Martes 15 de Febrero de 2022
A Central estos tres puntos sobre Vélez sin dudas le significarán mucho más que eso. Porque a la victoria es necesario sumarle el impacto emocional que significó comenzar con el pie derecho delante de sus hinchas y, lo dicho, frente a un rival de la talla del equipo de Liniers. Por eso lo del Gigante tuvo ribetes de triunfazo, por supuesto teniendo en cuenta aquel debut con muchas dudas que entregó en Sarandí. Una jornada redonda para un Central al que indudablemente le faltó algo de juego y fluidez en sus movimientos, pero que jamás resignó el protagonismo.
Si había algo que Central tenía claro era que la liviandad no iba a ser una buena aliada, por eso la enjundia y el ritmo que en todo momento trató de meterle al juego. Actitudinalmente fue un aprobado, pero al juego siempre le faltó cinco para el peso. No obstante, siempre fue más peligroso que Vélez en ese primer tiempo en que las pocas chances fueron todas en el área de Hoyos.
Siempre tuvo la intención de ser prolijo en la salida, pero con Ojeda solo no alanzaba, porque ni Almada y mucho menos Báez se animaban a romper líneas. Y cuando Emiliano retrocedía demasiado, el campo rival le quedaba allá lejos. Montoya rompió la monotonía con un remate de media distancia, pero no más que eso.
Contenido el juego de Vélez, Central siempre mostró mejores intenciones. Vecchio comenzó a flotar más en tres cuartos y desde ahí buscó el desequilibrio, aunque no siempre con buenos resultados. En una de esas jugadas pinchó un pase para Ruben, pero llegó Hoyos primero. Después lo tuvo Infantino, tras una arremetida de Gamba, pero Mulet se interpuso justo. La única que tuvo Vélez fue tras un grosero error de Vecchio en la salida (se la robaron fácilmente) y Janson intentó fusilar a Servio, pero encontró al uno canalla bien parado.
Y teniendo en cuenta lo sucedido en ese primer tiempo, ¿para qué cambiar en el segundo? De esa forma lo entendió el Kily y también sus jugadores, que salieron con la misma idea, a plantear un partido pensando en la superioridad frente al rival, pero de dientes apretados cuando la ocasión lo ameritaba.
Claro, ese zapatazo goleador de Báez en el amanecer del complemento fue el aperitivo ideal para que el equipo ganara en tranquilidad. Fue lo que sucedió, mas allá de algunas atropelladas esporádicas de Vélez.
A Central le faltó esa contundencia en el juego de Vecchio, para que todos sus intentos contaran con algo mas de lucimiento, pero al diez le costó meterse de lleno en el partido y por eso la estructura tuvo que salir al rescate. Quizá esas corridas de Montoya hacia atrás, a colaborar en el retroceso, fueron las imágenes más elocuentes de ese compromiso que mostró Central, porque no solo levantaron al hincha, sino que fueron fructíferas para el equipo.
La solvencia en el fondo fue otro de los pilares, porque Báez empezó a soltarse y Almada toda la noche hizo la más fácil. Eso también fue parte del compromiso.
Infantino lo tuvo con un par de remates cruzados, Dupuy casi en el cierre con una media vuelta, lo que hubiese estado mas acorde al trámite, pero la mínima diferencia igual le sirvió a Central, que apenas tuvo que preocuparse por un par de remates aislados de Garayalde y Pratto.
Ese Central tuvo poco y nada que ver con aquél de las dudas en Sarandí, lo que puso en evidencia el salto cualitativo que metió. Porque desde los números hoy ya es otra cosa, pero emocionalmente fue clave sopapear a un equipo como Vélez. Por eso, que Vecchio no haya funcionado en plenitud o que Ruben no haya podido convertir fue lo de menos. Es que en el medio, la estructura dijo presente. Un paso hacia adelante por donde se lo mire.