Lunes 20 de Febrero de 2023
Central sufrió su primer gran golpe en el torneo y no pareció uno más, sino que por cómo fue el desarrollo del partido y el resultado final se trató de un golpazo. Es cierto, fue ante el Lanús líder y único equipo que hasta aquí ganó todos los puntos en juego, pero para este Central de Miguel Ángel Russo no hubo excusas al final de la historia, lo que quedó es mucha preocupación y una catarata de cosas para analizar, entre ellas el rendimiento colectivo, pero fundamentalmente el nivel individual de varios futbolistas, que sin dudas no estuvieron a la altura. Iba a llegar el momento en que Central perdiera su primer partido en el campeonato, pero la forma en la que se dio fue el verdadero agravante.
Después de las primeras tres fechas, en las que el canalla había logrado una sumatoria más que interesante, absolutamente nadie se atrevió a decir que el equipo jugaba de maravillas. Es más, esos siete puntos que hoy todavía son una cosecha interesante se lograron bajo rendimientos no del todo convincentes. Ahora, con el primer traspié sobre el lomo Central no pasó a ser el peor equipo. Ni una cosa ni la otra. Sí se encendieron algunas luces de alarmas que deberán ser atendidas por parte del cuerpo técnico y, de más está decir, también por parte de los jugadores.
Se repite, el rival era ni más ni menos que el puntero, pero nadie podía robarle al canalla, al menos en la previa, esa sensación de que podía aspirar a meter un batacazo y ser justamente el equipo que se subiera a lo más alto del torneo (de haber ganado hubiese terminado como uno de los punteros), pero el problema fue que no dio la talla. Y para que ello sucediera se dieron unas cuantas cosas, malas por cierto. ¿Cuáles fueron? Algunas razones de la mala cosecha de Central en el sur bonaerense.
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La primera derrota en el campeonato
Es imposible realizar cualquier tipo de análisis obviando la derrota en sí. Puso haber sido algo más tenue y sin tanta exposición, pero un retorno a Rosario con las manos vacías, independientemente de las formas, hubiera provocado una sensación similar a la que hay hoy en Arroyito. Es que el envión que traía Central por los resultados anteriores abría al menos una pequeña ventana de optimismo, pero no. Lo que sucedió fue lo que, cualquiera sea el momento, provoca angustia, bronca y otras tantas cosas. Esto impactó en Lanús y será un caldo de cultivo para lo que venga. Desafío para el entrenador y también los jugadores. Todos ellos se verán en la obligación de revertir este feo momento que el equipo vivió en cancha del granate. Pudo haber sido en la primera fecha, en la segunda o en la tercera, y en cualquier estación del torneo que hubiese sucedido era lo mismo. Ese momento llegó.
Mal el todo, también las partes y encima los errores
Hay jugadores tocados por la varita mágica, capaces de ponerse el equipo al hombro y resolver un partido cuando la mano viene cambiada y Central parece no tenerlos. Por eso, frente situaciones de este estilo es el equipo el que debe dar la cara y mostrar rebeldía. Para colmo de males, hubo errores propios que oficiaron de condena, algunos de ellos demasiado evidentes, como el del Servio en el segundo gol. Fueron 90 minutos de una apatía tal que generó un estado de alerta. Porque más allá de un primer tiempo relativamente parejo en cuanto a situaciones, pero con un Lanús que siempre impuso condiciones, el partido de Central fue malo. El equipo nunca encontró funcionamiento y en el medio se vieron rendimientos individuales que dejaron mucho que desear. Algo así como el juego del huevo y la gallina eso de que para que cuando el equipo funciona los rendimientos individuales se potencian y viceversa, pero en esta ocasión no hubo nada de eso. La chatura futbolística de principio a fin hizo que individualmente nadie sobresaliera y que el colectivo, por ende, quedara en deuda. Algunas cositas, muy pocas, de Facundo Mallo, y un par de destellos de Jaminton Campaz, pero no mucho más que ello. Así, nadie escapa a las generales de la ley, con una defensa que flaqueó cuantas veces la exigieron, un mediocampo que jamás traccionó y una ofensiva indefectiblemente inofensiva.
Esta vez no pudo llegar al gol
Es la primera vez en el torneo que Central no convierte y ese también fue uno de los puntos débiles del equipo, sin dudas. Es que cuando eso sucede a lo máximo que se puede aspirar es a un empate. Claro, todo tiene que ver con todo y eso termina siendo una secuela de lo anteriormente mencionado, que se relaciona con el bajo rendimiento futbolístico y frente a la incapacidad de generar situaciones de riesgo. De hecho, lo único más o menos preocupante que generó el canalla fue ese cabezazo de Alejo Veliz en el comienzo del partido, que tampoco resultó una jugada como para agarrarse la cabeza y mucho menos lamentarse. En las circunstancias que sea, a Argentinos Juniors le convirtió, al igual que a Tigre y a Arsenal, pero esta vez no hubo ocasión de gritar y todo quedó reducido a la mínima expresión.
Ante el golpe, no encontró reacción
En ocasiones anteriores se valoró, tanto desde adentro como desde afuera, el hecho de que Central haya tenido la capacidad de reponerse frente a la adversidad, una vez que el equipo estuviera abajo en el marcador. Lo más claro fue en aquel partido contra Tigre, en el que logró emparejar el resultado en dos oportunidades (la segunda a nada del final). Ante Arsenal sucedió algo similar, amén de algunas incidencias no menos importantes, como fueron las expulsiones en el equipo del Viaducto. Pero lo cierto es que también arrancó perdiendo y logró torcer la historia (el empate lo alcanzó cuando tenía un jugador más y el gol del triunfo ya con una superioridad numérica de dos futbolistas). Que el golpe que le propinó Lanús ya con el primer gol haya sido prácticamente letal tuvo que ver justamente con lo poco que Central estaba capacitado para ofrecer. Porque ya en ese momento la primera sensación que recorrió la cabeza de todos fue que si no era un golpe de nocaut pegaba en el palo. Y lo fue. Ni hablar de que la segunda estocada llegó apenas cinco minutos después, por lo que el canalla no tuvo casi tiempo de asimilar el golpe. Allí el trámite y sobre todo el resultado se hizo decididamente cuesta arriba y no hubo ni tiempo ni capacidad para lograr la reacción que había mostrado en partidos anteriores.
Russo no movió el banco para buscar el cambio
Un funcionamiento de discreto para abajo, un resultado adverso, ¿qué podía pensarse en un contexto de esas características? Que el banco de suplentes se activara y buscar las variantes necesarias como para refundar el equipo en medio del partido. Llamativamente no hubo golpe de timón en ese aspecto, por supuesto de parte del entrenador. No aparecieron nombres nuevos y de esa forma lo que se buscó fue que fueran quienes estaban adentro los que reaccionaran para cambiar las cosas. Hasta ese momento sólo se había dado el ingreso de Campaz por Candia (lesionado) y tras el primer gol por ahí se imponía el ingreso de otro delantero en lugar de algún volante de contención y que Campaz buscara la generación desde un poquito más atrás. Es cierto, entre el gol de Troyansky y el error de Servio que terminó con gol de De La Vega pasaron un puñado de minutos, pero en ese ínterin el cuerpo técnico optó por no tocar nada. El gol de Pepo De La Vega ya resultó demasiado para un Central sin ideas, que terminó jugando casi con el mismo equipo (el único que ingresó fue Toledo por Mac Allister, pero ya en el final). El banco no se movió para buscar soluciones dentro de la cancha y por eso no fue solución.