de problemas sin solución y del que nunca pudo despegarse. La otra cara que expuso desde el juego no alcanzó esta vez para lograr el objetivo de los tres puntos, algo que por estos días ya comienza a ser un bien preciado.

La mala pata de la Oveja Talamonti

Leonardo Talamonti no las tiene todas consigo. Volvió después de siete partidos y debió salir a los 70’ por una molestia en el aductor derecho. Fue una jugada en la que le cometió un claro penal a Telechea (61’). Después de eso, primero pidió el cambio y después trató de aguantar, pero lo hizo sólo nueve minutos más.

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